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HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN CIRIACO

8/8/2011
S.I. CATEDRAL

1.      Hoy ocho de agosto, día grande para Ibiza y Formentera, nos recuerda cómo en esta misma fecha, en la que el calendario romano celebra al mártir San Ciriaco, entraron en 1235 las tropas cristianas en esta Villa y la conquistaron para la Corona de Aragón, bajo la guía del entonces arzobispo electo de Tarragona, Guillem de Montgrí, con la ayuda del infante Pedro de Portugal y Nunó Sanç, conde del Rosellón. Ellos trajeron la fe cristiana, que en los primeros siglos de la era cristiana ya había estado presente en nuestras Islas. La fe cristiana, pues, es una antiquísima raíz de la identidad pitiusa y el ocho de agosto nos lo hace presente. 

2.      Mientras el ambiente festivo y relajado, propio de este día nos invita al fausto y a la alegría, el Evangelio de San Mateo, que acabamos de escuchar nos dice: “os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles…Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.” (Cf. Mt 10, 17-22) El contraste es grande. Además de la fiesta histórica, hoy el martirio de San Ciriaco se presenta a nuestra consideración, un martirio causado por el creer en la promesa del Señor, fiarse de su Palabra y ordenar su vida según ella.

En el pasaje proclamado del Evangelio de Mateo (Mt 10,17-22), Jesús advierte a sus discípulos que la fidelidad al Evangelio conlleva dificultades y persecución. Más para Jesús lo que importa en la persecución no es el lado doloroso del sufrimiento, más bien el lado positivo del testimonio: “os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y los gentiles”. La persecución es una oportunidad para dar testimonio de la Buena Nueva que Dios nos trae. Fue lo que aconteció con San Ciriaco y con toda la pléyade de mártires que siempre han acompañado el caminar de la Iglesia.  El martirio es una forma de vivir el cristianismo que pertenece a su misma esencia y que, por tanto, no podemos renunciar ni descartar.

Bajo el altar mayor de la iglesia romana de Santa María in Via Lata se conserva el sepulcro de este mártir. Célebre diácono, fue muy conocido por haberse dedicado a dar apoyo a los cristianos condenados a trabajos forzados; fue martirizado por orden del emperador Maximiano Hercúleo, en la Vía Salaria. El Papa San Marcelo trasladó su sepultura a la Vía Lata. La vida de San Ciriaco fue un reflejo de la preocupación constante de la Iglesia de Roma por promover la ayuda a los necesitados. San Ciriaco es, pues, un hermoso testimonio de cómo la fe cristiana se expresa en un servicio generoso, aunque a veces arriesgado, a los hermanos. Un servicio inspirado en el amor a Dios, que se extiende naturalmente en el amor a los demás, especialmente a los más necesitados, aunque su realización nos cueste la vida. 

3.      La vinculación entre el día de la memoria litúrgica de san Ciriaco y la llegada de las tropas cristianas a la misma ha creado pues un vínculo estrecho entre este Santo y nosotros.

Cuando las tropas llegaron a nuestras Islas en 1235 se dice que entraron entonando el Te Deum, para darle gracias a Dios que les había permitido llegar hasta aquí, trayendo con ellos un modo de vida que ciertamente enriqueció a les Ilhes Pitiuses. Eran depositarios y dejaron aquí un modo de vida, una cultura, una lengua y, por encima de todo, la fe cristiana. Mons. Isidor Macabich lo describe sintética y modélicamente como basado en la “Fe, llengua y llibertad” (Cf. Himne a Nostra Dona Santa María d’Eivissa). La celebración, pues, de esta fiesta cada año nos ha de mover para entonar también el Te Deum agradeciendo a Dios lo que han sido nuestras Islas en estos 776 años, con sus luces y también con sus sombras, a la vez que es una oportunidad privilegiada para fortalecer la identidad de nuestra comunidad y afianzar nuestro compromiso para que esos valores tan nuestros no desaparezcan sino que sigan configurando nuestra identidad y nuestro modo de vida. Como creyentes es, pues, una buena ocasión para promover, con renovado entusiasmo, nuestra presencia en un territorio al que podemos aportar las riquezas de la fe y las consecuencias de su vivencia. 

