1. A todos gracia y paz en el nombre del Señor. Con la mirada puesta en Jesucristo, fijos nuestros ojos en Él, celebramos, en el marco único e incomparable de la celebración eucarística, el 50 º aniversario de la fundación de Caritas Diocesana de Ibiza. Lo hacemos con toda esperanza y fe, con alegría y buen ánimo, sabiendo que no vamos solos por nuestro camino, sino que Jesucristo, como buen pastor y guía de nuestras almas, va delante de nosotros y nos conduce. Caritas es una obra suya, que Él ha iniciado, sostenido y acompañado. Estamos seguros de que todas nuestras empresas tienen en Él su origen, que Él comienza en nosotros todas las obras buenas y las lleva a su término. Por eso, le pedimos que su “gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras para que,” comenzando nuestros trabajos en Él como a su fuente, tiendan siempre hacia Él como a su fin (cf. Laudes de la primera semana). Siempre, y especialmente ahora, cuando tantas necesidades afligen a la humanidad, es menester decirnos los unos a los otros: “Levantaos, vamos” (Mc 14,42) con la mirada limpia y fija en Jesús, unidos en la certeza de que Él está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20). “Esta certeza, queridos hermanos y hermanas, ha acompañado a la Iglesia durante dos milenios…. De ella debemos sacar un renovado impulso en la vida cristiana, haciendo que sea, además, la fuerza inspiradora de nuestro camino. Conscientes de esta presencia del Resucitado entre nosotros, nos planteamos hoy la pregunta dirigida a Pedro en Jerusalén, inmediatamente después de su discurso de Pentecostés: « ¿Qué hemos de hacer, hermanos? » (Hch 2,37).” (Novo millennio ineunte, 29). La respuesta es clara: seguir a una Persona, no a una idea o una ideología, sino a Jesucristo, el mismo, ayer, hoy y siempre (Heb…), hasta poder decir con san Pablo: “Para mí, la vida es Cristo” (Filp 1,21). 2. Evocamos en esta tarde, con ánimo agradecido a Dios, el hecho de que Mons. Antonio Riera Cardona, Obispo de esta diócesis y cuyos restos mortales esperaran la resurrección en esta Catedral, llevara a cabo la transformación de la Junta Asistencial Diocesana de Caridad en la Caritas Diocesana, organismo dentro de ese Cuerpo mayor que es la Iglesia para que el ejemplo del Buen Samaritano siga siendo uno de los rostros de la Iglesia. Desde Mons., Riera Cardona hasta nuestros días, otros seis Obispos como Presidentes de la Caritas Diocesana hemos ido llamando y recibiendo, animando y favoreciendo –como no puede ser de otra manera, la acción de Caritas que de ese modo se presenta hoy como un frondoso árbol, llamado a crecer más aún hasta alcanzar a todo hombre o mujer, anciano o niño, para que pueda experimentar el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. 3. El 50 aniversario de nuestra Caritas Diocesana aparece acompañado de otros aniversarios significativos que lo enriquecen. Nos encontramos de lleno en el 40 aniversario de la Populorum progressio, del Papa Pablo VI, el 20 de la Sollicitudo rei socialis, de Juan Pablo II, documentos que marcaron un hito en la acción caritativa y social de la Iglesia. Además, se han cumplido recientemente diez años de la muerte de la Beata Madre Teresa de Calcuta: Teoría y práctica, pues, de lo que es Caritas, fuentes hacia las que hemos de volver continuamente para conservar el carácter propio carácter. La gran mujer que fue la Beata Madre Teresa de Calcuta nos sigue enseñando que la inspiración y la fuente de la caridad es Dios, de que al atardecer de la vida se nos examinará del amor; nos recuerda cómo el Evangelio de la caridad, Jesucristo, es creíble, porque es la única esperanza, el verdadero amor y la fuente de alegría para todos: para los que pasan hambre, los encarcelados, los enfermos, los que carecen de hogar, los desnudos y despojados, los emigrantes, los inocentes no nacidos amenazados de muerte en el seno materno… Madre Teresa de Calcuta nos recuerda que nuestra vocación cristiana de gente comprometida con Caritas es ir por toda la tierra abrazando los corazones de los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios 4. Instrumento privilegiado entre nosotros para que Dios muestre su amor preferencial a tantas personas ha sido Caritas. Para guiarnos en este camino en los próximos años, habrá que tener presente cuanto enseña el Papa Benedicto XVI en la segunda parte de su Encíclica Deus Charitas est. En un mundo tan debilitado y necesitado de amor, “el amor de Dios por nosotros es una cuestión fundamental para la vida” (DCE, 2). De ahí que para llevar e intensificar una vida de caridad, originalidad del ser cristiano, es necesaria la contemplación del rostro de Cristo, pues como decía Santa Teresa de Jesús “contemplar amor, saca amor”. Para ello es indispensable ahondar y consolidar la experiencia de Jesucristo, fundamentalmente a través de la oración y de