Queridos amigos: Como en años anteriores, os escribo una carta con motivo del Día del Seminario que en nuestra diócesis este año será el domingo 9 de marzo. Este año la jornada tiene como lema “Ojalá escuchéis hoy su voz” expresión tomada del salmo 94. Me parece muy acertada esa invitación a escuchar su voz: la voz de Jesús que sigue, también en nuestros días, llamando a jóvenes y menos jóvenes a seguirle en el camino gozoso y exigente del sacerdocio. Os podéis preguntar con razón: ¿por qué Jesús llama a algunos a ser sacerdotes? La respuesta es sencilla: porque los sacerdotes son necesarios en el mundo; sin su acción generosa y a veces difícil, el mundo estaría falto de alma. Los sacerdotes son necesarios, además y sobre todo, porque Jesucristo, el verdadero amigo de los hombres, quiere seguir actuando por medio de ellos. Así es y así será hasta el final de los tiempos. ¿Qué hace un sacerdote? la jornada del sacerdote empieza cada día con la oración, la Liturgia de las Horas; prosigue con el estudio permanente, en la búsqueda de las razones de Dios para ofrecerlas a los hombres sus hermanos, y después, por medio del apostolado, se dirige a ellos llamando a la puerta de cada uno para que entren la ternura y el amor de Dios, verdadero sabor de la vida. Celebrando la Santa Misa, escuchando a los que tienen necesidad de consuelo, ayuda, consejo, acompañando a las familias que pasan por un trance doloroso y también a las que viven un momento de alegría, perdonando los pecados en nombre de Dios y devolviendo la paz a las conciencias, animando a los niños y a los jóvenes a ser valientes y a vivir la amistad con Jesús, acercándose a los ancianos y personas solas o enfermas…en definitiva, en una diversidad de actuaciones el sacerdote va haciendo que su tiempo sea un cauce privilegiado para que la voz, la misericordia y el amor de Dios llegue a los hombres, todos necesitados, aunque a veces no se sea consciente, de ello. Y podréis seguir preguntándome: Y nosotros, ¿qué tenemos que ver con ello? Pues mirad, queridos amigos, cada uno de vosotros es importante, muy importante, para Dios porque cada uno es conocido y querido por Él, que tiene un proyecto, fruto de su amor inmenso, sobre cada uno. De esa verdad nace un compromiso: hemos de descubrir ese plan y corresponder al mismo para que, a pesar de lo único y, a veces, complicado de cada situación personal, sea posible realizar el proyecto de Dios sobre nosotros. ¿Con qué contamos para poder descubrir el plan de Dios? En primer lugar, naturalmente interrogando al mismo Dios, que como nos ama y nos ha creado, tiene una palabra que decirnos. Por eso, resuena en esta ocasión, con renovada fuerza el lema de esta Jornada: “Ojalá escuchéis hoy su voz”. Con un corazón abierto y generoso, podremos descubrir esos momentos en los que la voz de Dios se hace perceptible para nosotros. Cuando escuchamos la palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas, en las fiestas de la fe, percibimos su presencia amorosa. Pero también, y muy especialmente, en el diálogo personal con Cristo: hay momentos en que realmente responde. Luego viene la amistad que surge del trato frecuente en la oración… en definitiva, hay muchos momentos en los que Dios, que nos ha creado y nos ama nos va mostrando su plan, lo que Él, con tanta ilusión –por decirlo con palabras humanas- había pensado para cada uno desde “antes de la creación del mundo” (Ef 1, 2). Queridos amigos: a lo largo de vuestra jornada escucháis muchas voces: las de vuestros padres, las de vuestros profesores, las de vuestros amigos, las que os llegan a través de los modernos medios de comunicación y distintos sistemas que la tecnología moderna pone a nuestro alcance en Internet o los sofisticados aparatos nuevos, etc. Todas esas voces no tienen el mismo valor ni os pueden hacer el mismo bien. Pero sí que os quiero decir una cosa de la que estoy profundamente convencido: por encima de esas voces hay una que es superior porque es la voz de Quien os ama más que nadie: la voz de Dios. ¡Que ninguna de las voces de la tierra os impida escuchar hoy su voz, que os descubrirá su plan sobre vosotros! En este mundo Dios quiere hablarnos y no debemos ser sordos cuando habla, cuando se nos muestra en la obra maravillosa de la creación, en una hermosa liturgia de la Iglesia, en la amistad con los otros creyentes; y, llenos de su presencia y atentos a su voz, también nosotros podemos iluminar a los demás. Jesucristo no es una idea, no es una ideología: es una persona que me ama y se entregó por mí, y continúa llamándome a vivir una vida con Él. Cristo es el más sabio de los maestros y el mejor compañero para el camino. El quiere hacernos libres de todas las ataduras y devolvernos la alegría de sentirnos salvados para siempre, por encima de todo. Pero para que ello se cumpla en cada uno hay que escucharle. Y de esa voz en algunas ocasiones dice “Ven y sígueme… déjalo todo y vente conmigo para ser pescador de hombres…” Yo estoy seguro de que a algunos de vosotros, queridos jóvenes de Ibiza y Formentera, el Señor os dirige lleno de amor esas palabras, ofreciéndoos un camino con él, al servicio de todos, fuente de alegría, paz y felicidad. Sí, queridos jóvenes, la voz de Cristo puede llegar con esas palabras a vosotros. Si eso sucede, os daréis cuenta de que ya no os pertenecéis a vosotros mismos, sino a Él. En estos años de juventud os invito a que cada uno se haga pregunta: ¿Qué quiere Dios de mí? Reflexiona y reza como sepas para tener una respuesta. Y si Dios te pide ir al Seminario y ser después sacerdote, da un paso adelante con seguridad y esperanza. Con seguridad porque si es de Dios, Él se encargará de darte todo lo necesario. Con esperanza porque el programa de vida que se te pone delante es seductor, difícil, sí, como todas las cosas, pero siempre atractivo. Para ayudarte a dar una respuesta al plan de Dios sobre ti, cuenta, querido joven, con mi oración y mi afecto, así como el de los demás sacerdotes de la diócesis, que son también hermanos ya amigos tuyos, así como también de los fieles que tanto quieren y necesitan de buenos y santos sacerdotes en Ibiza y Formentera. +Vicente Juan Segura Obispo de Ibiza
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