Este mes de abril aparece todo él iluminado por la luz que brota de la gran fiesta de la Pascua, que hemos celebrado al inicio del mes, una luz que alcanza a todo el año y fundamenta nuestra fe en Jesucristo, que si padeció y murió por nuestros pecados, vive ahora para siempre deseando hacernos participes de su resurrección. Continuando con las reflexiones sobre el Año Sacerdotal convocado por el Papa Benedicto XVI para celebrar los 150 años de la muerte del Santo Cura de Ars, quiero aprovechar la ocasión para recordar la implicación de todos los fieles en este Año Sacerdotal, especialmente haciendo de esta efemérides una ocasión para orar por los sacerdotes, por todos los sacerdotes, pidiendo al Señor por su santificación personal, de la cual dependen en gran parte la eficacia del ministerio que llevan a cabo en las parroquias, así como invocar el don de nuevas y santas vocaciones sacerdotales. El domingo 24 de abril, IV Domingo de Pascua, también conocido como Domingo del Buen Pastor, es la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones. A ello quisiera dedicar este escrito animándoos a todos a rezar y mucho para que no nos falten nunca muchos, buenos y santos sacerdotes. El ministerio sacerdotal es insustituible en la Iglesia, pues sin sacerdotes no hay Eucaristía ni podemos alcanzar el perdón de los pecados en el Sacramento de la Penitencia, ni recibir el alivio en la Unción de los Enfermos. Por ello, sintiéndonos contentos de nuestros sacerdotes, hemos re reafirmarles nuestra admiración por la grandeza de su misión, independientemente de sus características personales, y reconocer con gratitud el trabajo que realizan. Al sacerdote acuden no sólo los creyentes, sino todas las personas que quieren vivir con esperanza cierta en el futuro, pues ellos acompañan a cada uno desde el nacimiento hasta la muerte. Ante la escasez de sacerdotes, tenemos que intensificar nuestra plegaria al Señor por las vocaciones, plegaria llevada a cabo tanto de forma individual como comunitaria. Algunas de nuestras parroquias hacen exposiciones del Santísimo Sacramento una vez a la semana para pedir vocaciones. Es una excelente iniciativa a la que os animo a participar, a la vez que pido a las parroquias que aún no lo hacen a que emprendan este camino, pues su omisión no admite excusas. El teólogo H.U. con Balthasar escribía con razón: “Dios acoge la oración y los sacrificios de los cristianos para hacer que fecunden multiplicando las vocaciones” (Los estados de vida del cristiano). En efecto, Jesús nos invita en el Evangelio a orar al Dueño de la mies para que mande operarios a su mies (Lc 10,2). Él mismo, antes de elegir a los Apóstoles pasó noche entera en oración. Y en la Última Cena oró prolongadamente al Padre pidiendo por ellos (Cf. 17,9-26). La Iglesia no necesita funcionarios, sino “enamorados de Jesús y de la Iglesia”. A veces se le pide al obispo que ponga sacerdotes en cada parroquia, sin hacer nada para que haya sacerdotes. Orar por las vocaciones también estar al lado de los sacerdotes, sin dejarles solos sino acompañarlos con santidad de vida y asumiendo responsabilidades propias de cada estado eclesial; orar por las vocaciones es invocar la docilidad de los padres y de los educadores para que no obstaculicen las vocaciones nacientes. Que en la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones se eleve una plegaria de todos, en todas las parroquias y en todas las comunidades y que esa plegaría unánime alcance todos los días del año. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre de los Sacerdotes presente al Señor nuestra súplica esperanzada por las vocaciones para que el Señor nos dé nuevas fuerzas para seguir con la primavera de la Iglesia. Con mi bendición y afecto, +Vicente JUAN SEGURA, Obispo de Ibiza ORACION POR LAS VOCACIONES LLAMA NIÑOS Y JOVENES Oh Jesús, Divino Pastor, atrae hacia ti a niños y jóvenes ardientes y generosos, hazlos seguidores tuyos y ministros de tu gracia, partícipes de tu deseo de salvación universal. Si llamas, y así te lo pedimos, a alguno de nuestros jóvenes para consagrarlo a ti como sacerdote que tu amor aliente esa vocación desde el principio y que la haga crecer y perseverar hasta el fin. Señor, haz que nuestras comunidades, con responsabilidad y confianza, con la oración y el testimonio de vida, acompañen el camino de aquellos que Tú mismo has elegido con amor especial para que te sirvan a Ti y a tu Iglesia. AMEN. |