DOMINGO DE RAMOS • CICLO A • 9 de abril de 2017

  • Con la solemne celebración de la memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén hemos empezado la Semana Santa, esta grande y extraordinaria Semana en la cual la Iglesia, por medio de las obras de todos los que somos miembros de la misma contemplaremos a Jesús que se ofrece a favor nuestro, acogeremos la institución de la Eucaristía y del ministerio sacerdotal en el Jueves Santo, adoraremos a Cristo en la Cruz en Viernes Santo, preparándonos para, por medio de la oración y de la esperanza, a la Resurrección del Señor, vencedor de la muerte, la muerte suya y la muerte nuestra.
  • Nuestra celebración de hoy se divide en dos momentos íntimamente unidos entre sí: la memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén entre dos multitudes jubilosas, mientras los poderosos, en el secreto de sus palacios, intrigaban para eliminarlo, Y, el segundo momento la celebración de la Santa Misa en la cual hemos escuchado el relato de la Pasión del Señor tal como Él la vivió y desde entonces la proclama la Iglesia hoy a través del Evangelio de San Mateo.
  • Esta celebración de hoy, con esos dos tiempos: procesión de las palmas y celebración de la Misa deseo que os involucren en tres actitudes: a) ir al encuentro del Señor; b) acoger a Jesús, con fe, reconociéndolo y aceptándolo con verdadero Dios y verdadero hombre; c) seguir a Jesús sinceramente, cumpliendo, como hizo Él, la voluntad del Padre para la vida de cada uno.
  • Ir al encuentro del Señor
  • El Domingo de Ramos es el domingo del encuentro espontáneo y festivo de una muchedumbre que fue a recibir a Jesús, que venía de Betania y entra triunfalmente en la ciudad santa de Jerusalén para afrontar libremente la pasión y la muerte en la cruz y así llevar a término el misterio de salvación de toda la humanidad, a favor de la cual se había hecho hombre sin cesar por ello de ser Dios, y asumiendo en sí toda la debilidad y miseria humana, excepto en pecado.
  • El pueblo bueno y sencillo, que tantas veces le había escuchado el mensaje evangélico de Jesús y que había visto sus signos prodigiosos percibe la grandeza y dignidad de Jesús, Rey y Mesías, que entra en Jerusalén y así va a su encuentro, acompañándolo y cantándole aclamándole como Hijo de David.
  • Con esa historia se nos quede una buena enseñanza: todos somos invitados a ir al encuentro de Jesús, no solamente de forma exterior, ni con una acogida de un momento, sino que nos quede claro que hemos de ir al encuentro de Jesús siempre, con una actitud sincera u coherente, que nazca en lo profundo de nuestro corazón y que cambie y mejore nuestra vida cada día por la aceptación de las enseñanzas de Jesús.
  • Acoger a Jesús como Hijo de Dios
  • Hemos ido al encuentro de Jesús para acogerlo en lo profundo de nuestro espíritu y en el corazón como un “verdadero hombre”, descendiente de la estirpe de David, como todos los textos mesiánicos habían anunciado e lustrado. Pero todo esto sin eliminar la idea de que Jesús es también verdadero Dios, una Persona divina, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, con dos naturalezas completas: una humana, similar a la nuestra, y otra Divina, la misma y única del Padre y del Espíritu Santo.
  • Por eso, no es bastante solamente ir con alegría y entusiasmo, ni basta admirarse y disfrutar de las bellas expresiones suyas, sino que hay que acogerlo como único Salvador de ayer, de hoy y de siempre. Acogerlo como punto de referencia para nuestra vida y como Maestro y Señor de la humanidad.
  • Que el Domingo de Ramos nos enseñe y nos impulse a seguir siempre de forma más coherente y activa a Jesús, no quedándonos e aspectos externos o superficiales.
  • Seguir coherentemente a Jesús, abriéndole nuestro corazón.
  • El Domingo de Ramos nos invita muy concretamente a seguir a Jesús, que se presenta, en su triunfo, como humilde y disponible para que cada discípulo l siga con coherencia en la vida cotidiana y viva continuamente fiel al mensaje evangélico.
  • Acoger a Jesús es fundamental y es preciso comprender que sólo Él podrá liberarnos de cualquier miedo y problema: aceptar a Jesús, pues, hace crecer en nosotros la confianza y la paz verdadera porque solamente Él nos comprende plenamente y puede realmente ayudarnos a superar cada dificultad y problema que hemos encontrar en nuestra vida.
  • Estas breves reflexiones sobre el Domingo de Ramos expresan bien una idea que San Juan Pablo II nos decía el día que comenzó su pontificado el 22 de octubre de 1978: “¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad! ¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!
  • Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo El lo conoce!”
  • Con frecuencia el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda que se transforma en desesperación. Permitid, pues, —os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza— permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo El tiene pala­bras de vida, sí, de vida eterna!”

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