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HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE

15/5/2007
PARROQUIA DEL SALVADOR DE LA MARINA
Nos reunimos en esta tarde para celebrar la fiesta de San Juan Bautista de La Salle, convocados por los Hermanos de las Escuelas Cristianas, benemérito instituto que nuestro Santo fundó y que en Ibiza llevan adelante una obra de colaboración con la Iglesia diocesana en consonancia con su carisma fundacional. Yo celebro esta fiesta con mucha alegría. San Juan de la Salle es uno de mis amigos de juventud. Cuando me eduqué en el Colegio de Paterna, los Hermanos nos enseñaban, también con el ejemplo, la importancia de recurrir a los santos, por un lado como modelos de vida cristiana, por otro como intercesores. Por eso, entre mis amigos de juventud, entre los que me acompañaban en los años de formación como adolescente y joven, tuve a San Juan de La Salle; de él aprendí la importancia de la catequesis, y fui catequista; me enseñó el camino del voluntariado, y así, entre los chavales de la protección de menores de Valencia, donde nos llevaban los Hermanos, no sólo disfruté mucho, sino que además, nació ahí mi vocación sacerdotal, ahora llevada a su grado más pleno en el episcopado. Después, como cristiano que quiere fundar en una solida espiritualidad, buscando maestros en esa materia, encontré los escritos de La Salle, sus meditaciones especialmente, como un válido instrumento para progresar en ese camino. San Juan de la Salle, es pues, una mina que cuando más se profundiza, más se encuentra. Por eso mi alegría de celebrar hoy esta fiesta, no sólo como añoranza de los años de mi infancia y juventud, no solo como deber de gratitud al Instituto de La Salle por lo que hicieron ayer por mí y hoy por mi Iglesia diocesana, sino también porque celebro la fiesta de un Santo que vale la pena celebrar.El Señor de La Salle nació en 1651 en Reims, Francia, en una rica familia. Fue educado como tal; desde pequeño tuvo la idea de ser sacerdote. Al principio su padre se opuso; pero, finalmente, le dejó y a los quince años se hizo canónigo de la catedral de Reims, viviendo tranquila y cómodamente.      A los diecinueve años se traslada a París para comenzar los estudios que le preparasen para ser sacerdote. En París conoce a los niños pobres abandonados en la calle y, junto con otros compañeros, comienza a educar a un grupo de ellos. Pero a partir de 1672, tras la muerte de sus padres, tiene que encargarse de sus hermanos por ser el mayor, a la vez que continúa sus estudios. El mucho tiempo que tiene que dedicar a estas dos cosas no le permite continuar la atención a los niños abandonados. Finalmente, en 1678, se ordena sacerdote y celebra su primera misa en Reims.         Y sigue con la responsabilidad de atender a sus hermanos y cumplir sus deberes como canónigo de la Catedral. También en Reims se encuentra con familias pobres y niños abandonados sin escuela; pero a pesar de que les ayuda con la limosna, no se acerca a ellos. Sin embargo, una idea ha comenzado a dar vueltas a su cabeza: Dios le llama simplemente para desarrollar su tarea como sacerdote o también para educar a los niños pobres y abandonados? La Salle piensa y reza mucho, intentando buscar su camino; pero no ve claro.         Estando visitando el convento de las Hermanas del Niño Jesús, aparece Adrián Nyel enviado por la señora Maillefer, pidiéndole ayuda para abrir una escuela destinada a los niños pobres y abandonados de Reims. En este encuentro con Nyel, Juan Bautista comienza a descubrir cuál es el camino que Dios le pide que siga. Ayudando a Nyel, La Salle tiene el primer contacto con la escuela.Una vez que se hace cargo de la escuela, Juan Bautista busca maestros. Es muy difícil encontrarlos, porque nadie quiere enseñar a los niños pobres. Por fin halla algún mutilado de guerra y algunos jóvenes que estaban sin trabajo. Con la intención de estar más cerca de ellos y de enseñarles cómo tienen que dar clase, les lleva a vivir a su casa; pero toda su familia se pone en contra. Ante esta situación, alquila una pequeña y sencilla casa y se va a vivir a ella con los maestros. Pasado algún tiempo, los maestros acusan a La Salle de que, a pesar de vivir con ellos, él sigue siendo rico y teniendo mucho dinero. Tras pensar y rezar mucho, La Salle se da cuenta de que los maestros tienen razón y toma una decisión muy valiente: repartir todo lo que tiene entre los pobres. De ese modo será uno como los demás. Y así es como comenzaron a educar a aquellos niños y jóvenes que mataban las horas en la calle.     