Cuando acaba el verano, nuestras islas de Ibiza y Formentera recuperan su fisonomía habitual, esa que nace de sus raices y expresa la belleza de sus paisajes, la nobleza de sus gentes, la ilusión de sus habitantes. Se han ido ya muchas de las personas que nos han visitado durante el verano, personas de tipos diversos y con conductas diversas. A unas les debemos el agradecimiento por lo bueno que nos han aportado; a otras, que quisiera que fueran las menos, les tendríamos que reprochar su actitud entre nosotros. Con el fin del verano, nos introducimos en el ritmo ordinario de la vida. Por lo que respecta a nosotros, los católicos de Ibiza y Formentera, dentro de la comunidad cristiana, reemprendemos las catequesis, en las que los niños y los jóvenes se preparan para recibir los Sacramentos de la iniciación cristiana; también los niños y jóvenes reciben en las escuelas la clase de religión si así lo desean; jóvenes y adultos participan en las diversas actividades caritativas, litúrgicas y de servicio; en las parroquias se trabaja por la difusión y la transmisión de la fe, se celebra la liturgia divina y las actividades está, dirigidas a hacer madurar la fe de todos; en resumen, la Iglesia católica en Ibiza y Formentera va adelante con su vida y su misión. El inico del curso, pues, ha de ser una motivación para el optimismo, que se traduzca en un compromiso activo a ocupar cada uno la esferade responsabilidad que le corresponde dentro de la Iglesia. Es el sentimiento que quisiera transmitiros a todos, queridos sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles, al inicio de este año pastoral. De una forma misteriosa, pero real, con nuestra actividad, vamos a contribuir a que corra entre nosotros, y también entre las personas de cualquier clase, edad o condición con las que nos relacionemos, un copioso caudal de la gracia de Dios. Dios puede manifestarse de muchass y diferentes maneras. Por medio de nuestra actividad de evangelización, liturgia y caridad, el Dios que nos quiere, sale también a nuestro encuentro para manifestarse como lo que es: amor. Y eso es suficiente para ser optimista. Pensemos que en cada misa que celebramos, Dios amor está con nosotros, hablándonos en la mesa de la Palabra y dándonos su Cuerpo en la Eucaristía; en cada iniciativa solidaria que llevamos a cabo, Dios amor nos inspira, sostiene y acompaña; en cada actividad catequética, de formación y de reflexión, Dios amor se dará a conocer. Quiero pues, al inicio del curso pastoral, dirigiros una llamada apremiante a trabajar en la Iglesia, con la Iglesia y desde la Iglesia. A no tener miedo, a remar mar adentro y echar las redes, para que la pesca sea abundante, como nos cuenta el evangelista san Lucas (c.f. Lc 5, 4-11). Como en aquella ocasión, en la que las circunstancias no hacían razonablemente esperar una pesca abundante, no dudo de que Dios bendecirá los esfuerzos, fruto del compromiso cristiano, de cada uno por vivir la propia vocación derivada de nuetro bautismo. De este modo, podremos crecer en cantidad y calidad como Iglesia, podremos ser sal de la tierra y luz de la sociedad, haciendo que la semilla evangélica que día a día vamos sembrando con la actividad de cada uno, dé mucho fruto y bueno. Con la esperanza de encontraros a todos a lo largo de las distintas actividades que llevamos a cabo a lo largo del curso pastoral, de poder celebrar con alegría los misterios de Cristo, de poder vivir y transmitir el amor de Dios, emplazándoos en la construcción entre todos de nuestra Iglesia diocesana, os saludo y bendigo de corazón. |