Es hermoso constatar cómo aquí en Ibiza y Formentera, al llegar estas fechas de febrero, en todos los pueblos hay una movilización general para participar en la campaña de la lucha contra el hambre que, cada año, promueve la organización católica Manos Unidas. Son días en los que los delegados y delegadas parroquiales, con el apoyo de la delegación diocesana, se ponen a trabajar para concienciar a la población, con independencia del credo religioso u opción política, sobre ese problema que, injustamente, aflige a una parte tan notable de la Humanidad. Mientras escribo estas líneas pienso, con gozo, en todas las personas que con ilusión y tesón están trabajando e imaginando cómo transmitir el mensaje para concienciar a todos sobre este problema y, a la vez, recabar fondos para hacer frente a esa situación. Pienso en las personas particulares, en las instituciones públicas, en los colectivos y empresas a los que visitarán solicitando cooperación. Pienso en esa escuadra de voluntarios que, en cada parroquia, van a trabajar con entusiasmo por esa noble causa. A todos ellos la magnitud del problema no les asusta: son conscientes de que nuestros medios son limitados, pero, como oyen el grito de los pobres y hambrientos que no pueden esperar, se lanzan a trabajar, seguros de que una golondrina no es suficiente para anunciar la primavera, pero sin esa golondrina seguramente habría menos primavera. En una ocasión, se le dijo a la Madre Teresa de Calcuta si no se desanimaba al ver tanta miseria en el mundo. Ella, siempre segura de lo que hacía, porque lo hacía respondiendo a su vocación, contestó con elegancia: «Dios no me pide que sea eficaz, sino que sea fiel». Así, queridos voluntarios y colaboradores de Manos Unidas, reemprended vuestro camino un año más. Cada año crece el número de personas, también entre los jóvenes, que son sensibles al mensaje de esta campaña. Y cada año crece también el entusiasmo de los que participan y colaboran. Cada año, el nombre de la delegación diocesana de Manos Unidas de Ibiza y Formentera recorre rincones del mundo apoyando y sosteniendo proyectos de desarrollo, cuyos beneficiarios podrán llevar así una vida más digna, más acorde con su condición humana. Gracias a eso, Ibiza y Formentera serán conocidas en este aspecto: el nombre de unos pueblos que tienen también nobleza de sentimientos, altura de miras, solidaridad con los que sufren. En los años pasados, tantos proyectos se han podido llevar a cabo con la ayuda que sale desde Ibiza y Formentera. Este año, otros proyectos que nos han sido asignados esperan nuestra respuesta. Estoy seguro, y esta es mi llamada apremiante, que, como en el pasado, la buena gente de Ibiza y Formentera sabrá estar a la altura de las circunstancias y con las colectas, donativos y otras actividades organizadas sabremos hacer un mundo más justo. Momento cumbre de la campaña es el Día del Ayuno Voluntario, que será el viernes 10 de febrero. En ese día, con la experiencia purificadora del ayuno podremos demostrar nuestra solidaridad con los que sufren el flagelo del hambre. Además, conscientes de que los esfuerzos humanos sirven de poco si no imploramos la ayuda de lo alto, nos reuniremos para celebrar la Eucaristía a las 19,30 en la parroquia de Santa Cruz. Animo, pues, a todos, a participar en estas actividades sabiendo que en la mano del que nos pide ayuda está la mano del Dios que es amor, y que Él, aunque no lo veas o no creas, no dejará de agradecértelo. |