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HOMILIA EN LA SANTA MISA DE INICIO DEL CURSO ACADÉMICO DEL COLEGIO CONCERTADO CATÓLICO “SA REAL”

19/9/2008
Parroquia de Santa Cruz

1.      En el Evangelio de San Mateo, que acabamos de escuchar, se percibe una predilección de Jesús por los niños. “Dejad a los niños que vengan a mí, y no se lo impidáis” (Cf. 19, 14). En otro pasaje, esta vez de San Marcos (Cf. 10, 17-22) se nos narra cómo un día Jesús se encontró con un joven, y tiene el Evangelista interés especial en destacar cómo Jesús lo miró y lo amó. Estos textos son una norma de conducta para la Iglesia, que por cumplir el mandato del Señor y por imitar su conducta, está convencida de que forma parte irrenunciable de su misión el acercar a los niños a Jesús y el manifestar su amor también a los jóvenes.        

Expresión de ese amor ha sido, desde hace muchos siglos el compromiso eclesial en el campo de la enseñanza, una enseñanza que ha de ser cómo la de Jesús. Y esta es la razón de ser de los dos colegios diocesanos, “Santo Domingo Savio” y “Juan XXIII”, que tienen su sede sobre los terrenos de la antigua finca conocida como “Sa Real”, colegios que están configurados en nuestros días como colegios concertados católicos, llamados a ser ejemplares en la afirmación de su identidad católica y en el cumplimiento de la legislación vigente por lo que respecta a lo académico. Una desatención de uno u otro aspecto desvirtuarían la naturaleza de los colegios y los presentarían ante la sociedad con una imagen distorsionada.

2.      El inicio de un nuevo curso es siempre una oportunidad privilegiada para marcarnos propósitos. Vosotros, queridos alumnos empezáis el curso con ilusión y entusiasmo, esperando que el curso escolar sea una ocasión favorable de crecimiento integral. ¿Hacia dónde queréis llegar? ¿Cuál es la meta que os proponéis? ¡No seáis apocados en poneros una meta! ¡Apuntad bien alto! No podéis conformaros con una mera superación académica de las materias del programa escolar. El objetivo de los cursos que se imparten no es hacer de vosotros sólo alumnos que aprueban asignaturas, incluso con notas altas, que cuando se alcanzan son también honor para el colegio, ni tampoco potenciar deportistas, cuyos resultados son apreciados por muchos y de los cuales, con satisfacción, se hace eco la prensa.        

Tratándose de colegios diocesanos, el Colegio está llamado, en todos sus estamentos (profesores, personal no docente, padres de familia, distintos consejos, etc.) a ayudaros a ser amantes y defensores de la vida, promotores de la paz y de la justicia, personas orientadas hacia un ejercicio responsable de la libertad, solidarias y tolerantes; personas que valoran el trabajo, que se sienten integradas en su familia, que aman y respetan el medio ambiente, la lengua y la cultura propia, sin despreciar las otras, etc. (Cf. Carácter propio, n. 9), valores todos ellos que tienen su inspiración más genuina en el Evangelio de Jesucristo, Nuestro Señor. Esas son las metas a las que debéis dirigir vuestro camino, sin dejar de lado, naturalmente, las otras comunes a todos los centros docentes. 

3.      De capital importancia para llevar adelante la acción del Colegio son los profesores. Saludo con estima y aprecio a los que están aquí presentes y les renuevo mi confianza y la ofrenda de mi amistad. Refiriéndose a los profesores, el texto del Carácter propio de nuestros Centros dice así: “Desde su competencia profesional, acogida de los valores cristianos e integridad de vida, cercanía a los alumnos, especialmente a los más necesitados de ayuda, los profesores son impulso y apoyo a la vida del Centro Educativo. Cada profesor/a valora, respeta y trata de poner en práctica, el contenido del Carácter propio del Centro”. A la luz de esta norma se percibe cuán grande es la responsabilidad y la tarea que los profesores tienen encomendada, y cuanto es el bien que pueden hacer de ese modo a los alumnos. A este respecto, queridos profesores, deseo recordar en esta ocasión, aunque sean de sobra conocidos, algunos de los criterios pedagógicos que han de orientar el proceso educativo de nuestros centros (Cf. Carácter propio n. 11):        

a) Una enseñanza personalizada que atienda a las necesidades y cualidades personales de cada alumno, respete su propio ritmo de maduración, lo acepte como es, y le inspire confianza y seguridad.        

