Este año el mes de abril está todo él lleno de la alegría propia del tiempo pascual, que en esta ocasión va desde el Domingo de Pascua, 23 de marzo, hasta la fiesta de Pentecostés, que será el 11 de mayo. Tras el gozoso anuncio del “Aleluya, el Señor ha resucitado”, que entonamos en todas las iglesias de la diócesis en la Vigilia pascual, debe extenderse por todo el catolicismo de Ibiza y Formentera la alegría sin fin que brota de ese mensaje. Ha de ser una alegría tan grande que no quede encerrada en nosotros mismos, sino que se extienda a todos, siguiendo el aviso del Apóstol Pablo: “Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito estad alegres… que vuestra alegría la conozca todo el mundo” (Filp. 4,4). La Resurrección de Jesucristo, fundamento de nuestra fe, no es algo que le afecte o beneficie sólo a Él, en el sentido de que le libera de las consecuencias de la muerte, sino que en su resurrección todos hemos empezado a resucitar y tenemos ya el germen de la inmortalidad. Jesucristo, con su muerte, nos libró de los pecados y con su Resurrección nos devolvió los bienes que habíamos perdido por el pecado, es decir, nos abrió las puertas de la vida eterna. Después de Resurrección de Jesucristo los cristianos lo tenemos claro: el futuro es Cristo. Nada ni nadie ha podido definitivamente con Él: Él es el futuro. Por muchas cosas que nos sucedan, algunas o muchas de ellas desagradables o aparentemente desfavorables, nosotros sabemos que al final de todo está Cristo vivo, que nos llama a unirnos con Él en un destino definitivo de triunfo. Las apariciones de Jesús después de su Resurrección nos hacen presente de una nueva manera al Redentor en la Iglesia y en los cristianos: presencia del que está siempre vivo para interceder en nuestro favor aunque no se le vea. Al mostrarse a sus discípulos, enseña no sólo que puede «entrar con las puertas cerradas», sino que está siempre presente y cercano. En los días posteriores a la Resurrección, el Señor comunica a los discípulos su Espíritu, mediante el gesto de soplar sobre ellos. Por medio de este don, nos será posible unirnos a Él en lo sucesivo. Y lo mismo que los discípulos entraron en esa vida nueva a través de su encuentro con Jesús y la fe en Él, todos los hombres que vivan la vida de Cristo pueden tener el encuentro con esa Persona concreta que es Jesús resucitado. Después de narrar con detalle los sucesos de la Pasión y Muerte de Jesucristo, los evangelios nos transmiten la gran ALEGRIA PASCUAL de la Resurrección. La Pascua cristiana es, ante todo, la liberación del hombre de la esclavitud del pecado. Esta liberación la ha realizado Jesucristo por medio de su Pasión y Muerte en la Cruz y por su Resurrección de entre los muertos. Con ésta, se ha demostrado su poder divino no sólo sobre la muerte, sino también sobre las fuerzas del mal. Por ello, los relatos de los días siguientes a la Resurrección rebosan alegría, que nosotros hemos de leer con renovado entusiasmo en este tiempo nos cuentan cómo «El ángel habló a las mujeres: Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús crucificado. No está aquí: Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis ( ...) Filas se marcharon ( ... ) y llenas de alegría, corrieron a comunicarlo a sus discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos» (Mt. 28, 5-9). Al aparecerse Jesús a sus discípulos después de su Resurrección, siempre les saluda con las palabras: “paz a vosotros”. La fe y la alegría pascual deben llevar a la paz: « Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.» (Jn. 20, 19-21). Desde entonces sabemos que la alegría pascual no es un estado de ánimo propio de un tiempo cercano a la Resurrección, sino que toda la vida cristiana, por encima de todo, ha de estar atravesada por esa actitud. Los cristianos tienen motivos para la alegría, que no son pasajeros, que no se basan en cosas de este mundo, sino en la participación ya aquí, en la tierra, de la vida nueva de Cristo. Queridos fieles de Ibiza y Formentera, os deseo un buen tiempo pascual, descubriendo, viviendo y transmitiendo la alegría que nace de la Pascua de Cristo, inicio de nuestra pascua y que no tiene fin. Con mi bendición y afecto, +Vicente JUAN SEGURA, Obispo de Ibiza
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