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A PROPOSITO DE UNA EXPOSICIÓN

21/9/2007

Recuerdo perfectamente cómo el 21 de enero de 2005 acudí, como tantas otras veces, al despacho del Papa Juan Pablo II por razones de mi oficio. En aquella ocasión, el Papa me recordó que al día siguiente se haría público mi nuevo servicio a la Iglesia de Ibiza; le pedí su bendición ante el nuevo encargo y me dijo que gustoso daba su bendición a toda la diócesis de Ibiza. Ese día, este pueblo, formado por los habitantes de las dos islas de Ibiza y Formentera, estuvo de una forma especial y concreta en el recuerdo y la oración de aquel gran Pontífice. He contado esta anécdota muchas veces.

Ahora, casi tres años después, en una exposición en la iglesia de l´Hospitalet, se muestran unos collages, realizados con recortes de revistas, que contienen fotografías en las que aparecen Jesucristo, el difunto Papa Juan Pablo II sodomizado y escenas de la iconografía católica mezclada con escenas de sexo homosexual. No se ha puesto ningún reparo en ofender no sólo a Jesucristo, que es gravísimo, sino también la memoria y la figura colosal del Siervo de Dios. Así se ha pagado por parte de algunos el gesto cariñoso y cercano del Papa difunto con Ibiza.

Al tener conocimiento del gesto grosero y de mal gusto de esa exposición en nuestra iglesia de l´Hospitalet sentí una pena inmensa. Además, esa actividad ha sido pagada con dinero público y en un edificio que es propiedad de la diócesis de Ibiza, la cual, de buena fe, lo puso a disposición del Ayuntamiento para las actividades del Museo de Arte Contemporáneo sin compensación de ningún tipo, ni tan siquiera una módica suma anual: sólo el compromiso de pactar, de mutuo acuerdo, el calendario y el contenido de las actividades respecto de la utilización de l´Hospitalet, además de mantenerlo en buen estado. Una pena inmensa porque los muchísimos ibicencos que conozco y tengo la suerte y la alegría de tratar son gente noble, de genuinas raíces, con sentimientos de ponderación y respeto. Y el honor inmarcesible de este pueblo se ha manchado por quienes, por acción o por omisión, han querido o consentido hacer burla de la religión católica y de un Papa al que la Humanidad no duda en dar el calificativo de Magno. El pueblo ibicenco no se merece que quienes tienen la responsabilidad de gestionar la res publica se comporten de esa manera. El Obispado de Ibiza ha colaborado, y desearía seguir colaborando, con lealtad y deferencia, con el Ayuntamiento de Ibiza y sus instituciones. Basta pensar en atenciones a sectores sociales, emigración, fiestas patronales, conciertos, etc. Y la respuesta a esa lealtad y deferencia ha sido esa ofensiva exposición.

Son muchas las personas que en estos días me han manifestado su repulsa y su rechazo más absoluto por lo que se exhibe en esa exposición, que en nombre de una malentendida libertad artística y de expresión, ha presentado unas imágenes que de artísticas tienen poco y de realistas nada. A todos mi gratitud y mi aprecio.

Cuando son tantas las personas e instituciones que trabajan competente y responsablemente por ofrecer el rostro genuino de Ibiza, de presentar la nobleza de sus gentes, los atractivos de sus bellezas naturales y lo seductor de su entorno, ¿cómo pueden algunos permitir o favorecer semejante desfachatez -eso que la gente de Ibiza llama asenada- ofensiva para la idiosincrasia pitiusa? No se construye una Ibiza mejor y más libre, más amante del progreso y de la convivencia de ese modo; más bien se la destruye y se la humilla a los ojos de los demás. Los que vivimos y trabajamos en Ibiza no nos lo merecemos.

Al correr la noticia rápidamente por muchas partes y ser difundida por los medios de comunicación social, los millones y millones de católicos, otros hombres y mujeres de otra religión o de ninguna, adornados de los sentimientos de respeto por las creencias de los demás y con fuertes valores democráticos pueden pensar que en Ibiza no se respetan los valores ni los personajes de la religión católica: ¡buena propaganda para Ibiza! ¡Qué curioso que sean algunos pocos ibicencos los que permitan que se humille a Ibiza y a sus gentes! Los que vivimos y trabajamos aquí, los que queremos de verdad a Ibiza no nos lo merecemos.

No se entiende bien cómo en una sociedad democrática se falte el respeto a lo más sagrado que tiene el hombre, que son sus creencias religiosas -sean las que sean-. No se entiende bien que quienes tienen responsabilidades en la sociedad actúen de forma tan irresponsable e irrespetuosa. Por si fuera poco, las declaraciones de una edil del Ayuntamiento, que he oído de viva voz en la radio, afirmando que son escenas normales y que prefiere que su hija las vea en lugar de otras que se exhiben en algunas iglesias de Dalt Vila, no contribuyen en nada al buen nombre de nuestra isla. Podrían ser normales -no lo sé- en su familia o en su entorno, pero no se corresponden con las enseñanzas del Evangelio. Que ilumina y orienta la vida de los cristianos.

En definitiva, hemos sido todos tristes testigos de un hecho gravísimo y deplorable, que nunca tendría que haberse producido y que no puedo sino condenar rotunda y tajantemente, lamentar y del que espero una cumplida reparación: el obispo, los sacerdotes, los religiosos y los numerosísimos fieles católicos de Ibiza, además de otros hombres y mujeres de buena voluntad, democráticos convencidos hasta la médula, lo esperamos. Sabremos perdonar cuando se dé ese gesto, pero pedimos que en lo sucesivo no se nos ofenda ni a nosotros, ni a ninguna otra religión ni a la inmensa mayoría de esta querido pueblo que, con sus profundas raíces católicas, quiere paz, respeto por todos, tolerancia, solidaridad; que quiere buscar caminos de progreso y pacífica convivencia.

 
     

 

 

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