Estimados jóvenes de Ibiza y Formentera: Un año más, al acercarse la jornada del Día del Seminario, que tendrá lugar el próximo 22 de marzo, aprovecho este espacio para dirigirme a todos vosotros. A lo largo del año son muchas las ocasiones en las que puedo encontrarme con vosotros: la Vigilia de la Inmaculada y de Pentecostés, con motivo de la administración del sacramento de la Confirmación o con ocasión de la Visita Pastoral. En estos encuentros siempre percibo vuestra alegría, vuestro entusiasmo y vuestras ganas de superaros. Vosotros, queridos amigos, sois el futuro de la sociedad y también de la Iglesia. También percibo en no pocas ocasiones la gran estima que tenéis por nuestros sacerdotes y la confianza que en ellos depositáis. Sabéis que ellos se interesan y preocupan por vosotros, porque vayáis madurando y progresando como personas y como cristianos. Pero los sacerdotes no surgen de la nada, no son seres celestiales que aparecen de repente. Los sacerdotes, nos recuerda la Carta a los Hebreos, son tomados de entre los hombres y puestos a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios. Los sacerdotes un día oyeron la llamada de Dios y confiaron en Él. Como les ocurrió a los apóstoles, un día también el Señor paso por su lado y les dijo “Sígueme”, y ellos, con alegría y generosidad lo abandonaron todo por seguir a Jesucristo. Sin sacerdotes, la Iglesia no podría cumplir con su misión más importante en el mundo: anunciar el Evangelio y renovar el Sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo para la vida del mundo. En este año, que estamos dedicando a la figura del gran apóstol de los gentiles, San Pablo, el lema escogido para el Día del Seminario está inspirado en un fragmento de la primera carta que San Pablo escribió a los Corintios: “Apóstol por la gracia de Dios”. De esta breve frase se desprenden dos realidades muy importantes. En primer lugar se refiere a quién tiene la iniciativa en la vocación. Es Dios quien llama, es Él quien, por pura gracia, se fija en alguien y le llama a seguirle. Dios siempre cuenta con nosotros: sale a nuestro encuentro y nos muestra el proyecto que nos tiene preparado, un proyecto de felicidad y de realización plena. Este año va a hacer veintiocho años de mi ordenación sacerdotal y os puedo decir que, en estos años, he sido feliz siguiendo al Señor por allí por donde ha querido llevarme. Y en segundo lugar, el lema de este año nos muestra otra realidad: que aquellos que acogemos la llamada de Dios a ese estilo de vida nunca estamos solos, jamás. El Señor, que nos pide que le sigamos desde una vocación concreta no nos abandona a nuestra suerte, sino todo lo contrario. A partir del momento en que decimos SÍ, Él camina junto a nosotros guiándonos y ayudándonos en todos los momentos de nuestra vida y asistiéndonos siempre con su gracia, de modo especial, en las situaciones de mayor dificultad. ¿No es apasionante todo esto? ¿verdad que vale la pena seguir a Jesucristo? Pues claro que sí. Por eso os animo a que por un momento os detengáis en medio del bullicio de este mundo, que tengáis un momento de paz y tranquilidad y miréis en vuestro interior, en vuestro corazón, y si, por la gracia de Dios, escucháis la voz de Jesucristo que os llama a la vida sacerdotal, no tengáis miedo en seguirle con confianza y decisión, aferraos con todas vuestras fuerzas a su mano y poneos en marcha junto a Él. Os aseguro que vale la pena. A finales del año pasado comencé el proceso de canonización de XXI sacerdotes diocesanos que perdieron su vida por ser fieles a su vocación. Bajo su protección y la de la Santísima Virgen de las Nieves quiero poneros a todos vosotros, pidiéndoles también que de entre vosotros haya muchos jóvenes generosos y dispuestos a seguir a Jesucristo desde la vida sacerdotal en nuestra diócesis de Ibiza. |