1.- L’Evangeli de Joan ens diu que Jesús ressuscitat s’aparegué als apòstols reunits al cenacle i els digué: Pau, a Vosaltres. Tal com m’ha enviat el Pare, així us envio jo a vosaltres. Dit això, va bufar damunt d’ells i els digué: Rebeu l’Esperit Sant. (Jo 20, 21-22). El ritu de la meva ordenació episcopal ens ha fet reviure avui l’esmentat passatge evangèlic, fent així patent la voluntat de Crist que els Bisbes, successors dels Apòstols, siguin pastors de la seva Església fins a la fi del temps.
Jo assumeixo avui, en comunió plena amb el cap del col·legi episcopal, o sigui, el Papa, l’encàrrec d’anunciar la Bona nova a aquesta Església d’Eivissa i Formentera. Per portar endavant aquesta missió, renove la meva fidelitat al Sant Pare Benet XVI i la meva adhesió de tot cor al seu magisteri. Procuraré, amb l’ajuda de la gràcia de Déu, ser profeta audaç, testimoni fidedigne i servidor fidel de Jesucrist i de la seva Església. Desitjo que el meu exemple, la meva actuació, siguin a la semblança del Bon Pastor, configurant-me a ell, amb el propòsit de santificar la meva vida, en l’entrega generosa a l’Església que m’ha set encomanada, i ensems, portant al cor la preocupació per totes l’Esglesies del mon.
Saludo a tots i a cadascú des del fons del meu cor. Voldria que la meva salutació arribi a cada casa d’aquesta diòcesis i cadascuna de les persones que el Senyor ara en confia. Desitjo que arribi a totes les famílies i especialment a les que viuen qualsevol tipus de dificultat. El meu salut vull que sigui manifestació de l’afecte d’un amic pels nens i per la joventut; que sigui expressió de la meva voluntat de compartir la responsabilitat amb els adults; que sigui veneració pels majors; que sigui proximitat pels malalts; que sigui amor preferencial pels desvalguts, i els pobres; vull que el meu salut sigui una oferta de diàleg per tot aquell que es cregui indiferent o inclús per aquell que es reconegui contrari.
Que nadie se sienta excluido de mi saludo, así como del amor y del afecto con el que lo hago. Deseo que todos sepan que amo y amaré esta Iglesia de Ibiza y Formentera, reconociendo en este amor un reflejo, aunque sea débil, del amor inmenso del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Deseo expresar a todos y cada uno mi sincera gratitud por su presencia, viendo en la misma el preludio de una intensa comunión y de una leal y generosa colaboración reciproca con todos aquellos que el Señor pone ahora en mi camino, confiándoles a mi cuidado pastoral.
2.- “Vobis enim sum episcopus; vobiscum sum christianus” (S. Agustín, Sermo 340,1). Soy Obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros. Cristiano como vosotros, soy hijo y miembro de la Iglesia. De esta Santa Madre he recibido el Bautismo y las enseñanzas de la fe.
Le estoy profundamente agradecido al Santo Padre Juan Pablo II, que en su solicitud por todas las iglesias, ha querido confiarme esta porción del Pueblo de Dios para que en ella haga las veces de Cristo cabeza, sin dejar por ello de ser, a la vez hermano, amigo y servidor de todos. He tenido el privilegio de servirle de cerca algunos años de su largo y fecundo pontificado y he aprendido de Él la entrega sin reservas, el magisterio claro, la perseverancia en la misión. En ello quisiera inspirarme en mi servicio pastoral en les Illes Pitiusses.
Después del Santo Padre, mi agradecimiento va también a sus colaboradores, algunos de ellos presentes hoy en esta Catedral, empezando por Mons. Leonardo Sandri, Sustituto de la Secretaria de Estado, que ha tenido la bondad de conferirme la ordenación episcopal. Él me recibió hace casi once años en Roma y él me entrega, ordenado Obispo, a esta Iglesia particular. Particularmente aprecio la presencia de dos Sres. Obispos tan vinculados al Santo Padre Juan Pablo II: Mons. Piero Marini, maestro de celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice, que lo ha acompañado en los momentos más sacros de su ministerio y Mons. Stanislaw Dszwizs que ha estado tan cerca de él, un fiél secretario personal, primero en Cracovia y después casi 27 años en Roma: Don Estanislao: Esta Iglesia de Ibiza, con su pastor al frente desea la pronta elevación a los altares del siervo de Dios el Papa Juan Pablo II. Una mención especial merecen los compañeros y amigos de la Secretaria de Estado, particularmente los componentes de la sección de lengua española.
