Este domingo, 18 de noviembre, la Iglesia en España celebra la Jornada de la Iglesia diocesana. Se trata de una celebración importante para los que nos consideramos Iglesia y vivimos en este mundo. El Código de Derecho Canónico, bebiendo en la fuente fresca y actual del Concilio Vaticano II y en la tradición de la Iglesia define a la diócesis como una porción del Pueblo de Dios, encomendada al Obispo para que la apaciente con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo, Una, Santa, Católica y Apostólica. Reflexionando sobre estas palabras podemos llegar a concluir que hablar de la Iglesia diocesana no es hablar de algo abstracto o teórico; es algo muy comprometedor, porque afecta a lo más personal y porque no es otra cosa que hablar de nuestra familia verdadera en la fe y de tiene mucho que ver con nuestra identidad cristiana. La Iglesia diocesana no es otra cosa que el organismo vivo que hace posible la presencia viva y actuante de Jesucristo, hoy y aquí, entre nosotros. En este domingo, pues, los fieles estamos llamados a celebrar y a alegrarnos por el hecho de que somos Iglesia, y en nuestro caso concreto, somos Iglesia en Ibiza, por medio de la cual nos incorporamos a la Iglesia universal, participando de su misión que no es otra que la de Cristo. Y siendo Iglesia colaboramos, codo con codo, en toda su actividad con los talentos y medios que Dios nos ha dado y nuestra situación personal concreta nos permite disfrutar. Me contaba un obispo más anciano que yo cómo en las conversaciones con un destacada miembro del Gobierno de entonces, éste le achacaba unas cosas a la Iglesia que el anciano obispo nunca había visto y cómo le interrumpió diciendole: Eso se lo dice Usted a los miembros de esa Iglesia, que no es la mía, Recientes estudios estadísticos han evidenciado que hay un gran desconocimiento, o un conocimiento muy superficial de la actividad de la Iglesia y de sus actividades, cuestionando de forma ligera y poco reflexiva algunos aspectos de la vida eclesial y también la situación económica de la Iglesia. Con frecuencia, además, algunos medios de comunicación presentan una imagen de la Iglesia que no corresponde con la realidad: atributos relativos a su carácter conservador, inflexible, falta de transparencia, rigidez. Al mismo tiempo, no se evidencia la acción integradora de las parroquias, especialmente en los barrios periféricos de las ciudades, el trabajo ingente del voluntariado en la transmisión de la fe, la animación de la liturgia, la ingente acción social y humanitaria a favor de los colectivos más necesitados. Todo ello debilita, en ocasiones, la conciencia y alegría de ser y sentirse Iglesia. Esta Jornada nos impulsa a hacer un esfuerzo de comunicación e información, con transparencia e inmediatez, de lo que son los proyectos y actividades, así como el destino de los fondos que para ello recibimos de los fieles. En este sentido, a partir de ahora nos encontramos con un nuevo modelo de financiación a partir del año fiscal de 2007, que elimina las aportaciones directas del Estado con cargo a los Presupuestos Generales y la exención del IVA. Esto hace que el sostenimiento económico de la Iglesia dependerá única y exclusivamente de los católicos: la Iglesia recibirá sólo lo que los católicos aporten. Creo, personalmente, que se trata de un desafío esperanzador y acertado. Nuestra Iglesia diocesana de Ibiza es una Iglesia rica en iniciativas, en fervor, en entrega de los fieles, religiosos y sacerdotes, en historia y tradición. Y está llamada a seguir así. Pero para poder continuar por esa senda, una vez más, tiende la mano amiga a sus miembros y a los hombres de buena voluntad que quieran colaborar, para continuar haciendo el bien en nuestra sociedad. El pueblo fiel ibicenco y formenterense es generoso; lo demuestran las campañas de la Misiones, de Manos Unidas, de Caritas, etc.; no se encuentran manos cerradas cuando se pide para una causa justa. Con esa confianza, también se presentan en esta ocasión las manos de la diócesis y su organización. No existirían todas las obras diocesanas, educativas, asistenciales, de formación de la infancia y juventud, de acompañamiento a las familias, de apostolado laical, de recuperación y restauración del patrimonio cultural, etc. si la diócesis no tuviera la posibilidad de hacer frente a su organización y mantenimiento. No tiene sentido apoyar una rama sin cuidar del árbol del que brota: sería acabar con la misma rama. Por eso en esta Jornada una llamada a ser generosos con la diócesis, con sus necesidades incluso materiales, que no son sino las de atender a quienes atienden a los demás, les dispensan el pan de la Palabra y el de los Sacramentos, tienen sus puertas abiertas a todos los que llaman buscando consejo, consuelo y estímulo, hacen, en definitiva, que la Iglesia, nuestra Iglesia sea una verdadera comunidad de personas, familias y grupos que se acercan a Dios y, con Él, caminan por las sendas de la vida terrena. |