su presencia en la Eucaristía. Entonces, y sólo entonces, Él nos conducirá hacia los demás pudiendo aportarles el amor genuino, el amor que nace en Dios. El presente y el futuro de la Iglesia está en la Eucaristía; el presente y el futuro de la aportación propia y peculiar de la Iglesia a la humanidad, una de cuyas expresiones privilegiadas es Caritas, está en la Eucaristía. La Eucaristía es fuente de amor, de servicio, de apostolado. ¡Sin la Eucaristía no habrá vida de caridad en la Iglesia; pueden haber acciones, obras, algunas muy valiosas, pero no vida de caridad! Una Iglesia fuerte y operativa no puede permanecer al margen de la Eucaristía. Para ir adelante, no nos engañemos ni nos hagamos falsas ilusiones, necesitamos de la Eucaristía. 5. En estos días he oído con frecuencia a los responsables de Caritas decir que celebramos los primeros cincuenta años de nuestra Caritas diocesana. El que haya más años de vida de esta benemérita parcela de la actividad diocesana exige que todo brote de la vida cristiana de sus miembros, que todo tenga su raíz en la Eucaristía. Nuestra Caritas diocesana cumple sus primeros cincuenta años. Han sido fruto de la bendición de Dios, que ilumina a su Iglesia y la dirige por esos pasos de paz y amor; junto a esa obra de Dios ha estado el esfuerzo de hombres y mujeres, de voluntarios y profesionales que han puesto lo mejor de los talentos con que Dios les ha enriquecido al servicio de la caridad cristiana. Quiero, por ello, después de agradecer a Dios toda su intervención en esta obra que es suya, decir también una palabra de agradecimientos a todos los que han dado vida a Caritas en estos pasados cincuenta años. Y junto con la gratitud por el pasado, la llamada al presente y al futuro. La llamada a colaborar con Caritas desde el campo del voluntariado; de la prestación de servicios profesionales en el espíritu cristiano, éste y no otro, que es el único que puede animar esta institución; la colaboración esporádica o prolongada, con la aportación de ideas, de medios y, si fuera el caso, también con el juicio constructivo. De ese modo, daremos a Caritas una vida renovada y un nuevo vigor. Somos Iglesia al creer y aceptar la fe de la Iglesia, al celebrarla en la liturgia y al anunciarla también con las obras de la caridad. No se puede sólo creer, no se puede sólo celebrar, no se puede sólo practicar la caridad. Los tres pilares: la fe, la liturgia y la caridad están tan unidos que si nos falta uno, el edificio de nuestra vida cristiana se tambalea. Hago una llamada, pues, con ocasión de este Cincuenta Aniversario de Caritas Diocesana a darle lo que la conciencia de nuestra fe nos exige y la celebración de la misma nos muestra. Ojalá esta efemérides no sea sólo una celebración, justa y bien llevada a cabo, sino un verdadero salto de cualidad de esta institución diocesana. Por ello animo a trabajar de modo que desde Caritas diocesana, y las Caritas parroquiales allí donde se vayan instituyendo, lo mismo, se lleve adelante una obra que testimonie e invite a la fe en el Dios que es amor, pues Caritas es Iglesia, debe vivir y servir como Iglesia, presentándose como lo que es: como rostro de la Iglesia, no como una mera asociación de hacer buenas obras, tampoco una ONG, figura jurídica hoy tan en boga y bajo cuyas siglas se hace tanto bien. No se podría, pues, desde esta visión, entender que quienes llevan adelante con paciencia, generosidad, competencia y, en ocasiones, audacia, la labor de Caritas, no fueran, antes que nada, cristianos de cuerpo entero. No se podría entender que no sea Jesús el verdadero centro y motor de Caritas, cuya acción de “pasar haciendo el bien” tiene encomendada la Caritas. Así se formará en nuestra diócesis un cuerpo compacto, un cuerpo único, un instrumento de comunión: la gran familia de los hijos de Dios, que es la Iglesia. 6. Que la Virgen Santa María, la Mare de Deu de les Neus, que nos muestra en sus brazos a Jesús, cuya imagen preside esta Catedral, y como en Caná de Galilea nos sigue diciendo: “Haced lo que Él os diga” (Jn ) venga en nuestra ayuda en la obra de Caritas. Ella nos enseña qué es el amor y dónde tiene su origen: a Ella le confiamos la misión de Caritas al servicio del amor. Y con María, acudimos también a los santos. Figuras de Santos como Francisco de Asís, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, Teresa Jornet, María Rafols, Ángela de la Cruz, Joaquina Verduna, Luis Orione, Teresa de Calcuta —por citar sólo algunos nombres— siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad. Los Santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor. En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos y los sirve como merecen ser servidos. Que la escuadra ingente de los Santos acompañe también, con su intercesión y con su luminoso ejemplo, el caminar de nuestra Caritas Diocesana. |