b)      Enseñanza activa que estimule la participación de los alumnos en el proceso de aprendizaje, promueva su esfuerzo personal y el aprecio por el trabajo bien hecho. Son especialmente valorados el esfuerzo y la capacidad de superación del alumno        

c)      Enseñanza completa que atiende a los aspectos intelectuales, técnicos, culturales, deportivos, estéticos, sociales y espirituales.        

d)      Educación moral que suscite y desarrolle en los alumnos una disposición estable para elegir y hacer el bien que les capacita para vivir con dignidad.        

e)      Ecuación para la solidaridad y tiempo libre mediante distintas propuestas culturales, de voluntariado social, deportivas y lúdicas.        

f)      Atención a la relación con la familia, punto de referencia permanente del proceso educativo, mediante la acción tutorial.        

g)      Enseñanza religiosa sistemática y progresiva, como dimensión necesaria para comprender nuestra tradición cultural y factor de liberación y humanización en el crecimiento de la persona y en la búsqueda del sentido de la vida.        

Son éstos sólo algunos de los criterios pedagógicos que recoge en “Carácter Propio” de nuestros Centros que desearía que fueran especialmente tenidos en cuenta en el Curso recién comenzado. De la acogida de ellos se derivará una formación integral del alumnado más viva y provechosa, además de ser expresiones de una respuesta adecuada a la vocación de ser profesor de un centro católico.        

Quisiera también en este momento recordar unas palabras del Papa Benedicto XVI dirigidas a los profesores de los Colegios diocesanos de Roma, que tienen también su aplicación para nosotros: “En la obra educativa, y especialmente en la educación de la fe, que es la cumbre de la formación de la persona y su horizonte más adecuado, es central en concreto la figura del testigo: se transforma en punto de referencia precisamente porque sabe dar razón de la esperanza que sostiene su vida (Cf. 1Pe3,15), está personalmente comprometido con la verdad que propone. El testigo, por otra parte, no remite nunca a sí mismo, sino a algo, o mejor, a Alguien más grande que él, a quien ha encontrado y cuya bondad, digna de confianza, ha experimentado. Así, para todo educador y testigo, el modelo insuperable es Jesucristo” (Discurso del 6 de junio de 2005). 

4.      Queridos alumnos, queridos profesores, queridos componentes todos de la comunidad educativa de los Colegios Santo Domingo Savio y Juan XXIII. Nos disponemos a dar vida a un nuevo curso. No es un curso más. No debe ser sólo una repetición del curso pasado ni tampoco un mero anticipo del curso que viene. Cada curso tiene su carácter específico y para cada uno es único e irrepetible.

Quisiera que fuera una ocasión de gracia, de alegría y de paz para cada uno. Que os ayude a todos la providencia divina que invocamos sobre esta obra. Y que la acción de Dios vaya acompañada del esfuerzo de cada uno, un esfuerzo que se apoya y sustenta en la revitalización del “Carácter propio”, pues como bien indicado está en el núm. 3 del mismo: “el logro de las metas y valores que propone este documento exige que los padres de los alumnos, los profesores, el personal no docente y los alumnos, al incorporarse a los centros escolares lo conozcan, acepten libremente y se comprometan a ponerlo en práctica” además de la exigencia de que “nuestros centros escolares, vinculados desde su origen a la Diócesis de Ibiza, fundamentan su acción de enseñanza y educación en los principios de la doctrina católica y se adhirieren a las directrices pastorales diocesanas, dentro del respeto a la libertad de las conciencias”.

 
     

 

 

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