Noticias Enlaces
 
 
 
Untitled Document
 
   
Febrero
   
 
L
M
X
J
V
S
D
 
      1 2 3 4 5  
  6 7 8 9 10 11 12  
  13 14 15 16 17 18 19  
  20 21 22 23 24 25 26  
  27 28 29          
     
     
  Noticias  
 

I Convivencia del clero diocesano y los religiosos presentes en la Diócesis

El próximo sábado, 11 de febrero, a las 10’30 de la mañana, tendrá lugar en la parroquia de Sant Jordi la primera ...


Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas

El próximo viernes, 10 de febrero, Día del Ayuno Voluntario, a las 19'00 horas, la celebración de la Eucaristía con ...


Celebración de la Jornada de la Vida Consagrada

El próximo jueves, 2 de febrero, fiesta de la ...

 
     
 
 
     
 

HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN BARTOLOMÉ APÓSTOL

24/8/2009
Parroquia de San Antonio Abad

1.      En la serie de los Apóstoles llamados por Jesús durante su vida terrena, hoy festejamos al apóstol Bartolomé. De Bartolomé no tenemos noticias relevantes; en efecto, su nombre aparece siempre y solamente dentro de las listas de los Doce citadas anteriormente y, por tanto, no se encuentra jamás en el centro de ninguna narración.

Pero tradicionalmente se lo identifica con Natanael: un nombre que significa "Dios ha dado". Este Natanael provenía de Caná (Cf. Jn 21, 2) y, por consiguiente, es posible que haya sido testigo del gran "signo" realizado por Jesús en aquel lugar (Cf. Jn 2, 1-11). A  Natanael Felipe le comunicó que había encontrado a "ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret" (Jn 1, 45). Como sabemos, Natanael le manifestó un prejuicio más bien fuerte:” ¿De Nazaret puede salir algo bueno?" (Jn 1, 46). Esta especie de contestación es, en cierto modo, importante para nosotros. En efecto, nos permite ver que, según las expectativas judías, el Mesías no podía provenir de una aldea tan oscura como era precisamente Nazaret (véase también Jn 7, 42). Pero, al mismo tiempo, pone de relieve la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperaríamos.

La historia de Natanael nos sugiere otra reflexión: en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Felipe, en su réplica, dirige a Natanael una invitación significativa:”Ven y lo verás" (Jn 1, 46). Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva: el testimonio de los demás ciertamente es importante, puesto que por lo general toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega a través de uno o más testigos. Pero después nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús.

Él se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y llega a la conclusión: este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo:”Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel" (Jn 1, 49). En ella se da un primer e importante paso en el itinerario de adhesión a Jesús. Las palabras de Natanael presentan un doble aspecto complementario de la identidad de Jesús: es reconocido tanto en su relación especial con Dios Padre, de quien es Hijo unigénito, como en su relación con el pueblo de Israel, del que es declarado rey, calificación propia del Mesías esperado. No debemos perder de vista jamás ninguno de estos dos componentes, ya que si proclamamos solamente la dimensión celestial de Jesús, corremos el riesgo de transformarlo en un ser etéreo y evanescente; y si, por el contrario, reconocemos solamente su puesto concreto en la historia, terminamos por descuidar la dimensión divina que propiamente lo distingue.

Sobre la sucesiva actividad apostólica de Bartolomé-Natanael no tenemos noticias precisas. Según una información referida por el historiador Eusebio, en el siglo IV, un tal Panteón habría encontrado incluso en la India signos de la presencia de Bartolomé (Cf. Hist. eccl. V, 10, 3). Sus reliquias se veneran en Roma, en la iglesia dedicada a él en la isla Tiberina, adonde las habría llevado el emperador alemán Otón III en el año 983. Concluyendo, podemos decir que la figura de san Bartolomé, a pesar de la escasez de informaciones sobre él, de todos modos sigue estando ante nosotros para decirnos que la adhesión a Jesús puede vivirse y testimoniarse también sin la realización de obras sensacionales. Extraordinario es, y seguirá siéndolo, Jesús mismo, al que cada uno de nosotros está llamado a consagrarle su vida y su muerte.  

2.      Hoy, además, esta parroquia vive la bendición del retablo nuevo que presidirá el templo. Construido con elementos provenientes de un antiguo retablo que sufrió las vicisitudes del paso del tiempo y de la actuación, no siempre afortunada de las personas, desde hoy en adelante, esta artística obra será un elemento caracterizador de la fisonomía interna de la iglesia. 

