Los Obispos católicos hemos perdido en estos días pasados a nuestro `decano´: a la edad de 103 años ha fallecido Monseñor Joseph Meng Ziwen, obispo de Nanning (China). Una vida rica de apostolado pero también de cárceles y campos de concentración. Amor, martirio y fidelidad son tres palabras que resumen bien su vida. Hoy en día la actividad de los obispos sólo les interesa a algunos para juzgarla con categorías humanas; buena muestra de ello son tantas referencias en determinados medios de comunicación. Por ello, la noticia de la muerte de este anciano obispo chino no puede ocupar titulares ni aperturas en noticiarios. Sin embargo, y por justicia, no debería pasar desapercibida. Ayer y hoy se ha celebrado en el Vaticano una cumbre para tratar de la situación de la Iglesia en el país más poblado del mundo. Allí existen dos iglesias, una, conocida con el nombre de `patriótica´, creada y apoyada por el gobierno, cuenta con unos cuatro millones de fieles, y sus obispos son nombrados sin el preceptivo mandato del Papa; la otra, verdadera `iglesia de las catacumbas´, fiel a Roma, cuyos sacerdotes y obispos saben bien lo que es la persecución, la cárcel, el destierro, intimidaciones y mil y una dificultades, está formada por unos diez millones de fieles, según las estimaciones más fiables. A esta última pertenecía Monseñor Ziwen. A los cien años aún celebraba tres misas los domingos, animando esas pequeñas comunidades católicas donde se sobreabunda en amor a Dios y a la Iglesia, a la jerarquía y a los pobres, donde se tiene viva conciencia de esa antigua regla de los Padres, recogida por otro gran obispo de los primeros tiempos, víctima también él de la persecución y de la intransigencia religiosa: «Seguid todos al obispo como Jesucristo sigue al Padre, y al presbiterio como a los Apóstoles. Que nadie haga al margen del Obispo nada en lo que atañe a la Iglesia» (San Ignacio de Antioquia). En la unión de los fieles con los pastores, reflejo, imagen y símbolo de la unión con Dios, está el secreto de la extraordinaria fecundidad de las comunidades eclesiales. Y esta es la gran lección que aprendió Ziwen y que nos deja como legado de su larga vida de creyente y de pastor. Gracias a él, a su tesón, a su defensa de la fe católica y la disciplina canónica con que aquella se manifiesta, los fieles de Nanning no se sentían aislados, sino miembros de ese gran Pueblo de Dios que camina bajo la guía del Papa y de los Obispos en comunión con él. Gracias a su valentía, han rezado y rezan por el Papa y se sienten no abandonados, sino acompañados por la oración, el afecto y la cercanía espiritual de los millones y millones de católicos. Las dificultades para nombrar obispos según la regla canónica, son tantas que no sé como se hará ahora para nombrar al sucesor de este benemérito y anciano prelado. Mientras llega ese momento, la comunidad diocesana de Nanning estará huérfana de padre, pero no de rumbo: se lo marcó su Obispo con el testimonio de una fe inquebrantable y una adhesión sin reservas a Cristo y a su Iglesia. Podrán servir a la Iglesia como ella quiere ser servida. Evocando esta colosal figura, grande no sólo por su longevidad física, también la Iglesia en Ibiza recogemos el mensaje y queremos aprender la lección. |