4.      El 8 de agosto de 1235 les Pitiuses recobran su carácter cristiano que llega hasta el día de hoy: nuestros pueblos toman nombres de santos, sus fiestas determinan el calendario festivo de nuestras Islas, la fe motiva las mejores obras de arte que poseemos, aparecen las obras de caridad, asistenciales y educativas propias de la religión católica, muchas familias se forman con las virtudes derivadas del matrimonio contraído indisolublemente entre un hombre y una mujer, se defiende la vida en todas sus fases, las gentes crecen y se desarrollan bajo el signo del amor de Dios, los grandes hombres del mundo de la cultura tuvieron su inspiración en el cristianismo.

Con las necesarias adaptaciones derivadas del paso del tiempo y la positiva evolución en tantos aspectos, ése es nuestro mundo, del que nos sentimos satisfechos y que tenemos que preservar y ofrecer al conjunto de personas y pueblos que entran en contacto con nosotros.

Aquí tenemos las parroquias, comunidades de piedras vivas que son los fieles, asentados en esas piedras que forman nuestros templos, muchos de ellos de notorio valor histórico-artístico, y cuyas paredes, empezando por las de esta Catedral y llegando a cada iglesia, son también brazos que acogen a toda persona en los momentos ordinarios y también en los momentos fuertes, como son las bodas, bautizos, comuniones, confirmaciones, y entierros: reciben a los fieles cuando nacen, los acompañan a lo largo de sus días y los despiden al terminar su peregrinación terrena. La pertenencia, cercanía, colaboración y vida en la parroquia es un elemento fundamental para preservar la fe personal y comunitariamente. Y viviendo y conservando la fe, teniendo en cuenta el absoluto  respeto a la libertad religiosa y de conciencia, se contribuye al progreso de nuestra sociedad. 

5.      Hoy, 776 años después de aquella gloriosa fecha, es compromiso nuestro que la luz verdadera, que es Cristo, (Cf. Jn 1,8) y que nos trajeron entonces ha iluminado nuestras Islas, siga resplandeciendo entre nosotros. A esta responsabilidad estamos llamados todos los creyentes. 

La luz disipa las tinieblas. Por eso, iluminados por esa luz verdadera estamos llamados a prestar el servicio de hacer que llegue a todos, no como presumidos posesores de la verdad, sino como humildes servidores y testigos de Jesucristo. A las personas que dudan, que sufren, que no encuentran respuestas a los interrogantes más profundos de cada persona, al hombre que mira el futuro con miedo y timidez, la fe y el testimonio de la comunidad cristiana deben hacer presente la plenitud de vida y de esperanza que brotan de Jesucristo. La verdadera respuesta a las angustias que afligen al hombre está en dejarse iluminar por esa luz. 

Vivir y trasmitir esa luz de la fe es lo específico del cristiano en la vida social en todas sus facetas, teniendo en cuanta que la fe no es una mera opinión vacía de significado por la que no vale la pena implicarse. La importancia de vivir y transmitir ese compromiso nos hace caer en la cuenta que renunciar al mismo sería no tomar en la debida consideración el testimonio de nuestro Patrón, San Ciriaco, y también renunciar a la historia de Ibiza y Formentera, que ha conocido sus mejores momentos cuando se ha fundamentado en esa fe. 

Por otro lado, la verdad de la fe es útil y válida para todas las personas. Las enseñanzas de la fe no tienen límites y están abiertas a todos y a todas las situaciones humanas, sin distinción. Por ello, nos tenemos que sentir todos responsables de la misma y procurar que la sabiduría del Evangelio ilumine todos los espacios, evitando que la fe quede relegada a espacios y tiempos limitados, reduciendo sus expresiones a lo meramente privado e impidiendo su presencia en determinados aspectos de la vida social y pública.

Que el recuerdo de nuestros orígenes y la intercesión de nuestros Patronos, la Virgen de las Nieves y San Ciriaco nos ayuden en ese camino.

 
     

 

 

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