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CRÓNICA

El sábado 14 de mayo, la comunidad diocesana de Ibiza y Formentera (España) vivió un momento eclesial singular con la ordenación episcopal de su pastor, Mons. Vicente Juan Segura.

El arzobispo Mons. Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, le confirió la plenitud del sacerdocio. Actuaron de co-consagrantes el cardenal Ricardo María Carles Gordó, arzobispo emérito de Barcelona, -que en 1981, cuando era obispo de Tortosa, ordenó de sacerdote a don Vicente-, y Mons. Agustín García-Gasco Vicente, actual arzobispo de Valencia, diócesis en la que estaba incardinado hasta ahora.

Entre los representantes de Episcopado español que participaron en este acto se hallaban el arzobispo de Toledo y primado de España, Mons. Antonio Cañizares Llovera; el arzobispo de Barcelona, Mons. Lluís Martíner Sistach; el arzobispo de Mérida-Badajoz, Mons. Santiago García Aracil; los tres últimos predecesores suyos en la diócesis de Ibiza: mons. Manuel Ureña Pastor, hasta ahora obispo de Cartagena y nombrado recientemente arzobispo de Zaragoza; el obispo de Tortosa, mons. Javier Salinas Viñals; y el obispo de Sant Feliu de Llobregat, mons. Agustín Cortés Soriano; el obispo de Terrasa, mons. José Ángel Sáiz Meneses; el obispo de Alcalá de Henares, mons. Jesús Esteban Catalá Ibáñez; el obispo de Mallorca, mosn. Jesús Murgui Soriano; el obispo de Menoría, mons. Juan Piris Frígola; el obispo de Orihuela-Alicante, mons. Victorio Oliver Domingo; el obispo de Segorbe-Castellón de la Plana, mons. Juan Antonio Reig Pla; el obispo de Vic, mons. Román Casanova Casanova; el obispo emérito de León, mons. Antonio Vilaplana Molina; y el obispo auxiliar de Valencia, mons. Enrique Benavent Vidal.

A esta representación se unió una cualificada delegación de obispos y sacerdotes procedentes de la Ciudad del Vaticano, entre ellos, además de mons. Leonardo Sandri, los arzobispos Piero Marini, maestro de las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice; mons. Stanislaw Dziwisz, prefecto adjunto de la Prefectura de la Casa Pontificia; mons. Santos Abril y Castelló, nuncio apostólico en Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia; y el obispo mons. Cipriano Calderón Polo, vicepresidente emérito de la Comisión pontificia para América Latina; así como algunos prelados y oficiales de la Secretaría de Estado y de otros dicasterios de la Curia romana, entre ellos mons. Tomaso Caputo, jefe del protocolo.

Además de la madre, hermanos y otros familiares del nuevo obispo, estuvieron presentes numerosos sacerdotes de Valencia, sacerdotes del presbiterio diocesano, religiosos y religiosas, autoridades civiles de la región y el embajador de Colombia ante la Santa Sede.

En su homilía, mons. Leonardo Sandri delineó la figura del obispo, que, a imagen de Cristo, buen pastor, se hace servidor del pueblo de Dios peregrino en el tiempo. Comenzó para ello exponiendo la triple misión que brota del Evangelio: enseñar, santificar y gobernar al pueblo al que desde hoy el nuevo obispo estará estrechamente unido.

«Como maestro auténtico de la fe, con una nueva gracia, el anuncio de la Palabra ha de ocupar un puesto preeminente entre tus diferentes ministerios», dijo el consagrante, dirigiéndose a mons. Vicente Juan. Por eso «te impondré sobre la cabeza el libro del Evangelio y te lo entregaré diciendo: “Recibe el Evangelio y proclama la palabra de Dios con deseo de instruir”, para que tu voz sea faro que señale certero el camino de Cristo en medio de tantas voces que hoy crean confusión y perplejidad en los fieles».

Le exhortó, además, a procurar la santificación de los fieles, cultivando en ellos la actitud religiosa y alentándoles especialmente a que santifique el día del Señor. La Eucaristía, añadió, es la fuente y al mismo tiempo la cumbre de toda evangelización.

En esta tarea – continuó diciendo- «se han de tener muy presentes las realidades que configuran la diócesis ibicenca. Así, el turismo, que en los últimos años ha provocado el paso de una diócesis típicamente rural a otra donde de dan cita todos los problemas de una sociedad cosmopolita. Fenómeno que, aun aportando nuevos valores, amenaza cada día más con borrar toda tradición isleña, afectando directamente a la moral y las costumbres de sus gentes». Y se preguntó: «¿No podría ser en Ibiza donde Cristo haga oír fuertemente su voz a los que, exaltados por el frenesí de una existencia vacía, viven sin embargo con un corazón sin ideales y sin amor?». Asimismo, lo alentó a que la diócesis se presente siempre con las puertas abiertas a todos, incluso a los que llegan de lejos, para que se encuentren el verdadero sentido de la vida.

