1. Como viene siendo ya tradicional, nos reunimos en esta tarde pastores y fieles de las distintas iglesias cristianas presentes en Ibiza y Formentera para elevar nuestra oración confiada al Padre por la unidad entre nosotros, pidiéndole que se cumpla su deseo: “Padre, que todos sean uno…para que el mundo crea (Jn 17,21)” y, a la vez, renovar nuestro compromiso de trabajar sin descanso hasta que se realice esa unidad, voluntad de Dios. Por eso, al tomar la palabra os saludo a todos con afecto, viéndoos a cada uno como hermano, pues hemos recibido el mismo bautismo, tenemos fe en Jesucristo, salvador de los hombres, con una fe que nos ha de mover a un trabajo común, llevado a cabo con espíritu de leal y fraterna colaboración para que el mundo crea en Dios, en su enviado, Jesucristo, el único Salvador de los hombres, y llevemos una vida animados por el Espíritu. 2. “Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (Lc 24, 48). Estas son las últimas palabras de Jesucristo citadas por San Lucas en su evangelio y que hemos escuchado en la proclamación del Santo Evangelio. Son, también, el lema que nos ha guiado en nuestra oración, desde el domingo pasado, 18 de enero, en la oración que cada uno, en su iglesia, ha ido dirigiendo al Padre. Vamos a recorrer un poco algunos pasos de ese relato de San Lucas. Hemos encontrado en primer lugar a las mujeres asustadas junto a la tumba; de todos modos ellas se encuentran con las señales de la Resurrección de Jesucristo y se van a anunciarlo a los Once Apóstoles (Cf. v.8), que están sumidos en el temor y la duda. Después el mismo Resucitado se aparece a los discípulos camino de Meaux, y a continuación a Simón Pedro a los mismos Once y a otros que estaban con ellos. A todos ellos Jesús les abre la mente para que puedan comprenden su Muerte redentora y su Resurrección, afirmando que “en su nombre se ha de proclamar a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, un mensaje de conversión y de perdón de los pecados” (v. 47) y les encarga ser testigos de todo ello: “Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (v. 48), prometiéndoles el envío del Espíritu Santo para que todos juntos puedan cumplir el mandato. El encuentro con Jesús resucitado y la explicación que de él reciben les hace compartir una experiencia: la de la resurrección del Señor, y eso cambia radicalmente su vida y les implica en una misión: la fidelidad a Cristo les llevará a anunciar la Buena Nueva. El encargo o misión que Jesús hace y que es el lema de este año: “Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (Lc 24, 48), suscita en nosotros dos preguntas. La primera es ¿qué quiere decir “de todas estas cosas”? La segunda pregunta seria ¿Cómo podemos ser nosotros testigos de todas estas cosas? Todas estas cosas quiere decir la Cruz y la Resurrección: los discípulos han visto cómo han crucificado a Jesús y después le han visto resucitado; de ese modo empiezan a comprender las Escrituras que hablan del misterio de la Pasión y de la Resurrección del Señor. Todas estas cosas quiere decir, pues, el misterio de Cristo, el Hijo de Dios que se ha hecho hombre, murió por nosotros y resucitado está vivo para siempre y es garantía de la vida eterna que nos espera. Ahora bien, y esto es importante, conocer a Cristo es conocer el verdadero rostro de Dios: en Cristo el Dios que puede parecer lejano se hace cercano y se nos manifiesta: “todas estas cosas” quiere decir Dios hecho hombre y cercano a nosotros a nosotros. Y más aún y esto es más importante: Jesucristo no está solo: murió y resucitó para atraer todos a sí; Cristo es la cabeza de de un cuerpo, Cristo reúne en sí a toda la humanidad. Vamos ahora a la segunda pregunta: ¿Cómo podemos ser testigos de todas estas cosas? Podemos ser testigos sólo conociendo a Cristo y, conociendo a Cristo conocer a Dios. Pero conocer a Cristo implica una dimensión intelectual, pero es mucho más que eso: es un proceso existencial que nos hace testigos; en otras palabras: conocer a Cristo debe ser un hecho que atañe a mi persona, y no sólo porque lo digan otros. Encontrándolo realmente en la propia vida podremos ser testigos; es necesario, pues, un encuentro personal. 