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HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN MATEO, EVANGELISTA |
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| 21/9/2007 |
| PARROQUIA DE SAN MATEO |
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1. Celebramos hoy la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo, patrono de este pueblo y titular de esta parroquia que cada año, el 21 de septiembre, se congrega en esta simpática iglesia para celebrar su fiesta y venerar con devoción a este santo cuyo nombre resuena tantas veces en la Iglesia A decir verdad, es casi completamente imposible delinear completamente su figura, pues las noticias ciertas que tenemos sobre él son pocas e incompletas. Ahora bien, si nos acercamos al Evangelio que lleva su nombre, podremos obtener un perfil espiritual de nuestro Santo que nos sirva para nuestra vida. 2. El nombre de Mateo, que significa “don de Dios”, está siempre presente en las listas de los Doce elegidos por Jesús. El primer Evangelio, precisamente el llamado de Matero, nos lo presenta en la lista de los Apóstoles con un apelativo muy preciso: “el publicano”. De este modo, lo identifica con el hombre sentado en el despacho de impuestos, a quien Jesús llama a su seguimiento: “Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos y le dice: Sígueme. Él se levantó y le siguió” (Mt 9,9). Otro detalle biográfico que nos narran los Evangelios es el pasaje que precede a la narración de la llamada, con ocasión de un milagro realizado por Jesús en Cafarnaúm (cf. Mt 9,1-8; Mc 2,1-12), aludiendo a la cercanía del Lago de Tiberiades. De ahí se puede deducir que Mateo desempeñaba la función de recaudador de impuestos en Cafarnaúm, ciudad situada precisamente junto a ese lago, donde Jesús era huésped casi fijo en la casa de Pedro. 3. Basándonos en estas sencillas indicaciones del Evangelio, podemos hacer un par de reflexiones. La primera es que Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un hombre que, según la concepción del Israel de aquel tiempo, era considerado un pecador público. En efecto, Mateo no sólo manejaba dinero considerado impuro por provenir de gente ajena al pueblo de Dios, sino que además colaboraba con una autoridad extranjera, odiosamente ávida, cuyos tributos podían ser establecidos arbitrariamente. Por este motivo, todos los Evangelios hablan en más de una ocasión de “publicanos y prostitutas” o de “publicanos y pecadores”; además, ve en los publicanos un ejemplo de avaricia (cf. Mt 5,46), mientras que la opinión popular los tenía como “hombres ladrones, injustos, adúlteros” (Lc 18,11). 4. Ante estas referencias salta a la vista un dato preciso: Jesús no excluye a nadie de su amistad. Es más, precisamente mientras se encuentra sentado a la mesa en casa de mateo, respondiendo a los que se escandalizaban porque frecuentaba compañías poco recomendables, pronuncia la importante declaración: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mc 2,17). La buena nueva del Evangelio consiste precisamente en que Dios ofrece su gracia al pecador. En otro pasaje, con la famosa parábola del fariseo y del publicano que subieron al tempo a orar, Jesús llega a poner a un publicano anónimo como ejemplo de humilde confianza en la misericordia divina: mientras el fariseo hacía alarde de su perfección moral, “el publicano (…) no se atrevía ni a elevar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: ¡Oh Dios, ten compasión de mí que soy pecador”. Y Jesús comenta: “Os digo que éste bajó a casa justificado y aquel no. Porque todo el que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado” (Lc 18, 13-14). Por tanto, con la figura de Mateo, los Evangelios nos presentan una auténtica paradoja: quien se encuentra aparentemente más lejos de la santidad puede convertirse incluso en un modelo de acogida de la misericordia de Dios, permitiéndole mostrar sus maravillosos efectos en su existencia. 5.San Juan Crisóstomo hace un comentario significativo: observa que sólo en la narración de algunas llamadas se menciona el trabajo que estaban realizando esas personas. Pedro, Andrés, Santiago y Juan fueron llamados mientras estaban pescando; y Mateo precisamente mientras recaudaba impuestos. Se trata de oficios de poca importancia —comenta el Crisóstomo—, "pues no hay nada más detestable que el recaudador y nada más común que la pesca" (In Matth. Hom.: PL 57, 363). Así pues, la llamada de Jesús llega también a personas de bajo nivel social, mientras realizan su trabajo ordinario.
6.Hay otra reflexión que surge de la narración evangélica: Mateo responde inmediatamente a la llamada de Jesús: "Él se levantó y lo siguió". La concisión de la frase subraya claramente la prontitud de Mateo en la respuesta a la llamada. Esto implicaba para él abandonarlo todo, en especial una fuente de ingresos segura, aunque a menudo injusta y deshonrosa. Evidentemente Mateo comprendió que la familiaridad con Jesús no le permitía seguir realizando actividades desaprobadas por Dios.
Se puede intuir fácilmente su aplicación también al presente: tampoco hoy se puede admitir el apego a lo que es incompatible con el seguimiento de Jesús, como son las riquezas deshonestas. En cierta ocasión dijo tajantemente: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme" (Mt 19, 21). Esto es precisamente lo que hizo Mateo: se levantó y lo siguió. En este "levantarse" se puede ver el desapego de una situación de pecado y, al mismo tiempo, la adhesión consciente a una existencia nueva, recta, en comunión con Jesús.7. Ya no tenemos el Evangelio escrito por san Mateo en hebreo o arameo, pero en el Evangelio griego que nos ha llegado seguimos escuchando todavía, en cierto sentido, la voz persuasiva del publicano Mateo que, al convertirse en Apóstol, sigue anunciándonos la misericordia salvadora de Dios. Escuchemos este mensaje de san Mateo, meditémoslo siempre de nuevo, para aprender también nosotros a levantarnos y a seguir a Jesús con decisión. |
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