El Año Sacerdotal que estamos celebrando se va acercando a su fin, pues su conclusión será el día de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, y la figura de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, cuya tumba hemos visitado el pasado mes de abril –hace apenas unos días- en peregrinación diocesana un grupo de sacerdotes y fieles, sigue iluminado nuestras reflexiones. El mes de mayo está tradicionalmente dedicado a la Virgen, y por ello, aprovechamos esta circunstancia para acercarnos más a ella guiados por la doctrina del Santo Cura de Ars. Él mismo confiesa: “La he amado incluso antes de conocerla. Es mi amor más antiguo”. Y si uno se acerca a la biografía de nuestro Santo comprueba que es verdad, pues se percibe la presencia, discreta y silenciosa, en su corazón. En otro escrito dice: “El Padre se complace mirando a la Santísima Virgen como la obra maestra salida de sus manos. El corazón de esa buena madre no es otra cosa que amor y misericordia. Ella no desea otra cosa que vernos felices. Y es suficiente dirigirnos a ella para ser escuchados”. Los evangelios nos ofrecen una imagen de la Virgen que está presente en los momentos importantes de la historia de la redención operada por Jesucristo: Anunciación, Visitación, Nacimiento en Belén, bodas de Caná, al pié de la cruz…, acontecimientos que recordamos, además, en el rezo del Santo Rosario. Refiriéndose a la presencia de María en el Calvario, ante el silencio doloroso de María que escucha las palabras de Jesús agonizante, dice así: “Jesús, después de habernos dado todo lo que podía darnos, nos hizo herederos de la cosa más preciosa que le quedaba, es decir, su Santísima Madre”. San Juan María Vianney nos habla de la Virgen con mucha confianza, como alguien que conoce bien y que está siempre dispuesta a interceder en nuestro favor: “Cuando nuestras manos entran en contacto con un aroma, perfuman todo lo que tocan: ¡Hagamos pasar nuestras oraciones por sus manos de modo que ella las perfume! La Virgen María no es dios ni es la cuarta persona de la Trinidad. Nosotros no la adoramos, pero podemos dirigirnos a ella porque es la persona que ha dado el “sí” más bello, decisivo y absoluto a Dios y nos enseña a que cada uno demos nuestro “sí” a Dios inspirándonos en el suyo. San Juan María Vianney decía “Pienso que hasta el fin del mundo, la Virgen no estará tranquila, porque mientras en mundo exista, allí está ella ayudándonos a todos”. Y así es, hasta el fin de los tiempos podemos dirigir nuestras plegarias a Dios Padre, pidiéndole a Ella que interceda por nosotros, que tanta necesidad tenemos para llevar nuestra cruz. Os deseo un buen mes de mayo, el mes de María, pidiéndole incesantemente: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Con mi bendición y afecto, +Vicente JUAN SEGURA, Obispo de Ibiza ORACIÓN POR LOS SACERDOTES Y POR LAS VOCACIONES Madre de Cristo y de los Sacerdotes, protege en tu corazón y en la Iglesia a los sacerdotes. Madre de la Iglesia, Tú que entre los discípulos del Cenáculo estabas cuando bajó el Espíritu Santo, alcánzanos de Él, la plenitud de sus dones para los sacerdotes. Madre de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Tú que lo acompañaste desde el inicio de su misión, acompaña a los jóvenes para que también ellos se sientan llamados a continuar la misma misión de Cristo en el ejercicio del ministerio sacerdotal, y haya en nuestra Iglesia diocesana, que tanto lo necesita, muchos, santos y sabios sacerdotes, para la gloria de Dios y el bien de la humanidad. Que los jóvenes de Ibiza y Formentera puedan oír la llamada del Maestro y sean capaces de dar un “sí” como el tuyo, un “sí” libre y hermoso, valiente y generoso. Madre de Dios, a ti confiamos estas intenciones que brotan de lo profundo de nuestro corazón eclesial. Amén. |