Noticias Enlaces
 
 
 
Untitled Document
 
   
Febrero
   
 
L
M
X
J
V
S
D
 
      1 2 3 4 5  
  6 7 8 9 10 11 12  
  13 14 15 16 17 18 19  
  20 21 22 23 24 25 26  
  27 28 29          
     
     
  Noticias  
 

Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas

El próximo viernes, 10 de febrero, Día del Ayuno Voluntario, a las 19'00 horas, el Señor Obispo presidirá la ...


Celebración de la Jornada de la Vida Consagrada

El próximo jueves, 2 de febrero, fiesta de la ...


Solemnidad de la Dedicación de la S.I. Catedral y bendición del nuevo retablo

El próximo martes, 31 de enero, se celebra el 195 aniversario de la consagración de la S.I. Catedral por el entonces Obispo de Ibiza, ...

 
     
 
 
     
 

HOMILIA EN LA FIESTA DE SAN VALERO

29/1/2009
San Francisco Javier de Formentera

1.      El veintinueve de enero de cada año, día en el que el calendario de la Iglesia recuerda al obispo y mártir San Valero, la Asociación de la Tercera Edad de Formentera, que lo tiene como patrón, celebra su fiesta anual y ofrece esta Santa Misa, dando gracias a Dios por los beneficios con los que no deja de bendecirnos y presentando a la intercesión de San Valero los proyectos e ilusiones para que esta Asociación –con la variedad de actividades que organiza- siga siendo un ambiente propicio de solaz, de descanso, de legítima diversión y de mutua ayuda.

Quiero agradecer muy sinceramente la cordial invitación que se me dirigió para participar en esta Santa Misa y acompañar a los componentes de la Asociación en algunos de los actos de este día, los que el horario de las barcas me permita. Y quiero decir que estoy realmente contente de poderles acompañar hoy y también por las diversas expresiones de afecto y cercanía que me han ofrecido desde que inicié mi ministerio episcopal en estas Islas tan queridas. A ese afecto correspondí, como algunos recordarán, haciendo llegar a los asociados un pergamino con la bendición del Papa Benedicto XVI para cada una de sus familias. Y desde luego pueden estar seguros de mi afecto y del recuerdo en mi oración, pidiendo para todos salud, bienestar y alegría sana. 

2.      En el Salmo responsorial, después de la primera lectura hemos repetido todos la antífona: “Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor” (Cf. Sal 23). Con estas palabras casi le hemos dicho a Dios una definición buena de lo que está llamada a ser esta Asociación: un grupo de gente que ha sabido trabajar con honradez y dignidad en los años pasados, que conserva vivo el noble impulso, los buenos sentimientos y los auténticos deseos y, por ello, sigue yendo a la presencia del Señor, hoy asistiendo a esta Santa Misa, para en la escucha de la Palabra de Dios y la comunión, tener la fuerza para proseguir en ese camino emprendido, el camino de la fe que ilumina e inspira todas las demás cosas que hacemos.

Hemos escuchado en el Evangelio de hoy una observación muy clara de Jesús: “¿Se trae el candil par meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? (Mc 4,21). La respuesta me parece que es clara: si una luz se pone en un lugar escondido no sirve, no ilumina. No vence la oscuridad. Las luces se ponen en un lugar alto para que lleguen a todos y todos se puedan beneficiar.

Los santos son como luces que Dios nos pone en nuestro camino, para que sepamos por dónde hemos de ir, para que iluminados por sus ejemplos sepamos conducir bien nuestra vida sin tropiezos. San Valero puede ser hoy para nosotros una luz, pues, en nuestro camino

3.      Qué sabemos de san Valero que nos pueda ser útil para nuestra vida? Pues fue uno de los más célebres Obispos de la Iglesia de España y uno de los más ilustres confesores de Cristo. Su vida se desarrolla entre los siglos III y IV. Promovido a obispo  de Zaragoza se dedicó a cumplir fielmente su oficio pastoral. Los últimos años de su episcopado no podía cumplir con el cargo de la predicación, pero encontró un magnífico ayudante en el diácono Vicente, que se trajo de Huesca, hombre elocuente, altavoz y brazo largo de su obispo.

A principios del siglo IV Diocleciano y Maximino desencadenaron una cruel persecución contra la Iglesia, principalmente contra obispos, presbíteros y diáconos. En España encontraron un fiel ejecutor de sus órdenes. Era Daciano, gobernador de la Tarraconense, hombre cruel e inhumano que, con tal de halagar y complacer a sus jefes, se dispuso a aplicar las leyes que llegaban de Roma con el máximo rigor y sadismo. Éste veía los progresos y aceptación de Valero y Vicente en Zaragoza y para dejar aquella cristiandad sin sus guías, mandó prenderlos, cargarlos de cadenas y trasladarlos a Valencia para ser allí juzgados. Esperaba Daciano que los rigores e incomodidades del viaje y de la cárcel podrían doblegarles fácilmente. No conocía Daciano el temple del obispo y su diácono. Quiso Daciano convencer a Valero por las buenas. Le pedía que cediese en su intransigencia, pues sus años requerían una vejez más tranquila y sosegada que la que había de soportar en la cárcel. Incluso llegó a pedirle que ordenase a sus fieles practicar la idolatría como iba a hacer él.        

