Hoy es la fiesta de la Ascensión del Señor, una de las grandes fiestas del Año litúrgico. Hasta hace unos años esta fiesta se celebraba en jueves, a los cuarenta días de la Pascua y la sabiduría popular destacaba la importancia de este día con aquel refrán que decía: “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. A esta solemnidad unimos la acción de gracias a Dios por el segundo centenario de la fundación de las Religiosas Terciarias Trinitarias, benemérita congregación de cuyo apostolado ha sido especialmente beneficiario este pueblo de Sant Antoni de Portmany y esta parroquia puesta bajo el patronazgo del santo Abad, iniciador de la vida cenobítica. 2. La fiesta de la Ascensión es un día grande para Jesús y comprometedor para los cristianos. Para entender bien lo que es y lo que significa este misterio es preciso comprender la diferencia entre desaparición y partida. Con la Ascensión, natural consecuencia de la Resurrección, Jesucristo no se ha alejado ni ha salido del mundo, sólo ha desaparecido de la visión hasta aquel momento habitual en los años de su vida pública. Quien parte de un lugar ya no está. Sin embargo, Jesús en el momento de la Ascensión desaparece, es verdad, de la vista de los apóstoles, pero continua con una presencia diversa, más íntima, no fuera sino dentro de los Apóstoles y sus seguidores. Algo así como con la Eucaristía: mientras la Hostia consagrada está fuera de nosotros la vemos y la adoramos; cuando la recibimos en la comunión no la vemos ya, pero está dentro de nosotros dando así lugar a una presencia nueva y más intensa. 3. Ante el misterio de la Ascensión nos podemos hacer una pregunta: Si Jesucristo no está ya presente ¿cómo podrán los hombres percibir su presencia? ¡La respuesta es que Él quiere hacerse presente de otro modo, a través de sus discípulos! Tanto en el Evangelio de San Lucas como en el Libro de los Hechos de los Apóstoles aparece estrechamente ligado el tema de la Ascensión al del testimonio: “Vosotros seréis mis testigos” (Lc 24,8) dice Jesucristo a sus Apóstoles. Ese “vosotros” se refiere en primer lugar, sí, a los Apóstoles que han vivido con Jesús. Ese encargo pasa después a los sucesores de los Apóstoles, es decir a los obispos y a sus colaboradores los sacerdotes. Pero se extiende también a todos los bautizados y creyentes en Jesucristo. Como enseña el Concilio Vaticano II “los fieles… deben dar testimonio ante todos de la vida y de la resurrección del Señor Jesús y señal del Dios vivo” (Lg, 38). Encargo, pues, que para todos nosotros brota de la vivencia y celebración de la Ascensión del Señor es el de ser, siempre y en todas partes, testigos creíbles de la presencia de Dios, al que conocemos manifestado en Cristo el Señor. 4. Se ha hecho célebre la frase del Siervo de Dios el Papa Pablo II: “ El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio” (Exh. Ap. Evangelii nuntiandi, 41). Es relativamente fácil ser maestro, y un poco más difícil es ser testigo. En efecto, el mundo está lleno de maestros, o mejor dicho, de falsos maestros que se presentan como poseedores de la verdad, cuando verdad hay sólo una ya que una cosa no puede ser verdadera y falsa a la vez. En cambio, son más raros los testigos. Entre el maestro y el testigo la diferencia es la que hay entre el decir y el hacer, pues los hechos hablan más fuerte y claro que las palabras. El testigo es uno que habla con la vida. La fiesta de la Ascensión es una invitación a cumplir el encargo de ser testigos del Dios vivo, gente convencida que dé testimonio de su presencia, de sus obras, de sus palabras. ¡Delicado encargo y preciosa vocación la nuestra!. 5. Entre los testigos, hoy al conmemorar el segundo centenario de la fundación de las Terciarias Trinitarias, hacemos memoria de Miguel Ferrer Bauzá, religioso Trinitario, difusor del culto a la Santísima Trinidad como fuente de liberación del hombre. Alumno primero del Seminario de Mallorca, se sintió cautivado por el espíritu de la Orden Trinitaria y profesó en la misma. Catedrático de la Universidad de Palma, fue un gran escritor en lengua mallorquina y por sus ideas conservadoras y antiliberales fue condenado a muerte, debiendo ser fusilado precisamente en Ibiza, pero el regreso al poder de Fernando VII evitó el cumplimiento de esa irracional pena. Después de una vida azarosa –recordemos la exclaustración forzada en 1835, la terrible tragedia de la desamortización de Mendizábal, que privó a la Iglesia de sus bienes y condenó a muchos monumentos a su desaparición y destrucción- se trasladó a vivir a Sa Vileta, barrió donde construyó la parroquia de la Concepción, donde residió hasta su muerte el 7 de enero de 1857 a los 87 años de edad. Este hombre creyente en su afán por dar a conocer la espiritualidad trinitaria, recorre pueblos y villas predicando el culto a la Trinidad. Así fue como formó en Felanitx, pueblo situado al sur de Mallorca, el año 1809, la congregación o Cofradía de la Trinidad, formada por hombres y mujeres jóvenes. En la riqueza de la experiencia Trinitaria y liberadora de Miguel Ferrer floreció, en 1810, la comunidad de trinitarias que tienen en la Iglesia la Misión de revelar desde sus vidas y sus obras, el rostro de Dios y su acción liberadora. Esta opción por la tarea liberadora, significa: insertarse en el pueblo y hablar y actuar a partir de su vida, de la justicia del trabajo, del derecho a la salud, a la enseñanza, a los bienes de la cultura. Todos estos elementos son los principios básicos para la Regla de vida de las Trinitarias, firmada por Miguel Ferrer el 6 de agosto del año 1826 con el título: "Regla de las Terciarias de la Santísima Trinidad, establecidas en Felanitx el año 1810 ". Las Trinitarias comenzaron poniendo sus vidas y su tiempo al servicio de su pueblo como mujeres que caminan al lado de sus vecinos, aprendiendo de ellos; fueron populares, sensibles y solidarias con todos, participando en su acción liberadora. Fue en el 1903 cuando se fundó la primera casa en Palma de Mallorca. Primero pusieron una escuelita y luego un pensionado a petición de los padres de Felanitx que mandaban a sus hijas a estudiar a Palma. A partir de este momento la Congregación fue extendiendo su radio de acción y se sucedieron las fundaciones en Mallorca, Ibiza, Tarragona, Barcelona, Madrid, Granada… Y en el 1957 fueron las tierras de misión las que nos empujaron a llevar el carisma primero a Perú y luego a Bolivia. 6. El carisma de la Congregación busca
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