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HOMILIA EN LA XLVIII CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS EN LA PARROQUIA DE SANTA CRUZ |
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| 9/2/2007 |
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| 1. Hay cifras que hacen temblar. Una de ellas es que los hambrientos en el mundo suman 800 millones, más aún, ¡cada año mueren de hambre 6 millones de niños de menos de 5 años! No se puede por menos que sentir una pena inmensa ante situaciones como esa.¿Qué hacer? La máxima benedictina “Ora et labora” es siempre un buen método de trabajo. Por eso, nos reunimos en esta tarde, en esta parroquia céntrica, para orar, conscientes de que “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles, si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas” (cf. Psal 126). Orar para no desfallecer en lo inmenso de la tarea, orar para impetrar del Altísimo las fuerzas necesarias para seguir en la brecha, la buena brecha del servicio que lleva a, como nuevos buenos samaritanos, inclinarse sobre los millones y millones de hermanos nuestros que sufren el terrible flagelo del hambre, la desnutrición, la falta de adecuada atención sanitaria, la una vivienda digna o de una educación elemental.Junto a la oración, el compromiso, el “labora” benedictino, tan necesario. Por eso, se impone también una palabra de gratitud a Manos Unidas. No me cansaré nunca de dar gracias a Dios por la inmensa labor que viene haciendo, desde hace años, en nuestra diócesis la Delegación diocesana de Manos Unidas. Muchos son los proyectos que se están llevando a cabo a favor de los necesitados; muchas las manos que, en las distintas parroquias de nuestra Iglesia local, se unen para trabajar en esta noble causa; muchas las personas que, gracias al buen espíritu y ejemplar testimonio, pueden pensar que hacer el bien es posible y que Dios, a través de Manos Unidas, se preocupa de sus hijos más débiles y excluidos. 2. El hambre es un veneno tan potente que no sólo mata a la persona sino que llena los corazones de odio, de resentimiento, de afanes de venganza, y lo que es peor aún, de alejamiento de Dios. El hambre mata, pues, a muchos personas, a millones. Pero hay otra muerte que también causa el hambre, y no es la muerte física, sino la muerte espiritual, la muerte moral, la muerte que afecta a quienes permanecen insensibles ante esa situación. Dice el Apóstol san Juan: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte” (1Jn 3,14). Mata, pues, al hombre el egoísmo, la indiferencia ante el sufrimiento de los demás, la injusticia, la falta de amor fraterno. No podemos, pues, cansarnos de trabajar por el reconocimiento del valor de la persona y ponernos cerca de los que sufren. Y no olvidemos que la mejor arma para favorecer la paz es poner en la mano de cada uno el pan que necesita para poder subsistir, y hacerlo con dignidad, en el dar y en el recibir. 3. Que con la ayuda de Dios, esta nueva campana de Manos Unidas contra el hambre en el mundo encuentre la mejor y más generosa respuesta en nuestra diócesis de Ibiza. Dios bendecirá obra tan grande a sus ojos y a todos los que tan ejemplar trabajo realizan. Así lo pedimos, por intercesión de nuestra madre celestial, la Santísima Virgen de las Nieves; Ella que estuvo atenta en Cana, que supo privarse de tantas cosas por su divino Hijo, nos colmará de bienes celestes en esta noble tarea de ir al encuentro de los necesitados. |
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