FIESTA DE SAN BARTOLOME, APOSTOL Parroquia de San Antonio 24 de agosto de 2017

Hoy en toda la Iglesia se celebra la fiesta del Apóstol san Bartolomé y aquí, en San Antonio, desde hace muchos años le damos una importancia especial. 

Este discípulo de Cristo también llamado Natanael nació en Caná. Era amigo del también apóstol Felipe, y gracias a esa amistad conoció al Señor, un día de primavera, en la región del Jordán.  

En el Evangelio se narra este encuentro de Natanael con Cristo. Bartolomé había bajado desde Galilea a Jericó, quizá para escuchar la doctrina del Bautista, como otros judíos piadosos. También estaban allí Juan, Pedro, Andrés y Felipe, que en las riberas del río habían sentido la voz imperiosa de Cristo invitándoles a dejar todo y a seguirle. Volvía ya hacia Galilea cuando, en algún punto del trayecto, quizás en las afueras mismas de Jericó, Felipe encontró a su amigo Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley y los Profetas, a Jesús, hijo de José de Nazaret. Díjoles Natanael: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Díjole Felipe: Ven y verás. Vio Jesús a Natanael, que venía hacia Él, y dejo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Díjole Natanael: ¿De dónde me conoces? Contestó Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera te vi. Natanael le contestó: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Contestó Jesús y le dijo: ¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores has de ver. Y añadió: En verdad, en verdad os digo que veréis abrirse el cielo  y  a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre (Jn 1, 4551). Felipe, emocionado, no puede menos de transmitir a su amigo Natanael el gozo de su descubrimiento. Bartolomé,  acepta la invitación de Felipe y va al encuentro de Jesús para conocerle de cerca. A partir del aquel momento su vida cambia. Ha encontrado al Mesías y será llamado al apostolado. Según la tradición, después de la ascensión del Señor predicó el Evangelio, según unos, en Arabia y Armenia, y según otros, en la India, donde recibió la corona del martirio.  

Igual debemos hacer cada uno de nosotros al tratar a nuestros amigos. Procuraremos contagiarles de nuestros ideales cristianos, hablándoles de cuántas cosas tenemos en el corazón: de amores humanos y Eucaristía; de familia y confesión; de futuro y vida eterna; de tierra y de cielo; de estudio y oración… Hay que hablarles de Dios, abriéndoles horizontes de cielo para que salten de su vida terrena, chata, apática y aburrida; para que apaguen desencantos y pasotismos, y entren por caminos de santidad con todo el heroísmo que esto entraña. 

La amistad es la base humana para hacer apostolado. Y de esta forma, todo lo que contribuye a conservar y hacer más fuerte la amistad es también una exigencia apostólica. Puede suceder que al transmitir nuestra fe a nuestros amigos y conocidos, éstos presenten dificultades. ¿Qué hacer? Lo que hizo Felipe: no confiar en sus propias explicaciones, sino invitarles a acercarse personalmente  hasta Jesús: Ven y verás. Ponerlos delante del Señor a través de los medios de la gracia que el mismo Cristo ha dado y la Iglesia administra: frecuencia de Sacramentos y práctica de la piedad cristiana. 

La sencillez es una cualidad que debe brillar en la vida de los cristianos. Sencillez es naturalidad, franqueza, consecuencia necesaria de la bondad de corazón, porque así como la propiedad de la estrella es la luz de que está rodeada, la propiedad del hombre piadoso y temeroso de Dios es la sencillez y la humildad (Hesiquio). El alma sencilla no se enreda ni se complica inútilmente por dentro: hace lo de todos, pero procura hacerlo bien, cara a Dios. 

Todos, menos los orgullosos y los engreídos, los que están llenos de sí mismos y se encaraman para sobresalir por encima de los demás, entienden a Jesús. Especialmente le entienden, por su sencillez, los niños, y quienes con su humildad se hacen como ellos. Te doy gracias, Padre dirá el señor en cierta ocasión, (…) porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las ha revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor (Mt 11, 2526). 

Cristo alaba la sencillez de vida de Bartolomé, su sinceridad, pues no hay engaño en él. La sinceridad es virtud íntimamente unida a la sencillez, que hace que nos manifestemos en las palabras tal como somos, con claridad y verdad. Es virtud indispensable para seguir a Cristo, que es la Verdad misma y aborrece el engaño. Natanael, sincero y sencillo, fue premiado con la gloria eterna, después de toda una vida de servicio 

Sólo siendo sencillos y sinceros, como Natanael tendremos la humildad de aceptar las condiciones de nuestra vida. Incluso nuestras miserias y errores personales, sin desaliento, sin perder la paz, con alegría de hijos de Dios. 

Siendo buenos, la Virgen nuestra Madre cuidará de nosotros, nos protegerá en sus brazos maternales y, cuando el Señor nos llame a su presencia, intercederá amorosamente. 

Que la fiesta de San Bartolomé, pues, nos ayude a imitarle, a aprender las cosas buenas de su vida e historia, y nuestra cercanía con él nos será, sin ninguna duda, su ayuda y protección.  

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