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EL MES DEL SAGRADO CORAZÓN - Hoja Diocesana Junio

1/6/2008

En el Catecismo de la Iglesia Católica, en el núm.  478 podemos leer: “Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: "El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (Cf. Jn 19, 34), "es considerado como el principal indicador y símbolo...del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres (Pío XII, Enc."Haurietis aquas": DS 3924; cf. DS 3812)”. Por eso, más adelante, en núm. 2669 del mismo Catecismo se dice: “La oración de la Iglesia venera y honra al Corazón de Jesús, como invoca su Santísimo Nombre. Adora al Verbo encarnado y a su Corazón que, por amor a los hombres, se dejó traspasar por nuestros pecados”.           

Forma parte, pues, de la vida de la Iglesia el culto y la devoción al Corazón abierto del Salvador, de cuyo costado, con el agua y la sangre, manan los Sacramentos de la Iglesia. Por ello, desde los primeros siglos, se ha visto en el Corazón de Jesús una fuente inagotable de piedad, de auténtica espiritualidad, de apostolado y de caridad. Esa devoción alcanzó una difusión extraordinaria, que llega hasta nuestros días, a partir de las revelaciones a Santa Margarita Maria de Alacoque, religiosa de la Visitación en el Monasterio de Paray-le-Monial (Francia), a quien Jesús se le apareció con estas palabras: "Mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi Corazón más desgarradamente es que estos insultos los recibo de personas consagradas especialmente a mi servicio." , haciéndola a la vez depositaria de las 12 promesas para los devotos del Sagrado Corazón, que aunque pertenezcan al carácter de revelación privada, vale la pena repetirlas aquí: “1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado. 2. Pondré paz en sus familias. 3. Les consolaré en sus penas. 4. Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte. 5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas. 6. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada. 7. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el Océano infinito de la misericordia. 8. Las almas tibias se volverán fervorosas. 9. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección. 10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos. 11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado de El. 12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.        

Estas promesas han alimentado la vida y la piedad de los fieles a lo largo de muchos siglos y han producido abundantes frutos en la vida del pueblo de Dios. Así están en el origen de la práctica de los nueve primeros viernes de mes, que ha favorecido una genuina espiritualidad en muchos fieles, en la entronización de su imagen en tantos hogares y centros públicos y sociales, la proliferación de altares y monumentos en muchos lugares, la fundación de institutos de beneficencia, de enseñanza y de salud, de cooperativas y otras asociaciones solidarias, etc. Es pues, todo un rico patrimonio espiritual que ha de ser tenido en su debida cuenta.        

El mes de junio, en la tradición católica, está dedicado al culto y a la devoción del Sagrado Corazón de Jesús. Es una ocasión propicia para recordar cómo Dios es amor; por amor, Él ha creado el mundo entero y ha puesto en el mismo al hombre; a lo largo de los siglos ha guiado a su pueblo por amor, y por amor ha enviado a su Hijo único, Jesús, el Salvador. En los Evangelios se siente el palpitar del Corazón de Jesús, un corazón que ama, que perdona, que se conmueve.        

En nuestra diócesis hay abundantes expresiones de la devoción al Corazón de Jesús: altares en casi todas las parroquias y en la Catedral, un artístico monumento que desde hace 61 años se levanta en los alrededores de la carretera que une Ibiza con San Antonio, como recordando a todos los que pasan por allí que Dios es amor que ama, amen de instituciones que lo tienen tienen por patrono. Como en el pasado, creo que es hora de sacar con gozo, a través de esta devoción, agua viva y fuerza suficiente de ese Corazón abierto que ama tanto a los hombres.        

En un mundo en que hay tantos cansados y agobiados, de oprimidos y desesperanzados, Jesús sigue ofreciendo el amor de su Corazón a todos, para que el yugo de la vida, que a veces es con todos los problemas es pesado, sea suave y la carga sea ligera. Basta acercarse al Corazón de Jesús, tener fe en Jesucristo, orar, seguirlo para gozar desde ya las alegrías de la salvación.        

Queridos diocesanos, sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles todos, ancianos, niños y jóvenes, os invito a vivir este mes de junio con la mirada puesta en el Corazón de Cristo, llama de amor viva, con el corazón unido al del Redentor, con los sentimientos puestos en los suyos: será una hermosa experiencia de fe que se hace vida y de una vida que se hace donación y amor.

Con mi bendición y afecto,

+Vicente JUAN SEGURA,

Obispo de Ibiza. 

 
     

 

 

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