Mons. Sandri tuvo palabras especialmente emotivas a la hora de la entrega del anillo, signo de la fidelidad. Así, le dijo: «Traigo conmigo de Roma un anillo para ti. Era un regalo especial del Santo Padre Juan Pablo II. Don que manifestaba afecto y gratitud hacia su colaborador. Fue el arzobispo Stanislaw Dziwisz, aquí presente, quien me lo entregó en nombre del Papa. Juan Pablo II está ahora junto a Dios y desde allí, asomado a la ventana de la casa del Padre, te bendice y acompaña para que seas el “buen Pastor” de tu diócesis. Un verdadero pastor que se distingue por su espíritu de bondad y de celo hacia todos. Camina juntamente con su pueblo y va delante de él. Podrás escuchar de nuevo su voz, en estos días del comienzo de tu ministerio episcopal, releyendo si libro: “Levantaos! ¡Vamos!”, y podrás así, recordando al amado Papa, iluminar tu propio ministerio. Al darte el anillo te traigo también el saludo y la bendición del Papa Benedicto XVI. Deseo que sus primeras palabras, pronunciadas en la santa misa celebrada el pasado 24 de abril en la plaza de San Pedro don motivo del inicio de su pontificado, y con las que hace referencia a la entrega del palio y del anillo del pescador, signo del comienzo de su ministerio cetrino, queden grabadas en tu corazón e iluminen hoy y siempre tu ministerio. La llamada de Pedro a ser pastor sucede después de la narración evangélica de una pesca abundante. Adéntrate en el mar de la historia actual de esta diócesis de Ibiza que te ha  sido encomendada y echa las redes para conquistar hombres para Dios, para Cristo, para la vida verdadera. “Apacentar”, decía el Santo Padre en ese día solemne, “quiere decir amar”. Ama a tu pueblo. Y vive en medio de tus fieles como el que sirve. Sé signo de comunicación, donación, lealtad, nobleza y confianza. Y como Jesucristo manifestó su amor a los Apóstoles, dirige tu atención a los sacerdotes diocesanos, tus colaboradores directos. Ten con ellos, en un clima, confianza y sencilla familiaridad, una relación abierta y dialogante, siempre animada por la caridad. Convenciendo antes que imponiendo; sé para ellos padre y amigo. Guía a la comunidad que te ha sido confiada hacia el encuentro con Cristo. Él será el faro que orientará todos tus pensamientos, palabras y acciones».

Mons. Sandri concluyó su homilía asegurándole sus oraciones y las de todos los presentes, y confiándolo a la protección de la Virgen María, con unas palabras en la lengua local, diciendo:«Que la Mare de Déu, a la qual invoques com Mare de Déu dels Desemparats a la teua Valéncia natal y davall les advocacions de la Mare de Déu de les Neus, de Jesús y del Carme a Eivissa, i del Pilar a Formentera, cuidi de tu i t’acompanyi en la teua missió al Server de l’Església. Amèn».

Por su parte, el nuevo obispo dijo que quería desempeñar su misión con corazón indiviso, buscando sólo la voluntad de Cristo, con un espíritu de escucha y de comunión, sin descuidar nada de cuanto pueda ser útil para la difusión del reino de Dios entre los hombres. Un compromiso al que, según sus palabras, se «entregará generosamente con la ayuda de Dios». Es lo que ha querido expresar en el lema que presidirá su vida episcopal: «Mihi vivere Christus est» (Flp 1,21) y que le compromete a dar testimonio de él, imitando su mismo estilo pastoral, sobre todo para con los más necesitados. En sus palabras expresó también amor y afecto a todos los que lo han acompañado a lo largo de su vida: profesores, educadores y amigos. Al recordar con profundo reconocimiento el ejemplo y las palabras del querido Papa Juan Pablo II, que lo había llamado al episcopado el pasado 22 de enero, mons. Vicente profesó plena y gozosa comunión y obediencia al Santo Padre Benedicto XVI, que en esta circunstancia solemne le hizo llegar mediante un mensaje del Cardenal Ángelo Sodano, secretario de Estado, su afectuosa bendición.

Al final del sagrado rito, los concelebrantes y todos los demás fieles manifestaron al nuevo pastor su cordial felicitación para un fecundo ministerio.

 
     

 

 

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