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HOMILÍA EN LA VIGILIA DIOCESANA POR LAS FAMILIAS |
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| 6/7/2007 |
| PARROQUIA DE SANTA GERTRUDIS |
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| Queridos padres y queridos hijos:Cuando tomo la palabra en esta vigilia diocesana de la familia, tengo ante mí el hermoso espectáculo de tantas hermosas familias, que viven en la alegría, iluminadas por la fe y alimentadas por el amor: estas familias existen y son una reserva de esperanza para la sociedad, son las células de la sociedad tal y como Dios la quiere. Ello no nos debe hacer olvidar que hay familias que no pareen tales, donde los hombres no son padres ni las mujeres son madres. Celebramos hoy esta vigilia diocesana de las familias para afirmar aquellas verdades que en nuestros días, en ocasiones, parecen neciamente negadas mediante modelos favorecidos por ciertos medios de comunicación social. Hemos de recuperar la libertad de decir no a aquello que no es la familia y reclamar la libertad de proseguir por el luminoso camino que llevan a cabo tantas familias y que son una riqueza que no podemos perder ni desaprovechar. La crisis de la paternidad y de la maternidad Para se padre o madre es preciso tener uno o más hijos. Y para ser hijo hay que tener un padre y una madre. En nuestro mundo actual ¿es siempre así?Quisiera con este encuentro afirmar la belleza de ser padre o madre. En efecto, la familia es el lugar humano donde se manifiesta el misterio de Dios; la familia nace del amor, que es un reflejo del amor de Dios; en la familia nace la vida, contribuyendo al hermoso espectáculo de la vida de los niños. Hoy, la familia verdadera está en discusión, se la combate desde una cultura egoísta y que busca el placer a cualquier precio. Por eso, hoy los jóvenes parecen perdidos, crecen sin unos indicadores seguros que les señalen el camino: son las primeras víctimas de una generación de adultos que no les ofrecen valores.Es duro decirlo, pero si en la familia no se enseñan las cosas auténticas, acabaremos diciendo, como indicaba un conocido periodista laico italiano: “¡Atención padres! ¡Atención educadores! Si continuamos por ese camino acabaremos por decir: “Nuestros hijos, nuestros monstruos”. El problema de la educación de las nuevas generaciones es una verdadera emergencia: tantos jóvenes mueren en medio a una sociedad indiferente, frívola, llena de riesgos y trampas para su vida.El domingo pasado publiqué en la prensa local un artículo afirmando cómo la familia es el primer lugar de la educación. Os aconsejo su lectura. Si la familia no cumple esa misión se traiciona la vocación a ser padres o madres. El 21 de octubre de 2001 asistí en la Plaza de san Pedro, en Roma, a la beatificación de un matrimonio: los esposos Luigi y María Beltrame-Quattrocchi. Asistían también los tres hijos, con más de noventa años cada uno, de esa pareja y se les veía unos ojos radiantes de felicidad. Uno de ellos, sacerdote, me decía: “El primer regalo con el que los hijos se encuentran son los padres. Pero, si los padres son escuálidos o mediocres ¿qué regalo tienen los hijos? ¡Qué importantes son los padres para los hijos! Si no son grandes, la familia es un desastre, aunque se viva en un palacio o se viaje en un coche de lujo.Quisiera dar cuatro consejos para hacer de las familias, cristianas o no de Ibiza y Formentera, hermosos y luminosos ejemplos. El primero de ellos es estar juntos, dedicar tiempo a la familia.1) Ejemplo de la niña de Molfetta. La primera misión de los padres es dar tiempo a sus hijos, pasar con ellos horas y horas, dejarles hablar, escucharles y dialogar con ellos sobre los problemas que tienen, propios de la edad y cambiantes con los años. No faltan los padres que incumpliendo este deber, creen que hacen bien supliéndolo con regalos y vacaciones, con cursos y más cursos de esto y de aquello, con tantas cosas, pero vacíos de diálogo y de afecto.Queridos padres: ¡dad tiempo a vuestros hijos! En vuestro horario, contemplad en medio a las miles y miles de ocupaciones que tenéis, un tiempo importante para ser amigos y cercanos a vuestros hijos, para medir el pulso de la vida que crece en ellos y les plantea tantos interrogantes, los cuales han de recibir en casa la primera y más válida respuesta: ese es vuestro más sagrado deber. 