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HOMILÍA EN LA FIESTA DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DEL CARMEN

16/7/2009
Parroquia del Salvador de la Marina

1.      Hoy nos reunimos para celebrar esta fiesta en honor de la Virgen del Carmen, tan venerada ene este barrio de la Marina. Su imagen, colocada en la nave central acoge las súplicas, las confidencias, las oraciones de los fieles que se dirigen a ella. Con el diálogo filial y sincero, confiado y continuo, vamos manteniendo nuestra relación con Ella como Madre y Señora nuestra.        

La imagen de la Virgen del Carmen toma su advocación del Monte Carmelo, allá en Palestina. El Carmelo, cuya hermosura ensalza la Biblia (ls. 35, 2), ha sido de siempre un monte sagrado. A este monte se retiraba a rezar el profeta Elías, y en una ocasión en la cual Dios había castigado a su pueblo rebelde con un verano de tres años, Elías estando rezando en la cima del Monte Carmelo envió a su secretario a que observara en el horizonte para ver si veía algo. El otro volvió a contarle que se veía una pequeña nube. Con esto entendió Elías que ya iban a llegar las lluvias. Y en efecto la nube fue creciendo y se convirtió en una inmensa y muy provechosa lluvia que alegró enormemente a aquellas gentes que llevaban 36 meses sin agua.

La Iglesia Católica ha visto en esa nubecilla que apareció en el Monte Carmelo el anuncio de María, la cual al aparecer en este mundo nos trajo la más bella noticia: la de que con Ella, por medio de su Hijo Jesucristo nos llegaría la más grande y provechosa lluvia de gracias sobre todos nosotros.  

2.      Desde hace muchos siglos se reunieron en el Monte Carmelo varios monjes a rezar y hacer penitencia, y la gente los llamaba Los Carmelitas. Estos religiosos le tenían una gran devoción a la Virgen Santísima y le erigieron un templo en esa hermosa montaña. Pero en el siglo XI llegaron los mahometanos,  y destruyeron todo a sangre y fuego. Muchos monjes, murieron mientras cantaban himnos a la Sma. Virgen, pero algunos lograron huir y embarcarse y llegar hasta Italia. Allá empezaron a propagar la devoción a la Sma. Virgen y las gentes los seguían llamando Los Carmelitas. Ahora los Padres Carmelitas y las hermanas Carmelitas siguen propagando en todas partes la devoción a Nuestra Señora.

Entre los monjes llegados del Monte Carmelo hubo uno que se hizo célebre por su santidad, por su amor a la Virgen y sobre todo por una aparición que recibió. Fue San Simón Stock. Dice la tradición que un 16 de julio (de 1251) la Sma. Virgen se le apareció y le prometió conceder ayudas muy especiales a quienes lleven el Santo Escapulario como un acto de cariño y devoción de honor de la Madre de Dios con deseo de convertirse y llevar una vida más santa.

Muy pronto empezaron a notarse en todas partes las bendiciones y ayudas tan especiales que la Madre de Dios concedía a los que llevaban con fe y devoción el Santo escapulario. Ya sabemos que lo que salva de peligros no es el escapulario en sí, sino la Sma. Virgen que protege y defiende a quienes llevan esa insignia como señal del aprecio y la devoción que sienten por Ella. Y la Virgen Santísima sigue haciendo prodigios cada día en favor de quienes llevan con devoción el santo escapulario o su medalla y se esfuerzan por volverse mejores creyentes. 

3.      Esas vicisitudes históricas nos ponen de relieve una vez más cómo la Virgen cumple y sigue cumpliendo, y así será hasta el final de los días, en encargo que le hizo Jesús en otro monte, el Monte Calvario, cuando  punto de morir, completó su ofrenda dejándonos todo lo que le quedaba sobre la tierra: su Madre, que desde aquel momento pasó a ser nuestra Madre.        

La madre, para todos los seres humanos contribuye a que tengamos vida. Sin una madre y un padre nadie puede empezar su vida. Nuestros padres son llamados también procreadores, en decir, colaboradores con el designio de Dios que es el origen de nuestra existencia. Nadie puede existir si no es por la voluntad de Dios, recibida por los padres y cuidada por ambos. Nuestros padres, además, nos dan mucho de lo suyo: la raza, la lengua, la educación, el cariño, los cuidados necesarios.        

Si pasamos esa noción de maternidad a la Virgen, de ella recibimos la vida, que es Jesucristo, el estilo peculiar, las enseñanzas y ejemplos necesarios para seguirlo, etc. 

4.      Contemplar a la Virgen con el título antiguo y siempre nuevo del Carmen es pensar que de ella recibimos la invitación a la belleza moral, a la elegancia espiritual, a la fecundidad apostólica.        

Nuestro mundo está necesitado de belleza. Hay demasiados horrores morales en nuestro mundo. Horrores que son las guerras, horrores que son la miseria y necesidad que pasan muchos hermanos nuestros, horrores que son las divisiones en las familias, en los grupos, en los pueblos; horrores que son los atentados a la vida. Podríamos hacer un largo elenco de los mismos. 

Frente a ello, alentados por el ejemplo de generosidad, de sacrificio, de entrega, de fidelidad a Dios y a la humanidad, resplandece hoy ante nosotros la imagen de la Virgen del Carmen, de la Virgen Hermosa, de la Virgen fecunda. Ella se pone hoy ante nuestros ojos como invitándonos a seguir sus huellas en el cumplimiento de la voluntad de Dios, en la escucha de su Palabra salvadora, en la atención a los necesitados, en sembrar esperanza y paz por doquier. 

5.      Las gentes del mar invocan a la Virgen con el título de Stella Maris y por una inveterada tradición unen esta celebración a la Virgen del Carmen. En efecto, cuando antiguamente no habían tantos instrumentos para orientarse y navegar bien, los marineros se servían de la situación de las estrellas del universo para orientarse: las estrellas les indicaban el camino hacia el puerto seguro, la ruta conveniente, la meta a alcanzar. Esa circunstancia natural les llevó a percibir cómo ese cometido lo cumplía también la Virgen María en lo referente a la vida espiritual. Y de ese modo surgió una estrecha y esperanzadora relación de ese colectivo con la Virgen.        

Por eso, este día es también el día de la Patrona del Mar y de los marineros. Haciendo nuestra esa experiencia, pedimos hoy por las gentes del mar, por sus familias. Tenemos presentes en nuestra oración especialmente sus trabajos, no siempre llevados a cabo en condiciones fáciles; sus familias, que tantas veces sufren la separación prolongada; sus ilusiones dignas y proyectos nobles. Y muy especialmente encomendamos a todos los difuntos de las gentes del mar, que en las aguas a veces turbulentas y peligrosas, consumaron su vida. 

6.      Al acabar esta Santa Misa llevaremos en procesión la imagen de la Virgen del Carmen, la Virgen de la Hermosura, la Virgen Bella, la Virgen del Amor Hermoso. Que sea un mostrar a nuestro mundo el auténtico camino de la hermosura, el ejemplo para alcanzar la verdadera felicidad, la ruta segura para llevar a Cristo, que como hemos dicho en la oración colecta, es el Monte de salvación para todos los hombres.

 
     

 

 

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