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MAYO, MES DE MARIA - Hoja Diocesana mayo

1/5/2006

Nos encontramos en el mes de mayo. Nuestras dos islas presentan un aspecto inmejorable: la primavera ha explotado y ha llenado los campos de flores y olores de tan suave presentación que comprendo que, con un mínimo de sensibilidad, todo parezca una fiesta. Pero hay otro motivo de fiesta, al que quisiera referirme en esta reflexión: es el mes de María, el mes que en la Iglesia recordamos y veneramos de modo especial a la Madre de Dios que, es a la vez, Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Sí, así de claro: Madre nuestra.

Pensando en ello, no pueden no venir a la mente los hermosos cantos marianos que la piedad popular ha elevado a lo largo de los siglos a la Virgen María y que han alimentado la devoción de los fieles a la Virgen. Unos en latín, otros en castellano, otros en pagués,  pero todos con un denominador común: un amor tierno y sin límites a la Santísima Virgen ¿Quién no se ha sentido lleno de emoción cantando el Salve Regina, Oh María Madre mía, oh consuelo del mortal o el Ave María en sus múltiples versiones? ¿cantando Set segles fa o los Gozos de la Coronación, felizmente recuperados del desuso en las celebraciones en la iglesia Catedral y otras parroquias de la diócesis?.

La sensibilidad del pueblo fiel y sencillo, del pueblo creyente y esperanzado ante el futuro ha sabido colocar a la Virgen Madre en su lugar justo: un lugar altísimo, al lado de Jesús. Eso porque, a lo largo de los siglos, los creyentes han pensado –y con razón- que la Virgen se tomó en serio el encargo que le hizo Jesús desde la Cruz: ser madre nuestra como antes lo había sido de Él. Así, no han dudado acogerse a su protección y amparo y no han sido defraudados; han visto en Ella un modelo de fe, de esperanza y caridad; han experimentado un amor materno como ninguno, porque no es humano sino espiritual.

En la diócesis estamos viviendo un momento especial de fervor mariano con la celebración del 50º aniversario de la Coronación de la Virgen de las Nieves. Las visitas a la Catedral por parte de parroquias, grupos, asociaciones, colegios, etc. han ido marcando un camino de acercamiento a la tierna figura de la Virgen. Con esta ocasión os he invitado a todos a intensificar la dimensión mariana de nuestra religiosidad.

Ojalá el presente mes de mayo sea una oportunidad privilegiada en este camino. Por ello, os invito a recuperar las sanas formas de devoción mariana que los siglos han demostrado ser de tanta utilidad: el rezo del Angelus o del Regina Coeli, la visita sabatina a la Virgen, la recitación de Santo Rosario, sin descuidar la peregrinación a alguno de los santuarios de nuestra diócesis: la Catedral, donde veneramos a la Virgen de las Nieves, Els Cubells, donde el Beato Palau nos dejó a la Virgen del Carmen, Jesús donde desde hace siglos es venerada la Mare de Deu de Jesús, Santa Inés, donde el próximo domingo 21 de mayo coronaré a la Virgen del Rosario, La Mola, donde la Virgen del Pilar tiene su morada, etc. Pienso que muchas familias encontrarían en estas prácticas unión y esperanza ante los desafíos del futuro; pienso que muchos jóvenes encontrarían orientación para sus vidas, muchos ancianos consuelo, los enfermos alivio, los niños cariño, y todos gracia y paz.

Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles todos: os encomiendo a la Virgen María, pidiéndole que hoy como siempre se muestre Madre nuestra, nos acompañe, nos acoja y nos guíe hacia su divino Hijo, Jesucristo Nuestro Salvador.

Con afecto, os saludo y bendigo.

+ Vicente JUAN SEGURA

Obispo de Ibiza

 
     

 

 

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