1. Al inicio del año, recién comenzado, la Iglesia coloca ante nuestra consideración la figura de los tres personajes, comúnmente llamados los Reyes Magos. Ellos pasan por nuestros hogares y entregan sorpresas y regalos a los más pequeños. Quisiera que los obsequios que ellos nos dejan pudieran llegar a todos, a los pequeños y a los grandes, y ese obsequio puede ser el mensaje que se deriva de su actuación en la historia de la salvación, es decir, en la relación benéfica que Dios quiere mantener con cada uno de nosotros, que somos sus hijos. ¿Quiénes era esos personajes que llamamos los Reyes Magos? Parece que eran personas sabias, buscadores de la verdad, provenientes de lugares diversos pero cada uno sintió una llamada de Dios concretada en una estrella. Ante esa llamada se ponen en camino: buscan a Dios para adorarlo y ofrecerle sus dones; dejando atrás tantas cosas, se ponen en camino, aunque sea por el desierto. Ese camino lo hacen con humildad –van en búsqueda de un pequeño, no de un poderoso, recién nacido, en espíritu de oración y amor por el silencio-, con fortaleza –no se desaniman, aunque a veces la estrella desaparezca y no la ven claramente- y cuando no saben más, preguntan a quienes les puede informar. Con ese ejemplo, ¿qué nos enseñan a nosotros los Reyes Magos? Pues que también a nosotros, a cada uno, esté donde esté y provenga de donde prevenga, Dios dirige una llamada, con una estrella o de otra manera; que hemos de seguirla aunque ello nos suponga cambiar, dejar atrás otras cosas; que, como ellos, hemos de caminar con humildad, sin pretender grandes cosas terrenas; que hemos de vivir con espíritu de oración constante, buscando los lugares y los tiempos para ello; que como ellos, cuando nuestras fuerza y, nuestros conocimientos no sean bastantes, hemos de pedir consejo a quien nos lo puede dar. ¡Hermoso ejemplo, pues, el que al inicio del año nos dan los Reyes Magos! Útil regalo para organizar nuestra vida. Dice un dicho popular: “Año nuevo, vida nueva”. Pues que sea realidad en nosotros, de modo que al empezar el año haya una vida nueva con una meta bien clara: buscar y encontrar a Jesús y, postrados ante Él, adorarle ofreciéndole los dones que si los tenemos, en el fondo, es porque él nos los ha dado. Muchos niños estarán contentos con los regalos que los Reyes les han proporcionado; pero con el paso del tiempo esos regalos pasarán, ya no servirán. El otro regalo, el que sirve para todos, grandes y pequeños, el del ejemplo de su vida y su forma de actuar puede durar siempre y nos puede ser muy válido para nuestra vida. Recibámoslo y aprovechémoslo y de ese modo podremos disfrutar del mismo. Muchos hombres y mujeres, a lo largo de la historia, han acogido y disfrutado de ese obsequio de los Reyes Magos. Pienso, por ejemplo en San Antonio Abad, cuya fiesta celebraremos el día 17 en la población que lleva su nombre, en Santa Inés, que como cada año será festejada el día 21 en el Plá de Corona, en San Valero, que será honrado por las personas de la tercera edad de Formentera el día 29. Que la enseñanza de los Reyes Magos al inicio del Año recién comentado, su recepción por parte de los santos, ayude a que el deseo que tantas veces hemos repetido en estas semanas sea realidad: ¡Buen y feliz Año Nuevo! Con mi bendición y afecto,
+Vicente Juan Segura, Obispo de Ibiza |