Este mes de abril nos invita a celebrar el Triduo Santo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, punto culminante de todo el año litúrgico. Comienza con la Misa in Coena Domini en la tarde del Jueves Santo en todas las iglesias y se prolonga con la adoración del Santísimo Sacramento, solemnemente depositado en el Monumento, que aquí en Ibiza llamamos tan cariñosamente “la casa santa”. El Viernes Santo es un día sobrio, en el que la celebración de la Pasión del Señor, sea en los Vía-Crucis (tradicionalmente conocidos entre nosotros como “Pasos”), o la celebración de la tarde en los templos, sin consagrar el pan y el vino (es el único día del año en el que se da esta circunstancia) nos recuerda la obediencia de Jesucristo al Padre, ofrecida generosamente por amor hacia nosotros y nuestra salvación. La procesión de esta noche, llamada del Santo Entierro, es un anunciar por las calles el misterio de la Pasión. El Viernes Santo se debe observar el ayuno y la abstinencia en todas partes: es un día en el que la Iglesia ayuna “porque le ha sido arrebatado el Esposo”. Se recomienda prolongar también el ayuno el Sábado Santo, día de la permanencia de Jesús en el sepulcro. La culminación de todo este itinerario es la Vigilia Pascual, que en las últimas horas del Sábado, cuando empieza a verse el gran Domingo de Resurrección, reúne a la Iglesia en vela para participar de la alegría desbordante del tránsito de Jesús desde la realidad de la muerte a la gloria sin fin. En la Vigilia Pascual hacemos memoria sacramental de la Resurrección del Señor. “La resurrección de Jesús es el dato originario en el que se fundamenta la fe cristiana (cf. 1 Co 15,14): una gozosa realidad, percibida plenamente a la luz de la fe, pero históricamente atestiguada por quienes tuvieron el privilegio de ver al Señor resucitado; acontecimiento que no sólo emerge de manera absolutamente singular en la historia de los hombres, sino que está en el centro del misterio del tiempo. En efecto, —como recuerda, en la sugestiva liturgia de la noche de Pascua, el rito de preparación del cirio pascual—, de Cristo « es el tiempo y la eternidad » (Juan Pablo II, Carta apostólica Dies Domini, 31 de mayo de 1998, n. 2). De la fructuosa participación en la Semana Santa se debe derivar la conciencia de que hemos sido liberados del pecado y de la muerte, de que el amor que Jesús nos ha revelado en esos días es más fuerte que la muerte, más fuerte que el mal, que Él nos da su fuerza para ser auténticos discípulos suyos, siempre y en todas partes. Os deseo, pues, que la celebración de los misterios de estos días sea una momento de auténtica y real renovación, y que ello se muestro en nuestros pensamientos y palabras, en nuestras obras, en todas las facetas de nuestra existencia. Con mi bendición y afecto, +Vicente JUAN SEGURA, Obispo de Ibiza |