2) El segundo consejo es ofrecer a los hijos modelos válidos de vida. Vivimos en un mundo en el que hay una verdadera conjura contra el valor de la vida interior. Problema de la TV, del Gran hermano.De ciertos modelos que se les ofrecen a nuestros hijos no pueden nacer familias, no pueden nacer padres y madres, no pueden madurar compromisos capaces de hacer de la vida una experiencia hermosa. Es necesario ayudar a los jóvenes a desarrollar una capacidad crítica en relación con los modelos falsos y autodestructores que ofrece nuestra sociedad con tanta desenvoltura. No hay que esconderles a los hijos los problemas, no hay que dejarlos sin resolver: más bien es preciso tener el valor de afrontarlos juntos, padres e hijos, presentándoles a éstos últimos las razones y los motivos de las decisiones tomadas y vividas por los padres: eso es educar verdaderamente! 3) El tercer consejo es orientar y acompañar a los hijos hacia experiencias que puedan introducirlos, de verdad, en la vida de adultos. Hoy los jóvenes se independizan pronto de los deberes, pero muy tarde de los derechos: se quedan en casa hasta muy tarde, se sienten cómodos en una casa donde les preparan la comida, les ofrecen un techo, les lavan la ropa, y, encima no pagan ni contribuyen en nada. Es una postura cómoda, pero viene espontáneamente preguntarse: ¿de ese modo, están preparados para la vida?Los padres que quieren a sus hijos han de sentir la preocupación de estimularlos a crecer, animándolos a asumir las responsabilidades y orientándolos a que vivan experiencias fuertes, que les ayuden a entregarse a los demás. Por que hay que tener claro que ésta es la vida adulta: la vida que sabe dar y darse.La sociedad del egoísmo, del individualismo, la sociedad sin cortesía ni convivencia es la sociedad sin amor. Precisamente eso la sociedad sin amor. Hay muchos jóvenes hoy en día que conocen todo sobre el sexo y sin embargo no saben amar; por ese motivo son incapaces de querer un autentico matrimonio, son incapaces de crear una familia, de vivir la belleza de la paternidad y de la maternidad, de ser fieles al amor. No podemos resignarnos ante esta situación porque asumiríamos responsabilidades muy grandes ante Dios y ante la historia. 4) El cuarto consejo es la oración en la familia. Decía la madre Teresa de Calcuta muchas veces: “es necesario recuperar la oración dentro de la familia cuando una familia reza no cae, la familia que reza sabe mantenerse en pie en medio a las dificultades”Esto lo decía madre Teresa con la convicción de quien ha pasado por las pruebas. La familia de madre Teresa tuvo que pasar por duras pruebas: dos hermanitas pequeñas murieron en un accidente; su padre fue asesinado cuando madre Teresa tenía solamente nueve años y la miseria, que hasta entonces no conocía entró en su casa. Y sin embargo pudieron superarlo todo y en su familia reinó siempre la paz, el optimismo, la generosidad y la alegría de vivir. ¿Porqué? La respuesta es solamente una: porque en su casa estaba siempre encendida la lámpara de la oración. La oración dentro de la familia es una cosa estupenda.Madre Teresa añadía también: “cuando se reza la cara de la gente es más hermosa”. Es verdad la oración nos ayuda a ver todo a la luz de Dios y nos ayuda a descubrir cual es la belleza que hay en las personas.Os cuento este propósito una historia emotiva un día me encontré por Roma en la Plaza de San Pedro con una madre con dos hijos enfermos mentales y me paré a saludarla acariciando a sus hijos ella me dijo con temblor pero con firmeza al mismo tiempo: “padre, son mis hijos y para mi son los más guapos del mundo. Pido a la virgen que me dé fuerzas para ser madre para ellos hasta el final. Es lo que mas deseo”.Miré a la mujer con admiración (parecía mayor no por su edad sino por la entrega generosa a sus hijos) y pensé dentro de mí: ¿esta mujer merece ser Miss Mundo? Efectivamente esta es la belleza, si la belleza no nace del corazón la belleza exterior de la cara es solo una máscara porque no transmite la verdad interior que hay dentro de la persona. Cuando en una familia se reza juntos se entiende cual es la verdadera belleza y no hay locuras, abandonos o infidelidades.Queridos padres: rezad juntos cada día; rezad con vuestros hijos desde pequeños y tendréis el honor de introducirlos en el primer diálogo suyo con Dios, dando un fundamento seguro a la libertad de vuestros hijos.Hoy muchos niños no saben hacer ni tan siquiera la señal de la cruz, las casas son ateas, es decir vacías de Dios. Tenemos que cambiar la situación. Por esto como conclusión de mi discurso os dejo un compromiso: tomad enseguida la decisión de rezar juntos esta noche por vuestra familia por vuestros hijos. Os aseguro que vuestra casa os parecerá más hermosa, os amareis más y os será más fácil abrazaros y abrazar a vuestros hijos y guiarlos por el camino del bien.¡Haced así y seréis más felices y seréis mas libres! |
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