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HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN JAIME APÓSTOL

25/7/2007
PARROQUIA SAN FRANCISCO JAVIER DE FORMENTERA
1.      Celebra hoy la querida isla de Formentera la fiesta de Sant Jaume, el apóstol del Señor que es considerado como patrono de este entrañable lugar.         Santiago pertenece al grupo de los Apóstoles directamente elegidos por Jesús mismo durante los años de su vida terrena. Las listas de los Apóstoles que nos ofrecen los Evangelios nos hablan de dos personas con el nombre de Santiago: uno el hijo del Zebedeo y el otro el  hijo de Alfeo (Cf. Mc 3,17-18; Mt 10,2-3), a los que después se les distinguió con el apelativo de el Mayor y el Menor.         El nombre de Santiago es la traducción de Iákobos, transliteración griega del nombre del patriarca Jacob. Santiago el Mayor, juntamente con san Pedro y san Juan, pertenece al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron admitidos por Jesús a ser testigos de los momentos más importantes de su vida, como son la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos, y el acontecimiento de la Transfiguración de Jesús en el Tabor. 2.      En la Transfiguración Santiago pudo experimentar la gloria del Señor Jesús, viéndolo conversar con Moisés y Elías. Allí pudo ver el esplendor divino del que Jesús, asumiendo la condición humana, se había despojado. En el Huerto de los Olivos, la escena es más dramática y ayuda a madurar más la fe: Dios no sólo está rodeado de esplendor y gloria, como en el Tabor, sino también esta inmerso en el mundo del sufrimiento y del dolor, de la debilidad y del fracaso humano.         Será después, en la experiencia de Pentecostés cuando Santiago, junto con los otros Apóstoles, llegue a la madurez de la fe por obra del Espíritu Santo, de tal forma que cuando llegue la hora del martirio, supremo testimonio, no se echara atrás. 4)      Al inicio de los años 40 del siglo I, el rey Herodes Antipas, nieto de Herodes el Grande, como nos informa san Lucas “echó mano de algunos de la Iglesia para maltratarlos e hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan” (Hch 1, 1-2). Esta noticia, aunque concisa y simple, deja entrever cómo para los cristianos era normal dar testimonio del Señor con la propia vida.         De Santiago podemos aprender muchas cosas: la prontitud para acoger la llamada del Señor, incluso cuando nos pide que dejemos “la barca” de nuestras seguridades humanas; el entusiasmo al seguirlo por los caminos que Él nos va señalando; la disponibilidad para dar testimonio de Él con valentía, y, si fuera necesario, hasta el sacrificio supremo de la vida. Así, Santiago el Mayor se nos presenta como un elocuente ejemplo de adhesión generosa a Cristo. Él, que al inicio había pedido, a través de su madre, sentarse  con su hermano junto al Maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión, iniciando de ese modo la serie de martirios de los Apóstoles.         En cierto modo podemos decir que el camino recorrido por Santiago es un camino de estar con Jesús desde el Tabor al Getsemani, simbolizando así la peregrinación cristiana que discurre entre las tribulaciones del mundo y los consuelos de Dios, como enseñaba san Agustín. Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos que, incluso en medio a las dificultades, que vamos por el buen camino. 5.      Santiago fue, y quiero insistir en ello, un Apóstol. La misión de los Apóstoles es una misión muy rica y no es fácil de resumir en pocas palabras. Quisiera en este año, como aportación a la vida cristiana de la comunidad creyente que vive aquí, fijarme en un aspecto importante y útil para crecer como Iglesia, y este aspecto es el de la comunión. El libro de los Hechos de los Apóstoles cuando nos da la primera relación de cómo era la vida de los primeros cristianos nos dice que “acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (2,42). La comunión, es decir, la unión común de los fieles entre sí y con sus pastores legítimos nace de la fe y se alimenta con el partir el pan y la oración y se manifiesta en la caridad fraterna y en el servicio.         Los Apóstoles primero, y sus sucesores, que son los obispos, son los custodios y los testigos autorizados del depósito de verdad entregado a la Iglesia por su Señor. Si se quiere permanecer en la Iglesia, no es puede estar al margen de los pastores ni mucho menos, contra los pastores legítimos.         6.      Vivir en la comunión es una exigencia de la fe. La unión con Dios es inseparable de la unión entre los hijos de Dios. La comunión con Dios prepara y hace posible la unión entre nosotros, la cual se expresa en relaciones fraternas que hacen salir de la soledad, nos impide encerrarnos en nosotros mismos y querer ver las cosas sólo desde nuestro propio punto de vista. Es fácil comprender cuán grande e importante es la comunión: basta pensar en las fragmentaciones y en los conflictos que enturbian las relaciones entre las personas, los grupos y hasta pueblos enteros. Y si no existe la comunión, la fragmentación es inevitable.         Pidamos hoy a Sant Jaume, al Apóstol Santiago el Mayor, tan celebrado en Formentera, que conceda abundantemente a los formenterenses el don de la unión, de la unidad, de la comunión. Que nadie se atreva a dividir y que todos empleen sus fuerzas, sus talentos, sus capacidades, para trabajar por el bien de la sociedad formenterense, por el progreso de sus nobles gentes, por el bienestar de todos, sin excluir a nadie. Amén.

 
     

 

 

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