1. Celebramos la fiesta de la Epifanía, o de los Santos Reyes en esta querida parroquia de Formentera y quisiera que reflexionáramos todos en esta ocasión sobre algunos aspectos de estos personajes, que buscaron y encontraron a Jesús, para que, también nosotros, conociéndolos más podamos imitarlos; más aún, que los Santos Reyes fueran los inspiradores de la espiritualidad, del modo de vivir y obrar de los cristianos de Formentera Para llevar adelante esto, vamos a repasar el Evangelio de san Lucas, que hemos proclamado en esta celebración. La primera consideración que nos viene a la cabeza es que la historia terrena de nuestro Maestro, de nuestro Señor y nuestro Dios, Jesús de Nazaret, Hijo unigénito de Dios, transcurre entre dos condenas a muerte: la que le declara Herodes al inicio de su existencia terrenal y la que le inflingió Poncio Pilato en el año 33 de nuestra era. Ello ya nos enseña que seguir a Jesucristo no es fácil: Él es signo de contradicción. Y con esto tenemos que contar si queremos ser fieles a Jesús: seguirle es apasionante, fascinante, llena de alegría, de santa audacia, pero… es también peligroso, pues el seguidor de Jesucristo está llamado a participar de la misma suerte que le correspondió al Maestro. Todas estas actitudes las vivieron los Reyes Magos. El camino de los Santos Reyes es un camino que idealmente recorre el camino de la fe que hemos de recorrer los cristianos. 2. ¿Cuáles son los pasos de ese camino? En primer lugar, no podemos pretender ser cristianos, es decir, recibir la llamada de Dios y quedarnos cómodamente como estamos. Los Santos Reyes abandonaron sus cómodos palacios en Oriente y se pusieron en camino. Pensemos además, en la incomodidad del viaje en aquellos tiempos: en caravanas, sin lugares de reposo, expuestos a mil peligros, sin saber a ciencia cierta dónde se va. El peregrino, el creyente, se pone en camino: sale de sí mismo y va al encuentro del Señor allí donde el mismo Señor se quiera manifestar. En segundo lugar es inútil buscar al Señor donde Él no está, o pedir indicaciones sobre Él a las personas que no nos lo pueden dar con verdad. Los Magos de Oriente es verdad: se equivocaron en la persona, Herodes, a la que preguntaron por Jesús. A Herodes no le preocupa Jesús, el Mesías, tampoco la salvación que él pueda traer: sólo le preocupa su poder, conservar el trono al precio que sea, aunque sea provocando una matanza de inocentes. Por eso, Herodes no puede hablar de Jesús, no puede dar noticias sobre él. No pretendamos que se nos hable de Jesús, que se nos presente si preguntamos donde no saben nada de él. En tercer lugar, las noticias precisas sobre Jesús las da la Sagrada Escritura. Por eso, la respuesta adecuada a los Reyes se les da desde las profecías de la Sagrada Escritura. Eso nos enseña que si queremos ser seguidores de Jesucristo, buscadores del auténtico rostro de Dios no podemos prescindir de la Escritura, de la Palabra que Dios ha pronunciado para el hombre. 3. Un paso más, aún, en el camino de la búsqueda de Dios: La Palabra de Dios que hace posible a los Magos que encuentren al Niño es oír esa Palabra en el Templo, en Jerusalén. En un primer momento fue la estrella la que les indicaba hacia donde había que ir. Pero después la estrella desaparece y es menester la Palabra anunciada en el templo por los sacerdotes. También hoy, para encontrar de verdad a Jesús es menester ir a Jerusalén, a esa nueva Jerusalén de luz que es la Iglesia, lugar y signo de la salvación de los hombres y a la cual todos los hombres están llamados. Hoy se difunde la errada teoría, por llamarla de algún modo de que es posible encontrar a Jesús fuera de la Iglesia, a veces en pequeños grupos que se califican a sí mismo de proféticos y están en contradicción con la Iglesia misma, o en meras experiencias de altruismo o ideologías humanitarias. Pero eso es sólo una ilusión: No se puede encontrar a la Cabeza fuera de donde está el Cuerpo, porque sin la Cabeza el cuerpo está muerto; no se puede encontrar a Jesús fuera de la comunidad de sus seguidores auténticos, de su Palabra donde Él la quiso pronunciar. 4. Con estos presupuestos los Santos Reyes llegaron a Belén y se encontraron con la visión más hermosa y tierna que haya habido jamás sobre la faz de la tierra: “vieron al Niño con María, su Madre, y postrándose de rodillas, lo adoraron”. Nosotros lo encontramos ahora, como lo encontraron los Magos con un aspecto más humilde aún: escondido bajo el velo del sacramento. Postrémonos con fe, abramos nuestros pequeños y pobres cofres y ofrezcámosle lo que tenemos de mejor dentro de nosotros: el oro de nuestra fe, el incienso de nuestra esperanza, la mirra de nuestra caridad. 5. Finalmente, los Santos Reyes nos dan una nueva lección: “Se marcharon a su tierra por otro camino”, es decir, nada fue igual que antes en sus vidas; así ocurre con el cristiano que se encuentra con el Señor. Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, y tantos y tantos. |