3. Nosotros, por nuestro bautismo hemos sido hechos hijos de Dios, cuerpo de Cristo, templos del Espíritu y miembros de la Iglesia. Por ello, depositarios y continuadores de esa misión. A nosotros va dirigida hoy la admonición del Señor: “Vosotros sois testigos de todas estas cosas”. A la comunidad cristiana actual corresponde llevar a cabo esa misión. La historia de casi dos mil años de cumplimiento de la misión ha traído divergencias en algunos aspectos, divisiones e incomprensiones. Aunque ello haya debilitado la eficacia de los resultados de la misión, no por ello la exigencia de la misma ha venido a menos. Y si queremos, pues, que la misión sea eficaz hoy en el mundo, hemos de superar, con fidelidad a Dios y a su mensaje, con lealtad a los hermanos y con espíritu de servicio, lo que nos separa y favorecer lo que nos une para que se cumpla el ardiente deseo de Nuestro Señor Jesucristo: “Padre, que todos sean uno…para que el mundo crea” (Jn 17,21). Si queremos que el anuncio del Evangelio, principal misión de los cristianos, sea afectivo y su contenido creíble, tenemos que vivir y trabajar unidos como verdaderos hermanos, pues lo somos por el bautismo. Si queremos vivir la misión juntos, hemos de potenciar actividades juntas que nos lleven a manifestar a Dios, que nos ofrece el don de la vida y nos promete la resurrección, compartir y agradecer la historia de la fe, presentando cómo Dios actúa y está presente en nuestras vidas, confesando por ello a Cristo como el vencedor de todo sufrimiento, ser más fieles cada día a las exigencias de la Palabra de Dios, crecer en la práctica de la caridad. Se fomenta así un cristianismo más auténtico. Afortunadamente, y de modo muy especial desde el Concilio Vaticano II hemos dado pasos muy válidos y evidentes en el camino hacia la unidad. No sólo hay relaciones cada vez más fraternas, respondiendo así al mandato del amor, sino también un progreso en la investigación teológica: el valor y el reconocimiento mutuo del bautismo, los matrimonios mixtos, los casos concretos de “comunicatio in sacris” en los casos en que es posible. Los contactos y las reuniones han ido aumentando con un mayor conocimiento mutuo. Queda camino por recorrer, pero no estamos parados... 4. Cuando la fe se asienta y se perciben elementos comunes, pues, aparecen ante nosotros campos de colaboración y acción común. Vivimos en un tiempo en que se banaliza la vida humana, atacándola no sólo con crímenes abominables como el aborto y la eutanasia, tan condenados por Dios, como permitiendo que corrientes egoístas creen situaciones de injusta desigualdad entre los hombres. Se pretende apartar a Dios y su mensaje salvador de la vida pública, como si Dios fuera superfluo para los hombres o perjudicial para la sociedad, cuando es más bien lo contrario. Muchos más son los ejemplos que podríamos señalar. Lo importante es que en estos campos y en otros, surja un verdadero espíritu de anuncio común, y juntos trabajemos, siendo testigos de estas cosas, es decir, de Jesucristo y de su mensaje de salvación. El camino está marcado, nos lo marca el mismo Jesús, y a nosotros, juntos nos corresponde recorrerlo. Queridos hermanos: nos encontramos ante una realidad compleja, pero no imposible. Por ello, para promover el diálogo, para que podamos dar un testimonio común de fidelidad a Cristo en el mundo en el que nos encontramos, oremos y trabajemos para que el Señor acoja nuestra voluntad de cumplir su mandato: ¡Que todos sean uno para que el mundo crea! |