El libro de los Macabeos nos presenta el  relato de la purificación del Templo y de la dedicación  del  nuevo altar de los holocaustos por obra de Judas Macabeo en el año 164 antes de Cristo, tres años después de que el Templo fuera profanado por Antíoco Epifanes (Cf. 1 M 4, 52-59). En recuerdo de aquel acontecimiento se instituyó la fiesta de la Dedicación, que duraba ocho días. El autor sagrado subraya con razón la alegría y la felicidad que caracterizaron aquel acontecimiento. Pero, queridos hermanos y hermanas, ¡cuánto más grande debe ser nuestra alegría al saber que sobre el retablo que nos disponemos a bendecir será un elemento indicador de la dignidad del sacrificio que se ofrecerá cada día el sacrificio de Cristo; ante este retablo Él seguirá inmolándose, en el sacramento de la Eucaristía, por nuestra salvación y por la de todo el mundo! En el misterio eucarístico, que se renueva en todos los altares, Jesús se hace realmente presente. Su presencia es dinámica; nos abraza para hacernos suyos, para configurarnos con él; nos atrae con la fuerza de su amor, haciéndonos salir de nosotros mismos para unirnos a él, haciéndonos uno con él.  

3.      La presencia real de Cristo hace de cada uno de nosotros su "casa", y todos juntos formamos su Iglesia, el edificio espiritual del que habla san Pedro. "Acercándoos a él, piedra viva desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios —escribe el Apóstol—, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo" (1 P 2, 4-5)

Por tanto, el amor de Cristo, la caridad "que no acaba nunca" (1 Co 13, 8), es la energía espiritual que une a todos los que participan en el mismo sacrificio y se alimentan del único Pan partido para la salvación del mundo. En efecto, ¿es posible comulgar con el Señor si no comulgamos entre nosotros? Así pues, no podemos presentarnos ante el altar de Dios divididos, separados unos de otros.

Este retablo, ante el que dentro de poco se renovará el sacrificio del Señor, ha de ser para vosotros, queridos hermanos y hermanas, una invitación constante al amor; debéis acercaros siempre a él con el corazón dispuesto a acoger el amor y a difundirlo, a recibir el perdón y a concederlo.

Por tanto, cada vez que os acerquéis al retablo para la celebración eucarística, debéis abrir vuestro corazón al perdón y a la reconciliación fraterna, dispuestos a aceptar las excusas de quienes os han herido; dispuestos, por vuestra parte, a perdonar. En la liturgia romana el sacerdote, una vez realizada la ofrenda del pan y del vino, inclinado hacia el altar reza en voz baja:”Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que este sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia". Así, se prepara para entrar, con toda la asamblea de los fieles, en el corazón del misterio eucarístico, en el corazón de la liturgia celestial.  

En cierto modo, el altar del sacrificio se convierte en el punto de encuentro entre el cielo y la tierra; el centro —podríamos decir— de la única Iglesia que es celestial y al mismo tiempo peregrina en la tierra, donde, en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, los discípulos del Señor anuncian su pasión y su muerte hasta que vuelva en la gloria (Cf. Lumen gentium, 8). Más aún, cada celebración eucarística anticipa ya la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre el mundo, y muestra en el misterio el esplendor de la Iglesia, "esposa inmaculada del Cordero inmaculado, esposa a la que Cristo amó y se entregó por ella para santificarla" (ib., n. 6).

El rito que nos disponemos a llevar a cabo en esta parroquia, que hoy admiramos en su renovada belleza y que con razón queréis hacer cada vez más bella y acogedora, suscita en nosotros estas reflexiones. Este compromiso os implica a todos y exige, en primer lugar, que toda la comunidad parroquia crezca en la caridad y en la entrega apostólica y misionera. En concreto, se trata de testimoniar con la vida vuestra fe en Cristo y la confianza total que depositáis en él. También se trata de cultivar la comunión eclesial, que es ante todo un don, una gracia, fruto del amor libre y gratuito de Dios, es decir, algo divinamente eficaz, siempre presente y operante en la historia, más allá de toda apariencia contraria. Pero la comunión eclesial es también una tarea confiada a la responsabilidad de cada uno. Que el Señor os conceda vivir una comunión cada vez más convencida y activa, en colaboración y con corresponsabilidad.

 
     

 

 

  © 2007 Obispado de Ibiza. C/Pedro Frances, 12- 07800 Eivissa |
Telf 971 31 27 73   Fax: 971 31 27 76   obibiza@obispadodeibiza.es
Página web creada por Neointeractiva s.l