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HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN ANTONIO ABAD

17/1/2008
PARROQUIA DE SAN ANTONIO ABAD

1.      Celebramos hoy la fiesta de San Antonio Abad, patrón de este noble pueblo y titular de este templo que, construido en 1305, fue erigido después como parroquia puesta bajo su protección. Es la fiesta de todo un pueblo, que se honra con el nombre de este Santo Abad. Un pueblo trabajador, que ha abierto sus brazos a tantos hombres y mujeres que, venidos desde otras partes, han encontrado aquí un nuevo hogar y un lugar de trabajo, presentando hoy un rostro cosmopolita y plural llamado a ser encrucijada de pueblos y lenguas.

Importante es que San Antonio de Portmany no pierda nunca su identidad, que conserve, por la acción de sus autoridades y la colaboración de los vecinos, sus características, siendo un lugar de respeto y convivencia, de trabajo honesto y de progreso, cuna de una sociedad que hunda sus raíces en la civilización del amor, de la solidaridad y de la paz. 

2.      La historia de nuestro Santo es bien conocida. Nació en Egipto hacia el año 251, en el seno de una familia noble y cristiana. Muy pronto, cuando sólo contaba con 18 años queda huérfano, debiendo encargarse de su hermana menor y de la administración de la fortuna que dejaron sus padres. Un día entrando en el templo, Antonio escuchó como el sacerdote leía el evangelio que también hoy hemos proclamado, causando en él un especial impacto las palabras que Jesús dirigía a aquel joven: “Si quieres llegar al final, vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres y luego sígueme”. Al poco tiempo, al regresar a aquel templo escuchó otra lectura evangélica que decía “No os preocupéis por el día de mañana”. San Antonio, entendiendo que aquellas palabras se dirigían de un modo especial a él, vendió sus tierras y sus muebles, se despojó de todo, confió su hermana al cuidado de un grupo de vírgenes que vivían según los consejos evangélicos y se retiró a las afueras de la ciudad a vivir en soledad y oración.

¡Que hermoso resulta el ejemplo de san Antonio! Como acabamos de escuchar en el Evangelio, aquel joven  al oír a Jesús se dio la vuelta y se fue entristecido pues era muy rico. San Antonio, por el contrario, tomó en serio las palabras evangélicas.

Queridos hermanos, esta misma escena se repite hoy en día, en nuestra sociedad, en nuestro mundo actual. Tenemos todos los avances posibles, tratamos de estar a la última en los inventos tecnológicos y científicos, estamos abarrotados de cosas, y en tantas ocasiones no somos felices, no encontramos un sentido o un rumbo a nuestra vida. Y es que las cosas no nos dan la felicidad. San Antonio fue capaz de descubrir esto: que el hombre sólo es plenamente feliz cuando tiene a Jesucristo en su interior, cueste lo que cueste. Las cosas pasan de moda, nos proporcionan a veces algún tiempo de felicidad, pero el único que da sentido a nuestra vida, el único que nos llena de verdad es Jesucristo. Y san Antonio, un hombre rico de su tiempo, un hombre con una posición social y una vida resuelta fue capaz de renunciar a todas esas cosas y optar decididamente por Jesucristo. 

3.      Evidentemente en este camino hacia Dios no nos van a faltar dificultades. Se dice que el demonio al ver la vida de penitencia y oración que llevaba san Antonio le tentaba continuamente. Le hacía ver todo el bien que él podía haber hecho si en lugar de repartir sus riquezas entre los pobres las hubiera conservado y dedicado a extender la religión; le mostraba lo difícil y dura que sería su vida como monje ermitaño; trataba de que se sintiera descontento con la vocación a la cual Dios le había llamado, pero pese a todo no conseguía doblegar la voluntad de Antonio y su clara opción por Jesucristo. Tan dura era la batalla contra el demonio que en una ocasión un amigo que iba a visitarle le encontró completamente exhausto en la entrada de su cabaña, y creyéndolo muerto se lo llevó a la población vecina y dispuso los funerales. Antonio recobró el sentido y volvió a su refugio a orar y meditar. Tras esto San Antonio se retiró a la otra orilla del Nilo y encontrando un cementerio abandonado se quedo allí a vivir en absoluta soledad entre ayunos y oraciones en medio del desierto.

También nosotros pasaremos por dificultades. Ante un mundo al que cada vez le cuesta más hablar y tener presente a Dios, que en ocasiones quiere silenciar y reducir a la esfera de lo privado todo lo que tiene que ver con Él, debemos tener el coraje suficiente para asumir los valores y actitudes que se recogen en el Evangelio y que se perciben tan claramente en la vida de san Antonio. En este mundo secular e indiferente estamos llamados a hacer presente el amor de Dios a los hombres, y sólo seremos fieles testigos de ese amor si no llenamos de Jesucristo, si nos alimentamos espiritualmente con el Pan de Vida que es Cristo en el Sacramento de la Eucaristía; si nos purificamos y renovamos en el encuentro gozoso con Cristo en el Sacramento de la Penitencia; si escuchamos lo que Dios quiere decirnos por medio de la oración.  

4.      Aunque nos pueda parecer sorprendente, la vida eremítica de San Antonio atrajo a muchos otros cristianos que querían vivir una vida de oración y soledad siguiendo su ejemplo. Aquel ermitaño se convirtió en Padre Abad de aquella comunidad que se reunía para celebrar en común los divinos oficios, compaginando el silencio y la soledad con la vida en común. San Antonio murió con más de cien años. Siempre aparecía alegre y amable, tanto es así que cuando llegaban peregrinos buscándole para consultarle alguna cuestión y preguntaban por él les decían: Busque entre los monjes y el más alegre de todos ellos, ese en Antonio”.

San Antonio Abad fue un cristiano profundo, que estaba defraudado por la mediocridad de vida social, y buscaba seguir las huellas de Jesús; fue un ciudadano bien dotado de medios materiales que se los agradeció a Dios y a sus progenitores, y se desprendió de todo a favor de los pobres; fue un monje que quiso secundar en todo la voluntad de Dios, y se fue a vivir en soledad de desierto; fue un austerísimo solitario que recibió a innumerables fieles que pedían luz y consejo; en definitiva fue un valiente luchador que  resistió heroicamente las tentaciones de los espíritus y de la carne que se le enfrentaban. Que el nos ayude a seguir los pasos de Jesús, a escuchar la voz de Dios que resuena en nuestro interior mostrándonos el camino que hemos de seguir. Dios sólo lo podemos encontrar en el silencio de nuestro interior y sólo escuchando su voz seremos capaces de descubrir el proyecto que tiene para cada uno de nosotros.  

 
     

 

 

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