El domingo pasado oía decir al Papa en la introducción al rezo del Ángelus: “Si cada uno, en el propio ambiente, lograra rechazar la mentira y la violencia en las intenciones, en las palabras y en las obras, cultivando los sentimientos de respeto, de comprensión y de estima hacia los demás, se podrían afrontar los problemas de la vida cotidiana más serena y eficazmente”. ¡Cuanta sabiduría práctica encierran! y qué necesaria me parece su aplicación en nuestra sociedad ibicenca a la luz de los acontecimientos de días pasados que han llevado a renunciar, por ahora, la ubicación de un comedor social, promovido por el Consell Insular de Eivissa, los cinco Ayuntamientos de la isla y Caritas Diocesana, en unos terrenos propiedad del Obispado. Me había propuesto no decir nada a través de los medios de comunicación, ya que en este tema algunos de ellos no han estado ni acertados ni concordes con la verdad, constituyéndose en eco de falsedades, imprecisiones y portavoces de ataques injustificados. Pero no quisiera que esas atinadas palabras del Papa pasen desapercibidas, sino que recibidas en nuestra sociedad produzcan en ella saludables efectos. Quienes han tenido la oportunidad de seguir el tratamiento de la cuestión y están bien enterados del tema pueden apreciar la veracidad de mis palabras. El proyecto de la puesta en marcha del comedor social ha sido objeto de falsedades acerca de todo: su ubicación, su horario, sus características, su funcionamiento. Las aclaraciones dadas no han servido de nada porque unas voces, pocas por fortuna, se han levantando y han generado una innecesaria polémica. Caritas diocesana ha creído conveniente no herir a nadie, escuchar a todos, y esperar a que el problema pueda solucionarse. Pero esas pocas voces que se han levantado contra la propuesta de Caritas de aumentar el número de personas que recibirán ayuda, pueden seguir tristemente hablando: cuando se encuentren con un pobre por la calle, un pobre que no un delincuente, podrán decirle: “Gracias a mis protestas, tú no vas a tener un comedor social, tú no vas a tener una cena caliente”. Falsedades, pues, en torno al comedor social e intimidaciones en las sentadas o como se las quiera llamar, autocalificadas de “pacíficas” cuando está claro que la paz es fruto de la justicia, y si no hay justicia, no hay lugar para la paz. Sentadas convocadas con sms o mensajes en un diario local que no ha tenido en cuenta la moderación pedida en los comentarios. Intimidaciones o chantajes allí proferidos contra la Fundación Diocesana Isidor Macabich, que con generosidad y entrega, poniendo muchos, muchísimos, fondos propios al servicio de sus centros educativos, gestiona los colegios concertados católicos de Sa Real y Can Bonet, entre otras actividades. Ni la falsedad ni la intimidación son caminos para nada positivo nos ha recordado el Papa. ¿Qué hacer, pues, ante esta situación? Me remito a las palabras del Papa antes citadas: “cultivando los sentimientos de respeto, de comprensión y de estima hacia los demás, se podrían afrontar los problemas de la vida cotidiana más serena y eficazmente”. Como decía en un periódico el sábado 19 de este mes la Consellera de Bienestar Social y 1ª Vicepresidenta del Consell Insular “quienes han promovido estas protestas, malogrando este servicio, deberían reflexionar”. Son dos autoridades de distinto orden, una religiosa y otra política, que conviene escuchar. +Vicente Juan Segura, Obispo de Ibiza |