Se indignó el venerable anciano ante tal propuesta, y por su dificultad en hablar, rogó a su fiel diácono que confesase por los dos su inquebrantable fidelidad a Jesucristo. Vicente "el Victorioso", lo hizo con gran ardor y celo, a la vez que atacó los errores de la idolatría. Ofendido Daciano por aquella osadía, le pareció mejor reservar los mayores suplicios para el joven diácono, que sería juzgado en Valencia, y desterrar a Valero. Valero residió a partir de entonces en Enate, cerca de Barbastro, donde vivió unos doce años, dedicado a la oración y penitencia. El ejemplo de sus virtudes seguía influyendo desde su retiro. Por fin, lleno de méritos y virtudes, se durmió en el Señor hacia el año 315. 

4.      Queda claro un hermoso ejemplo de San Valero: a pesar de los halagos y promesas de una feliz y serena ancianidad a cambio de renunciar a su fe en Cristo y a su apostolado, él no aceptó. Valoraba la fe en Dios manifestada también con las obras más que todo lo demás. Es un hermoso ejemplo que invita a imitarlo. En efecto, vivimos en una época de cambios profundos. El siglo XXI ha recibido una compleja herencia del pasado en la que, como en todos los periodos de la historia hay luces y sombras. Los años pasados nos ha dejado el testimonio de muchas guerras, algunas mundiales, que han sesgado a vida de muchas personas. Hoy aún siguen levantadas las armas en muchas zonas del planeta. Hemos visto persecuciones, deportaciones, lucha de ideologías, emigraciones forzadas, etc. Al lado de ello, hay también motivos para dar gracias a Dios por los progresos auténticos en todos los órdenes.           

El más peligroso de todos los procesos oscuros es el del debilitamiento de la fe de los cristianos y su falta de influencia en algunos campos de la vida humana. Por ello, hoy se habla y se promueven ataques a la vida, como son el aborto o la eutanasia, falta solidaridad, difusión del consumismo que esclaviza, etc. Y si esos males tienen un orígen claro en la falta de fe, se impone, por el bien de la humanidad una nueva expansión de la fe, una evangelización más incisiva y capilar, de modo que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, fieles a la Palabra de Dios, puedan organizar la vida de un modo más humano, lo cual es lo mismo que decir más acorde con la Ley divina establecida por el Creador.        

Y ahí en ese aspecto las personas mayores tienen mucho que hacer y decir. Me gusta recordar a este propósito cuanto escribió Juan Pablo II en la Carta a los ancianos en 1999 y que ahora casi diez años después conserva todo si vigor: “En el pasado se tenía un gran respeto por los ancianos. A este propósito, el poeta latino Ovidio escribía: “ En un tiempo, había una gran reverencia por la cabeza canosa ” Siglos antes, el poeta griego Focílides amonestaba: “ Respeta el cabello blanco: ten con el anciano sabio la misma consideración que tienes con tu padre ”. Si nos detenemos a analizar la situación actual, constatamos cómo, en algunos pueblos, la ancianidad es tenida en gran estima y aprecio; en otros, sin embargo, lo es mucho menos a causa de una mentalidad que pone en primer término la utilidad inmediata y la productividad del hombre. A causa de esta actitud, la llamada tercera o cuarta edad es frecuentemente infravalorada, y los ancianos mismos se sienten inducidos a preguntarse si su existencia es todavía útil….Es urgente recuperar una adecuada perspectiva desde la cual se ha de considerar la vida en su conjunto. Esta perspectiva es la eternidad, de la cual la vida es una preparación, significativa en cada una de sus fases. También la ancianidad tiene una misión que cumplir en el proceso de progresiva madurez del ser humano en camino hacia la eternidad. De esta madurez se beneficia el mismo grupo social del cual forma parte el anciano.

Los ancianos ayudan a ver los acontecimientos terrenos con más sabiduría, porque las vicisitudes de la vida los han hecho expertos y maduros. Ellos son depositarios de la memoria colectiva y, por eso, intérpretes privilegiados del conjunto de ideales y valores comunes que rigen y guían la convivencia social. Excluirlos es como rechazar el pasado, en el cual hunde sus raíces el presente, en nombre de una modernidad sin memoria. Los ancianos, gracias a su madura experiencia, están en condiciones de ofrecer a los jóvenes consejos y enseñanzas preciosas” (n.9.10).

Y entre esos consejos y enseñanzas brilla con luz propia la colaboración que están llamados a dar en la Evangelización: “La comunidad cristiana puede recibir mucho de la serena presencia de quienes son de edad avanzada. Pienso, sobre todo, en la evangelización: su eficacia no depende principalmente de la eficiencia operativa. ¡En cuantas familias los nietos reciben de los abuelos la primera educación en la fe! Pero la aportación beneficiosa de los ancianos puede extenderse a otros muchos campos. El Espíritu actúa como y donde quiere, sirviéndose no pocas veces de medios humanos que cuentan poco a los ojos del mundo. ¡Cuántos encuentran comprensión y consuelo en las personas ancianas, solas o enfermas, pero capaces de infundir ánimo mediante el consejo afectuoso, la oración silenciosa, el tesimonio del sufrimiento acogido con paciente abandono!” ( 13). 

5.      Son estas las reflexiones que me sugiere este año la figura de San Valero celebrada y vivida con vosotros, queridos hermanos de la Asociación de la Tercera Edad de Formentera que lo tenéis como patrón y protector. Que este santo os ayude y acompaña con serenidad en estos años y que iluminados por su ejemplo, conservéis siempre el gusto por la vida, la conciencia de su utilidad y la alegría de gastarla día tras día por el bien de los demás. Que así sea.

 
     

 

 

  © 2007 Obispado de Ibiza. C/Pedro Frances, 12- 07800 Eivissa |
Telf 971 31 27 73   Fax: 971 31 27 76   obibiza@obispadodeibiza.es
Página web creada por Neointeractiva s.l