El domingo 3 de diciembre se abre un nuevo año litúrgico. El calendario de la Iglesia, como es sabido, no coincide con el calendario civil; éste hace referencia al movimiento del sol, mientras que el calendario litúrgico recorre las etapas de la vida y del misterio de Cristo. La primera etapa del calendario litúrgico obviamente, es la de la preparación y el nacimiento de Jesucristo, que celebraremos en la Navidad, fiesta importantísima hacia la cual caminamos preparándonos en las cuatro semanas del Adviento. Al comienzo del tiempo del Adviento, la Iglesia nos avisa: “El Señor viene, salid a su encuentro”. Es una llamada a la vigilancia, a la atención, a estar despiertos para recibir al Señor que llega, no sea que, adormentados por tantas cosas, no nos demos cuenta de que ha llegado la Navidad. Es verdad que Jesús vino ya, una vez hace muchos años. Creemos que vendrá al final de los tiempos, cuando la consumación de los siglos nos haga entrar en el juicio final para después llevarnos con él a la gloria del cielo, si hemos intentado honestamente vivir en cada circunstancia nuestra amistad con Él. Pero es también verdad que viene continuamente a nosotros en su Iglesia y en el prójimo, dos sacramentos de su presencia continua. El tiempo de Adviento, pues, mientras es una invitación a celebrar el gran don de su primera venida, nos impulsa también a prepararnos a su venida final acogiéndole en las “venidas intermedias” que podemos tener ahora. ¿Cómo prepararnos a esa venida final mientraras vivimos el tiempo presente? Con confianza, con alegría, con compromiso. Con alegría porque el que esperarmos es un Dios que nos ama, que mantiene siempre sus promesas, que viene a traernos la salvación, que quiere estar con nosotros. Con alegría, porque se trata del cumplimiento de una promesa, cuya realización es la única capaz de colmar las aspiraciones y necesidades del hombre. Con compromiso, configurando nuestra vida a la suya para poder entrar en comunión plena y perfecta con él. En este tiempo, nuestras parroquias se adornarán con la tradicional “corona de Adviento”, recordándonos que el tiempo se va cumpliendo. En los hogares cristianos, el tantos centros de trabajo, en establecimientos y escuelas el “belén” o “nacimiento”, expresión de nuestra cultura cristiana y de nuestras raices más verdaderas, ira recordándo a todos el gran misterio del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. A ello se unirán gestos de solidaridad, campañas de beneficencia, actos de solidaridad y expresiones de felicitación y cortesía. ¡Qué bello es todo lo que rodea a la Navidad y su preparación! A todos os deseo un buen adviento, que culmine después en una hermosa Navidad, fiesta de la paz, la alegría y la fraternidad. + Vicente JUAN SEGURA Obispo de Ibiza |