|
Untitled Document
 |
|
 |
| |
|
Febrero |
|
|
| |
L |
M |
X |
J |
V |
S |
D |
|
| |
|
|
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
|
| |
6 |
7 |
8 |
9 |
10 |
11 |
12 |
|
| |
13 |
14 |
15 |
16 |
17 |
18 |
19 |
|
| |
20 |
21 |
22 |
23 |
24 |
25 |
26 |
|
| |
27 |
28 |
29 |
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA |
 |
| 23/6/2007 |
| PARROQUIA DE SANTA CRUZ |
 |
| 1. Celebramos hoy la vigilia del Nacimiento de San Juan Bautista, el precursor del Mesías. ¿Qué podemos decir hoy de este Santo del Nuevo Testamento? Es Jesús mismo quien, en el Evangelio, traza el panegírico del Bautista. En Mt 11,8-11 nos dice que no nos encontramos ante una caña agitada por el viento ni ante un hombre vestido con vestidos suntuosos. Ni tan siquiera nos encontramos ante un simple profeta. Más aún: “Entre los nacidos de mujer no hay uno más grande que Juan el Bautista”. Dios lo eligió y en el momento oportuno lo envió como mensajero para preparar el camino al Mesías. También las palabras que de Jeremías hemos escuchado en la primera lectura podemos aplicarlas al precursor de Jesús: antes aún de formarlo en el seno materno, Dios lo había consagrado y lo había establecido como profeta de las naciones. 2. Todos hemos sido elegidos. Este modo de obrar Dios lo tiene también con nosotros. Todos los nacidos de mujer han sido conocidos, amados y destinados a la vida eterna, por parte de Dios y a llevar siempre una vida de íntima comunión con Él. Esto lo afirmó ya san Pablo en la Carta a los Efesios: “En Cristo hemos sido elegidos, antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados ante Él” (Cf 1,3ss). Y ello también por lo que tiene que ver en nuestra misión de edificar nuestro mundo y el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Hemos de ser conscientes de que, desde siempre y para siempre, tenemos un lugar en el pensamiento y en el corazón del Padre, y que el mismo Padre nos ha colmado de talentos y de carismas para afrontar la tarea que a cada uno se le señala. Podemos, pues, más aún, debemos aplicarnos, además de a san Juan Bautista, todo lo que hemos escuchado en la primera lectura proclamada hoy, la del profeta Jeremías. Cada vez que somos conscientes de que Dios quiere algo de nosotros, que nos confía una misión, que Dios nos llama a colaborar con Él en la obra de la salvación, la tentación es fuerte y casi nos empuja a decir: “No es para mí, no puedo, es demasiado… que lo haga otro”. Esta reacción sería justa si proviene de la humildad, si en verdad proviene de un examen atento de nuestros límites e imperfecciones y decimos como Jeremías: “Ay Señor mío, yo no sé hablar, porque soy demasiado joven…” Ahora bien, partiendo de una conciencia sincera de ser imperfectos y limitados, Dios toma otra vez la iniciativa e interviene. Dios interviene para animarnos y darnos a entender que está cerca de nosotros, para darnos los dones que necesitamos para llevar a cabo la misión recibida: “Yo estoy contigo para protegerte”. 3 La filosofía de Dios. El modo de obrar de Dios debe inspirar nuestra vida espiritual y apostólica. Los medios de los que Él se vale, en su sabiduría y amor infinitos, para encontrarse con el hombre y elevarlo integralmente son siempre los mismos: busca la colaboración del hombre mismo: para liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto, solicitó la colaboración de Moisés, que había sido homicida y no sabía hablar; para liberar a los hebreos de la mano de los madianitas llamó a Gedeón, que era el más pequeño de su casa; para acabar con el gigante Goliat se sirvió del pequeño David…y así toda la historia. En el culmen de todo ello, la salvación que nos obtiene Jesús no con grandes manifestaciones de fuerza y espectacularidad, sino a través de su pasión y de su muerte, con humillaciones y sufrimientos de toda clase: traiciones, abandonos, renuncias, calumnias, etc. La explicación de este modo de actuar de Jesús nos la da el propio Pablo cuando escribe a los Corintios: “Y estuve entre vosotros con debilidad, con temor y con mucho temblor. Ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Cor 2,3-5). Dios se sirve de instrumentos inútiles, de medios totalmente inadecuados para demostrar que la salvación es obra de su amor providente y de su poder amoroso. Es hoy, pues, un día adecuado para reflexionar y pedir al Señor que nos haga conocer y acoger su pensamiento, de hacernos experimentar y gustar el misterio de la salvación en toda su integridad, para no quedarnos encerrados en el sufrimiento, sino abrirnos a la alegría de la redención. 4. “No tengas miedo”. Dios continua manifestando su gloria y llevando a cabo su salvación también hoy, y tantas veces, como en el pasado, sirviéndose de instrumentos inadecuados. Se ve claramente en lo que dice el Evangelio de esta tarde: No tenían hijos porque Isabel era estéril y los dos eran también de edad avanzada” ¡A la esterilidad se le añade la vejez! Doble dificultad. Pero para Dios no hay nada imposible. Quede claro que tenemos que ser humildes, ofrecer la colaboración que se nos solicita y confiar ciegamente en su acción y en su ayuda. Sintamos hoy como dirigida a cada uno de nosotros la invitación a no tener miedo: El Señor está siempre presente para animar y asegurar, para poner su mano sobre nosotros, como hemos dicho en el Salmo responsorial, y como hemos escuchado en el Evangelio en labios de Zacarías, el padre de Juan el Bautista, “para visitar y redimir a su pueblo”. |
 |
|
|
| |
|
|
|