1. Celebramos hoy la fiesta del Nacimiento de San Juan Bautista. Generalmente la Iglesia festeja el día del nacimiento al cielo. Pero hay dos excepciones: el Nacimiento de Jesucristo, en Navidad, y el de San Juan Bautista, hoy. Se eligió esta fecha del 24 de junio porque si según el Evangelio Juan el Bautista debía nacer seis meses antes de Cristo, pues respetando las calendas, esta fiesta tiene lugar seis meses antes de la Navidad. Se trata de una fiesta muy antigua que se remonta al siglo IV, e incluso antes. Conciertos, recitales de poesía, hogueras, etc., todo pretende dar un sabor a este día. Y es una fiesta muy sentida por los pueblos y con un carácter de alegría. Seguramente pocos conocen que las notas musicales, do, re, mi, fa, sol, la, si fueron elegidas así por Guido d’Arezzo, cuando en el siglo XI quiso dar nombre a la escala musical inspirándose en las primeras silabas de las primeras siete palabras del himno latino de esta fiesta compuesto por Pablo el Diácono en honor del Bautista. 2. La fiesta de hoy, más que llevar nuestra atención a la figura y a la obra del Bautista, se centra, como no puede ser de otra manera, en su nacimiento. En efecto, en la primera lectura (Is 49, 1-6), hemos escuchado una hermosa profecía que nos recuerda la elección divina. El Evangelio que hemos escuchado se ha centrado en la imposición del nombre. La madre, Santa Isabel, insiste en que debe llamarse “Juan”, que significa “don de Dios”; algunas parientes y vecinas le hacen caer en la cuenta de que nadie en su familia se llama así y que ello es contrario a la costumbre de la época, donde, al igual que sucede ahora en muchos sitos, el primogénito viene llamado con el nombre del padre o del abuelo. Ella insiste, se le pregunta al padre, mudo, y escribe en una tablilla: “Juan es su nombre”. Así los protagonistas de este Evangelio proclamado hoy son el niño que nace –verdadero regalo de Dios como son todos los niños: su madre, Isabel, que está llena de alegría por su maternidad; su padre, Zacarías, que ve como la palabra de Dios se cumple. Y un mensaje: el nacimiento de un niño es motivo de alegría; su eliminación, una cosa horrible, una oposición fuerte al plan de Dios. Un hijo es siempre una iniciativa divina, un regalo de Dios a la persona y a la humanidad. Eliminarlo, llaméese como se le quiera llamar, algo que quita nobleza y crea tristeza, angustia y es fuente de tantos males. 3. San Juan Bautista es el Precursor de Jesús. Por eso, hay tanto paralelismo entre ambos: Nacimiento anunciado por un ángel, que indica el nombre; circuncisión, misión recibida del Padre, vida honrada de de hacer el bien y, finalmente, condena injusta inflingida por defender la verdad. Dios cuando nos pide una misión, cuando nos pide algo en la vida –y a cada uno nos concede una vocación- primero nos da la gracia y la fuerza necesaria para llevarla a cabo. Así, hemos escuchado en la Primera Lectura lo hemos visto claramente: llamado desde el seno materno, es decir, pensado con amor e ilusión por Dios .-como ha ocurrido a cada uno de nosotros- ha sido dotado de todos los dones que le hacen capaces de dedicarse a la predicación con particular fuerza de persuadir. Esto nos tiene que hacer pensar: Yo estoy en el mundo, no por casualidad, sino por designio de Dios. Dios quiere algo de mí: que sea un buen padre o buena madre de familia, un buen profesional, un honrado trabajador, un político eficiente y válido…Es importante, pues, conocer qué quiere Dios de mí. Y para lo que quiere me ha dado unas cualidades –todos somos, en cierta medida “juanes”, es decir, dones de Dios. ¿Qué hago con esas cualidades? 4. Con ese nacimiento, pues, se inicia una vida ejemplar, una vida que sigue los designios de Dios sobre él. San Juan Bautista se dejó guiar por los designios del Espíritu Santo sobre él y ha sido valiente, llevando una existencia clara y sin temor: fue un hombre fuerte. Su historia ha sido marcada por la libertad y la pasión por el Reino de Dios. Vive como ciudadano del Reino, aunque aún ese Reino n había alcanzado su plenitud con el triunfo de Cristo. Por eso, es un oyente de la Palabra de Dios, de los profetas. Con su predicación preparó a Jesucristo un pueblo de oyentes. Podemos concluir diciendo que el Bautista es el modelo del discípulo y del apóstol, con una vida totalmente dirigida hacia Jesús. Es también modelo de una conciencia fuerte y bien formada, limpia y valerosa. No se confirmaba con compromisos cómodos, a lo cual estamos tantas veces tentados. |