Mi gratitud también a la Iglesia diocesana de la cual provengo, aquí representada por el Señor Arzobispo Mons. Agustín García-Gasco y algunos sacerdotes y fieles de la misma. ¡Cuántas cosas he recibido de la Iglesia valentina a lo largo de toda mi vida! ahora me serán sin duda de tanta utilidad en mi nueva misión. Asimismo la extiendo a los demás Obispos presentes, y muy particularmente al Señor Cardenal Ricardo María Carles Gordó, Arzobispo emérito de Barcelona, párroco mío en los años de mi niñez y quien después me confirió la ordenación sacerdotal hace ya casi 23 años. En él admiro tantas dotes de sacerdote y obispo y me alegra profundamente su presencia como co-consagrante en esta celebración.
Una mención espacialísima merece mi familia aquí presente para entregarme a esa nueva familia que es la diócesis de Ibiza que hoy me recibe como su Obispo. Mi recuerdo emocionado va para mi padre. He sentido mucho su espiritual presencia en esta celebración. Sé cuanto le hubiera gustado acompañarme físicamente en esta circunstancia con su afecto paterno y su oración de hombre cabal, recio y creyente, pero estoy seguro de que ello no me falta desde que se fue de esta vida a la eterna sin tener el consuelo de mi compañía y mi última bendición ante su féretro. Dios le ha colmado con creces haciéndole que pueda contemplar este día desde la eternidad.
A mi madre, mis hermanos y mis cuñadas, a mis sobrinos, fuente de tanta alegría, todo mi afecto y agradecimiento por el calor y aprecio que siempre me han dado y me seguirán dando. Somos una familia cristiana y me siento muy honrado y contento de ella.
Mi vida ha ido desarrollándose acompañado por tantos amigos. Son todos un don del cielo, al cual estoy muy agradecido. Estoy contento de veros a tantos hoy conmigo.
En mi existencia hasta ahora me han acompañado siempre tantos Religiosos. Empecé mi formación en el Colegio de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, seguí con los hermanos de La Salle, colaboré en mis años de Universidad con las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y entre ellas nació mi vocación sacerdotal, y he trabajado con las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en estos últimos años. A través de estas Congregaciones he conocido y apreciado el valor de la vida religiosa en la Iglesia, aprecio que extiendo a tantos Institutos religiosos, especialmente a los presentes en Ibiza y Formentera, que ya tuve oportunidad de encontrar hace unos meses y que con tanta amabilidad me acogieron.
Mi estima por la vida parroquial nació en la parroquia de San Pedro Apóstol de mi pueblo, hoy representada por Don Ernesto Orts, que desde hace casi medio siglo trabaja en ella.
Se acrecentó, como no podía ser de otra manera, en la parroquia de San Antonio Abad, de Cullera, donde fui cuatro años coadjutor, y se ha ido extendiendo en los demás años, en las parroquias de Costa Rica, Marruecos, Mozambique y Roma donde he colaborado de algún modo en los últimos veinte años. Con esa historia, veo con tanta simpatía el trabajo parroquial que se hace en Ibiza y Formentera.
Hoy en la Iglesia florecen también los movimientos apostólicos. También con algunos de ellos he tenido posibilidad de entrar en contacto. Para ellos mi saludo afectuoso, con la esperanza de que también es esta Iglesia local tengan su sitio en la edificación del Pueblo de Dios.
3.- Després de serveis prestats a altres llocs dins l’única Església de Crist, venc ara a l’Església d’Eivissa, sentint-m’hi ja part d’ella, per estimar-la amb totes les meves forces. El desig de conèixer-vos, que l’Esperit de Déu ha suscitat en mi des del dia del meu nomenament, s’ha fet avui realitat.
El fet de trobar-me aquí entre vosaltres i per vosaltres no és una decisió meva, sinó fruit del designi de Déu que d’aquesta manera ha volgut donar curs als meus passos. La voluntat divina, manifestada a través de la decisió del Papa, m’ha portat, diré, fins aquí.
Desde el primer moment de la meva arribada a Eivissa m’he sentit acompanyat de les oracions de molta gent. El temor del qui comença un nou ministeri es veu transformat en un sentiment de serenitat interior i de confiança en el que Déu disponga, gràcies a l’ajuda sobrenatural de la pregaria de tants de germans i de germanes. Comprenc que la pregaria es tant necessària que cap altra activitat hi ha més important en la vida d'un Bisbe que la pregaria. Serà, per tant, el meu desig que els sacerdots i els fidels, tots, homes i dones de la meva diòcesi portin vida d’oració, per tal que l’església es manifesti com una escola on, per l’oració, pugui contemplar-se l’amor del Pare, el rostre del fill i la força transformadora de l’Esperit Sant.
L’oració, es també, expressió de santedat. Direm, doncs, que és l’enfocament genuí de cada cristià. Els sants ens ensenyen com aquesta traça del cultivar l’esperit d’oració és comesa possible i bella. La Santedat personal de cadascú alimenta la santedat de tota l’Església. Heus aquí, cap a on ha orientar-se el nostre itinerari pastoral. Consagrats pel baptisme no podem contemtar-nos amb una vida mediocre, sinó que és just que aspirem a les metes més altes de la Santedat.
