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HOMILÍA EN LA FIESTA PATRONAL DE NUESTRA SEÑORA DE JESÚS

8/9/2009

1.      La imagen más bella que un pueblo puede ofrecer de sí mismo es la de su propia fe, que moldea y configura su identidad. En este día de fiesta grande en este pueblo experimento una conmovedora manifestación de la fe que os anima, una fe que se manifiesta de tantos modos a lo largo de todo el año y quiero que mis primeras palabras sean de admiración por ello. Desde hace más de cuatro siglos vienen hasta esta artística iglesia personas de diferentes pueblos de nuestra Isla, así como de otras naciones, que oran trayendo consigo los deseos de su corazón, así como sus preocupaciones y esperanzas más íntimas.

Aquí, ante este famoso retablo, que, como es sabido, Mons. Isidor Macabich señalaba como una de las tres grandes obras artísticas de nuestra tierra, junto con la custodia de la Catedral y las Murallas de Dalt Vila, en espíritu de fe y devoción, podemos experimentar la presencia y la bondad consoladora de la Madre; aquí encontramos a Jesucristo, en quien Dios está con nosotros. Hoy participamos en esa peregrinación a esta iglesia y santuario, poniéndonos ante la Madre del Señor para implorarle: "Muéstranos a Jesús". Muéstranos a nosotros, peregrinos, a Aquel que es al mismo tiempo el camino y la meta, la verdad y la vida.   

2.      Las lecturas que la liturgia de hoy nos propone, son las propias de la fiesta de la Natividad de la Virgen María, que  desde hace siglos se celebra hoy, recordando la dedicación en Jerusalén de la basílica construida sobre la casa de Santa Ana, madre de la Virgen. Son lecturas que se refieren al hecho del misterio del nacimiento. La primera lectura nos ha presentado el oráculo del Profeta Miqueas sobre la ciudad de Belén, de la cual se dice que será la cuna del Mesías, descendiente del Rey David.

El Evangelio, tomado de San Mateo, nos ha presentado el relato del nacimiento de Jesús, precedido de la genealogía. En esa larga relación de nombres, destaca el papel primordial de la Virgen María en la historia de la salvación: María es importante por su relación con Cristo, iniciada en la Encarnación: “Jacob engendró a Jacob, el esposo de María, de la cual nació Cristo” (Mt 1,16), pero que continuará desde entonces y para siempre.

El evangelista destaca la figura de San José, su drama interior, su fe fuerte sus deliberaciones, internas, que no quieren otra cosa sino ser fiel a Dios. Y a la vez, en la actitud de José hay un tierno y profundo amor por su prometida. El querer a Dios y el querer a María, en el corazón de José son inseparables, y como se trata de dos amores puros, no puede haber contradicción entre ellos. Y por eso busca precisamente en Dios la respuesta y la encuentra en la luz que sale de la Palabra del mismo Dios y de la luz del Espíritu Santo: “La Virgen concebirá y dará a luz un niño, que se llamará Emmanuel” (Mt 1,23; Cf. Is 7,14). Todo esto nos pone de manifiesto el papel insustituible que María ocupa en la historia de la salvación.  

3.      ¿Qué podemos decir de ese papel de María? Que su “sí” lleva a la caridad de Ain Karim, a la humildad y pobreza de Belén, a las pruebas de Egipto, al “Haced lo que Él os diga” de Cana, y sobre todo al “sí” del pié de la Cruz. Respetando el “” dado, siguiendo a Jesús, María se encontró a los pies de la Cruz: ese es el camino de la fe. María escuchó el grito: “Crucifícale” (Jn 19,15). Y decían eso de su Hijo. Era su Hijo. Pensemos bien en eso. María vio las burlas, los insultos y los maltratamientos; vio la cruz preparada, oyó los golpes del martillo y le vio retorcerse de dolor en la Cruz.        

El Evangelista Juan cuenta: “Junto a la Cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su Madre, María la de Cleofás, y la otra María, la de Magdala” (Jn 19,25). En el Monte Tabor María no estaba; junto a la cruz, sí.        

