Los defensores de la polémica reforma de la regulación del aborto en nuestro País no dejan de sorprendernos con sus afirmaciones para, como escribía yo mismo hace unos días, justificar lo injustificable. Estos días le ha tocado el turno a la Vicepresidenta del Gobierno, la Sra. Fernández de la Vega en su discurso de apertura del Foro Internacional sobre Salud Sexual y Reproductiva, que reúne hasta el miércoles a más de un centenar de representantes africanas y españolas. En uso de la libertad que me corresponde como ciudadano de un estado democrático y, además, de mi responsabilidad como obispo de la Iglesia católica, que una cosa no quita lo otro, disiento de sus afirmaciones. Dice la Sra. Fernández de la Vega que 46 millones de mujeres de todo el mundo recurren al aborto, una realidad que "afecta a todos" y ante la que se puede "hacer algo, o ser hipócritas y mirar para otro lado". En este contexto, De la Vega ha señalado que la reforma de la ley del aborto en España ha conducido a "discusiones que aparentemente estaban ya superadas" y ha agregado que "siempre estarán ahí los sectores" más "retrógrados" y "reaccionarios", que presentan como una imposición del Estado lo que es una "apertura de una vía digna para quien decide transitar por ella”. Cierto que hay que hacer algo ante esa tristísima realidad: crear las condiciones para que esa cifra de eliminaciones de vida sea cero, o por lo menos, lo más baja posible. Que a nadie se le elimine en el seno de su madre, que todos puedan nacer, vivir y crecer dignamente. ¿Quién mira hacia otro lado? ¿No será más bien el que ante la magnitud del problema y la ineficacia y fracaso de sus soluciones piensa: eliminemos a los seres vivos en el seno de su madre y vamos para adelante? Los defensores de la vida no miramos hacia otro lado, sino precisamente para ese lado buscando soluciones que no pasen por la muerte. Los que defendemos que esa eliminación no es el camino ¿somos retrógrados y reaccionarios? Pues no, absolutamente no. Matar a un hermano es algo antiquísimo: ya Caín mató a Abel. Lo nuevo, lo moderno, lo realmente progresista, lo que vale la pena y por lo que hay que trabajar es para que Caín y Abel y todos los demás puedan vivir juntos en paz, alegría y solidaridad. Para eso queremos a los Gobiernos, para defender y ayudar a todos los ciudadanos, a todos sin excepción y no para seleccionar quienes deben vivir y a quienes hay que matar. Me considero muy moderno defendiendo la vida. Si un Gobierno es incapaz de asegurar condiciones de vida digna, ¿qué debe hacer? Contéstese el amable lector. Promover el aborto es el reconocimiento de un fracaso en el orden social. ¿Cómo se puede calificar la facilitación del aborto como apertura de una vía digna a quien decide transitar por ella? ¿Es digno eliminar una vida humana? Yo diría más bien lo contrario, pues lo digno, lo noble, lo elevado es estar a favor de la criatura indefensa, ayudarla, protegerla, defenderla. Eliminar a quien no se puede defender es abusar y, por usar la expresión no mía sino del Concilio Vaticano II, cometer un “crimen abominable”. De la Vega ha subrayado además que la igualdad entre hombres y mujeres será uno de los ejes de la presidencia española de la UE, el primer semestre de 2010. Pues bien, entre las lagunas de esa desafortunada regulación que se pretende imponer, está la del olvido del papel del varón en la concepción de un nuevo ser humano. Esperemos que lo tengan también en cuenta y no se prive a un hombre de su hijo sin su conocimiento y sin su conformidad, porque un niño, cualquier niño, es hijo de su padre y de su madre, nunca de uno sólo de los progenitores. En fin, todas esas pretendidas justificaciones que no logran su objetivo nos animan a los defensores de la vida humana, desde su concepción a su término natural, a seguir trabajando y promoviendo la defensa de la vida para que nadie esté en peligro en esta tierra, sino que todos la podamos sentir como la casa común, el lugar donde todos nos podamos sentir a gusto, en paz, alegría, fraternidad, o, como decimos los católicos, en un ambiente que anticipe el Reino de Dios en la tierra.
+Vicente Juan Segura, Obispo de Ibiza |