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DEUS CARITAS EST - Hoja Diocesana febrero

1/2/2006

El pasado día 25 de enero, festividad de la Conversión de San Pablo, el Santo Padre Benedicto XVI hacia pública la primera Encíclica de su pontificado que comienza con estas palabras, tomadas de la Primera Carta de San Juan en su versículo 16. Esta expresión del Discípulo que reclinó su cabeza sobre el pecho Jesús, correspondiendo así corporalmente también al amor que el Maestro evidenciaba en aquella memorable Última Cena, es la más bella y certera definición de lo que es Dios.

Esta primera Encíclica ha sido ya, y seguirá siendo, objeto de muchos comentarios y apreciaciones. Yo me propongo hacerlo en los próximos tiempos por todos los medios a mi alcance, externando así la profunda comunión con Aquel que es fundamento visible de la unidad de la Iglesia, el Sucesor de Pedro. Os invito a tomar en vuestras manos este sencillo y profundo opúsculo, a leerlo con espíritu de cordial adhesión, a conocerlo y a difundirlo.

En esta ocasión, quisiera hacer notar algunos aspectos que aparecen en la segunda parte de la mencionada Encíclica y que me parecen sumamente importantes, tanto para mantener la identidad de la Iglesia como para encauzar la actividad de los cristianos de esta diócesis.

La Iglesia no es obra de los hombres, sino de Dios y para ser y seguir siendo Iglesia tenemos que partir de los datos que nos ofrece la Revelación en el Nuevo Testamento. Así, en el núm. 25 de la Encíclica el Papa nos recuerda que la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de la otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia”.

Queda claro pues que la actitud del cristiano no se agota en la ortodoxia, sino que requiere también una ortopraxis, es decir, un actuar según Dios, y Dios no es otra cosa que amor y actúa por amor. Ser cristiano exige, pues, una adhesión de mente y corazón a cuanto se anuncia en el Evangelio y la Iglesia transmite con fidelidad y especial asistencia del Espíritu Santo, celebrar los Sacramentos, signos visibles en los que se actúa la salvación, y practicar el amor, cuya fuente y modelo es el Dios trinitario.

Dentro de unas semanas iniciaremos el tiempo de Cuaresma, un tiempo de conversión, es decir, de recuperación del camino auténtico y genuino, de la identidad cristiana, de volver a Dios por la senda que él nos indica. Sería un buen propósito para esta Cuaresma intensificar nuestra formación cristiana (acoger el anuncio de la Palabra de Vida), participar con mayor asiduidad en la liturgia (oración y recepción de los sacramentos) y comprometerse con obras concretas de caridad, no de simple altruismo, sino expresiones de que en nosotros obra el Espíritu de Dios.

En esta diócesis de Ibiza somos más de cien mil los católicos. ¿Os imagináis lo que se podría hacer una fuerza humana de más de cien mil personas que optasen, cada uno según sus cualidades, posibilidades y condiciones, por comprometerse activamente en una de las obras de caridad y misericordia? ¿Os imagináis lo que supondría de crecimiento de la Iglesia, de credibilidad en un mundo a veces alejado de Dios, de eficacia en el anuncio del Evangelio.

Queridos diocesanos: sacerdotes, religiosos y religiosas, fieles todos, niños, jóvenes y ancianos: os animo a acoger la enseñanza del Papa y a hacer que nuestra Iglesia brille por la luz de su caridad, que esta Cuaresma sea así un momento de verdadera gracia para la Iglesia que vive en Ibiza y Formentera.

Con mi bendición y afecto, recordandoos cada día en la oración, os saludo a todos. 

+ Vicente JUAN SEGURA

Obispo de Ibiza

 
     

 

 

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