Y Jesús se dirige a su Madre, una vez más, y la invita a caminar en el último y decisivo tramo de la fe: “Jesús, viendo a su Madre, y al lado al discípulo que tanto quería, dijo a la Madre:¡Mujer, ahí tienes a tu hijo! Y después dijo al discípulo: ¡Ahí tienes a tu Madre!” (Jn 19, 26-27). ¿Qué significan esas palabras pronunciadas en el momento más grande de la historia? ¿Qué significa la entrega hecha por el Hijo del hombre a la más grande Madre de los hombres? ¿Qué significan en un momento en el que todo es mensaje, es enseñanza, es lección?        

Jesús quiere decirle a la Madre: “Madre, no llores, no llores por mí: tú sabes que Dios es amor, tu ves el amor de Dios porque sabes ver donde ningún otro puede ver. Madre, ¡ama con el amor mismo de Dios! ¡Sé Madre, más aún, yo te lo digo, tú eres madre!        

Y como María acogió en el corazón el Amor de Dios, se convierte en la más grande presencia del Amor de dios en el desierto de amor de la humanidad. Desde entonces, María es en Cristo oración viviente por cada uno de nosotros. María es, desde entonces, la que intercede por nosotros en cada lugar del mundo. Esa es su misión materna. ¡Para siempre! 

4.      Queridos hermanos y hermanas: vuestro pueblo, gracias a la fe en Dios que lo distingue y a la maternidad espiritual de la Virgen que goza, tiene su puesto en la “genealogía” espiritual del Evangelio. Sí, queridos amigos, la historia enseña la vitalidad de vuestra fe, que nunca ha disminuido, sino que ha permanecido siempre presente en el alma de este pueblo hasta llegar a ser elemento constitutivo de vuestra identidad como pueblo. Expresión de esa fe son las familias cristianas que aquí se han fundado, que aquí han vivido y trabajado. Esa fe, que como decía, forma parte de vuestra identidad, continua, gracias a Dios, hasta nuestros días, y continua siendo el móvil de vuestros hogares, de vuestras familias, donde se respira el suave y delicado perfume del Evangelio, manifestado en las virtudes propias de esta tierra: la fidelidad, la dignidad, la sobriedad, el sentido del deber.

Y junto a ello, el amor a la Virgen. Cuando el retablo que hace de custodia de la figura de la Virgen se elevó en esta iglesia,  cuando los hijos e hijas este pueblo la adoptaron como Madre celestial y Patrona principal no podían ni siquiera imaginar todas las vicisitudes que este pueblo iba a pasar en la historia sucesiva. Pero fue ciertamente el hecho de dar lugar especial entre la ciudadanía a la Virgen que da nombre al pueblo,  lo que ha hecho que para todos los que aquí nacen y viven, sea la presencia de María lo que da fuerza para afrontar los desafíos de cada momento. No podía ser de otro modo. Ella es la Madre que ama, que protege, que aconseja, que consuela, que da vida llamada a perdurar. Ella es la Madre de este pueblo que se honra de ella, siempre atenta a las necesidades de todos, siempre dispuesta a que su casa sea hermosa y acogedora para todos. “Ella és la vida i nostra esperança. Ella és la Mare que a tots ens consola en dies de prova de pena i dolor” 

5.      Sí, se bien que la Virgen está en vuestro corazón. Después de tantos siglos, queremos seguir también hoy agradeciéndole su protección y renovarle nuestra confianza, reconociendo que Ella es la “Estrella de la nueva evangelización” que nuestro mundo actual necesita. A sus pies, escuchándola a ella, fijándonos en sus ejemplos maravillosos de vida, podremos aprender cómo llevar a Cristo Salvador al corazón de todos los hombres. Que Ella, consoladora en las penas, os enseñe a llevar a Cristo a las familias, iglesias domésticas y células de la sociedad, que en nuestros días están tan necesitadse tanto en el plano espiritual como en el social. Que Ella os ayude a encontrar las estrategias pastorales para hacer que Jesús sea conocido, amado por los jóvenes, que llenos de fuerza y energía, que aunque sedientos de verdad y libertad verdaderas, tienen también a menudo tantas dificultades y son víctimas de las ideologías, del relativismo, del hedonismo o de la indiferencia religiosa. Que su poderosa intercesión y compañía os hagan a todos capaces de evangelizar el mundo del trabajo, de la economía, de la política, sectores que necesitan de una nueva generación de laicos comprometidos, capaces de crear con competencia y rigor moral soluciones de progreso integral y desarrollo sostenible. En ese camino podéis contar siempre con la guía y el apoyo de la Virgen Santa María.

 
     

 

 

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