Con todo, esta nueva aventura que ha comenzado La Salle va a durar poco. Los maestros se cansan de dar escuela y de vivir juntos aceptándose unos a otros, y le abandonan. A los treinta años Juan Bautista se queda totalmente solo, sin maestros, e incomprendido por su familia. Pero Dios no le abandona: empiezan a llegar jóvenes generosos y sinceros que quieren ser maestros. Con éstos comenzará La Salle a vivir y trabajar de un modo nuevo. En adelante vivirán juntos en serio y se comprometerán a ser seguidores de Jesús. Se llamarán Hermanos de las Escuelas Cristianas.     Y así, casi sin darse cuenta, La Salle va abriendo escuelas a lo largo y ancho de toda Francia, respondiendo a las llamadas de diferentes personas en distintos lugares. En unos sitios serán escuelas gratuitas para niños pobres; en otros, escuelas de oficios para que los jóvenes aprendan un trabajo y puedan encontrar empleo; en otros, escuelas de maestros para que, aquellos jóvenes que quieran serlo salgan bien preparados antes de dar clase; y hasta escuelas para delincuentes, ya que estando en la cárcel no hacían nada y, por lo menos, en la escuela aprendían algo.    Y también, casi sin darse cuenta, le fueron viniendo los problemas. Los maestros calígrafos, que enseñaban a escribir cobrando por ello, empiezan a quedarse sin alumnos porque los Hermanos no cobraban y enseñaban mejor. Comienzan a molestar a los Hermanos; entran en sus clases rompiendo y quemando mesas, bancos y todo lo demás y, finalmente, llevan a juicio a La Salle. A pesar de que Juan Bautista lo gana, los problemas no terminan: algunos de aquellos jóvenes generosos y sinceros, que se han hecho Hermanos y a los que La Salle quiere mucho, lo abandonan e incluso traicionan. Ante todo esto, Juan Bautista piensa que la culpa de todas las dificultades la tiene él y marcha a Parmenia para reflexionar y rezar.    Al cabo de un tiempo, los Hermanos le piden que vuelva para responsabilizarse de las escuelas. Juan Bautista obedece y vuelve, pero a medida que pasa el tiempo su salud empeora. En el año de 1719, el Señor De La Salle, a la edad de 67 años, con la salud ya quebrantada por los trabajos, penas y dificultades descansó en la paz del Señor. Era el Viernes Santo 7 de abril, a las cuatro de la madrugada. Sus últimas palabras fueron: "Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo". Eran el resumen de su vida. Juan Bautista, a través de las escuelas, ha sido en la historia uno de los mayores impulsores de la educación popular; primero en Francia y luego sus seguidores en el resto del mundo. Sus iniciativas, sus creaciones y sus formas pedagógicas transformaron el sistema de enseñanza. Fue él quien generalizó el uso del francés para la lectura y para el aprendizaje. También compuso libros de lectura, de formación religiosa, de buenos modales... para los niños y para las familias. Y, de manera especial, escribió textos de formación pedagógica y espiritual para los Hermanos y para los maestros cristianosDe La Salle consagró su vida a la educación de los niños pobres de Francia y respondió a sus variadas necesidades educativas con la creación de obras diversificadas, entre ellas las Escuelas para la formación de maestros. Este excepcional hombre estableció como fundamento de su vida y de los Hermanos el espíritu de fe, que consiste en ver, juzgar, amar y obrar siempre a la luz del Evangelio; es decir, de la vida y doctrina de Jesucristo.De La Salle fue beatificado por el Papa León XIII, el 19 de Febrero de 1888 y el 24 de Mayo de 1900, el mismo Papa León XIII le confirió el título de Santo.EL 15 de Mayo de 1950, el Papa Pío XII, respondiendo a la petición de dar a los educadores de todo el mundo un Santo Patrono, alguien cuya vida y ejemplo pudieran inspirar el trabajo que realizan día a día con los niños y jóvenes, les propuso a uno de los pioneros de la educación, el Fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, San Juan Bautista De La Salle.     Pero su recuerdo como buen seguidor de Jesús, formador de maestros y creador de escuelas no muere. Por eso, en 1900, la Iglesia lo proclama Santo; y, en 1950, el Papa Pío XII lo declara Patrono Universal de todos los Educadores Cristianos.    También hoy los Hermanos, que siguen sus pasos, y los alumnos y alumnas, que están en sus escuelas, lo recordamos y decimos que La Salle sigue vivo entre nosotros.

 
     

 

 

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