4.- Començant Solemnement el meu ministeri episcopal contemplo amb admiració l’Església d’aquestes illes, benvolguda per Déu. Aquesta admiració neix de la realitat espiritual que està present i que es funda en el patrimoni espiritual de la cultura cristiana. Amb un coneixement que anirà desenvolupant-se a mesura que passi el temps, em complau ara sentir-me molt a prop de les obres de caritat i d’ensenyança, de l’impuls evangelitzador i missioner dels sacerdots, dels religiosos, dels catequistes i d’altres fidels laics, per l’atenció oferta a les persones que han vengut de fora, pel camí ecumènic que heu emprés. Desitjo per això expressar la meva admiració per l’obra generosa dels meus predecessors gràcies a la qual avui reb una església local viva.
Es veritat que el fenomen del secularisme desdibuixa la tradició més autentica del nostre poble. Veiem com es difon la indiferència religiosa, alguns viuen com si Déu no existís. Però aquest fet no ha de ser causa de desànim per a nosaltres creients en Crist Jesús, ha de portar-nos a un compromís més ferm, sabent aprofundir el seu missatge, per tal de fer mes fecund i renovat el tresor de la nostra fe. Per això, serà necessari un amor apassionat per la Paraula de Déu, con també mantenir una intimitat i un tracte freqüent amb Jesucrist, el que ens ho proporcionarà amb tota seguretat, la recepció dels sagraments, l’oració i la vida segons els manaments de l’Església.
Naturalment també serà necessari un renovat dinamisme missioner, donant sempre i en tot lloc testimoni dels valors de l’Evangeli. Com ensenya el Papa Joan Pau II: “la fe es reforça del trametent-la” (RM2). No pot la nostra Església d’Eivissa renunciar a un tal compromís. Per tant, els nostres deures espirituals i pastorals no poden reduir-se a tenir cura sols dels qui ja participen de la vida de l’Església, sinó que han de estar oberts a aquells que sense saber-ho o sense acceptar-ho estan destinats a conèixer i estimar Jesucrist, tant mitjançant el nostre testimoni personal com la nostra activitat específicament evangelitzadora.
5.- En aquesta tasca de intensificar la vida cristiana, d’empènyer l’acció missionera i de servir a l’home i a la societat tots som responsables, segons els varis i complementaris estils de les vocacions. Una paraula especial en aquest punt he de dirigir als sacerdots, ja que de vosaltres depèn el present i el futur de nostra Església diocesana. Estimats germans en l’únic sacerdoci de Crist: Us asegur el meu afecte, la meva admiració i gratitud per l’entrega i l’esforç apostòlic del vostre ministeri. Vull que les meves paraules a vosaltres siguin d’animació i esperança per que no perdeu mai el bon ànim, ni us deturin el cansanci ni les dificultats.
També a vosaltres religiosos que amb tanta dedicació us heu entregat a les obres diocesanes; a les associacions de caritat o d’ensenyança, teniu part en la responsabilitat de fer créixer la nostra Església d’Eivissa i Formentera.
Desitjaria i hi dedicaré tot el meu esforç a que els laics, individual i col·lectivament, es sentin corresponsables de la missió de l’Església. Esteu cridats tots, estimats germans i germanes, a contribuir a la santificació del mon i a fer visible Crist, amb el testimoni de vida, amb el fulgor de la fe, de l’esperança i de la caritat. Sapigueu que vosaltres també sou Església.
6.- Un apremiante problema de nuestra Iglesia Diocesana es la falta de vocaciones. A todos nos corresponde encender una llama de esperanza en este sentido. La responsabilidad empieza por el compromiso en la oración (Mt 9,38), pidiendo al Señor que nos mande operarios a su mies. Antes que nada, antes de estudiar las causas y poner remedio, oremos todos, pues a partir de la oración y con referencia a la misma, se puede ir adelante en este aspecto. Demos vida a una intensa campaña de oración por las vocaciones, una plegaria confiada, constante, personal y comunitaria, que implique a todos.
7.- Concluyo estas palabras confiando también mi ministerio en Ibiza a la Virgen María, que conservaba en su corazón el misterio de Cristo (cf. Lc 2,5) y lo siguió después con amor y fidelidad hasta la cruz, desde donde se nos dio como Madre.
Llegando a esta ciudad, destaca sobre todos los tejados el campanario de esta Catedral, donde se custodia la Imagen de la Virgen de la Nieves. Ella nos mira y le habla a su divino Hijo de nosotros.
A ella le digo: “Tu María, que velas por tus hijos desde la casa más alta de la Ciudad, protege a tus hijos, nuestras familias, nuestras parroquias, nuestras islas. Sé una señal clara de esperanza para todos, intercede por cada uno de nosotros para que nuestro camino como Iglesia sea siempre un seguimiento gozoso de Jesucristo y tenga siempre como destino la Santísima Trinidad·”. |