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HOMILIA EN LA MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR EL 150º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓNDE LA CONGREGACIÓN DE LAS AGUSTINAS HERMANAS DEL AMPARO

17/10/2009
Parroquia de Santa Cruz

1.       “Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3,15). La historia nos enseña que Dios habla a los hombres, porque no es un dios mudo ni lejano, y movido por el amor, les va proveyendo de todo lo que necesitan. Dios siempre, siempre cumple su palabra. Y eso es maravilloso, y eso nos mueve a darle gracias, y eso es lo que vamos a hacer esta tarde en nuestra celebración. Damos gracias a Dios por un sacerdote, Sebastián Pili y por la obra a la que dio vida y que, por la misericordia de Dios, aún perdura dando gloria a Dios y servicio a la sociedad necesitada: La Congregación de las Hermanas Agustinas del Amparo, actualmente presente entre nosotros en Ibiza ciudad y en Sant Jordi, y más allá de nuestra Isla en la isla hermana de Mallorca, así como en Palencia, Madrid, León y Salamanca, y fuera de España en Roma, Perú, Honduras y Costa Rica. 

Con las palabras divinas citadas más arriba, recogidas por el profeta Jeremías, Dios promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo cuiden, lo congreguen y lo guíen. Somos conscientes que sin sacerdotes la Iglesia, las comunidades parroquiales de nuestros pueblos y ciudades no podrían llevar a cabo su misión fundamental en este mundo: la obediencia a los mandatos de Jesús, camino de felicidad humana y de bienestar social. Por eso, después de habernos dado tantas cosas, Jesús mismo nos dio a los sacerdotes, enviándolos a todos los pueblos, porque por todos, sin excepción, Jesús derramó su Sangre preciosa en la cruz, a todos quiere dar su Cuerpo en alimento.         

2.       A lo largo de la historia muchos son los sacerdotes que han sido ejemplo para nosotros por el testimonio de su vida y la calidad de las obras que han fundado, desde los grandes santos como el Cura de Ars, a quien estamos contemplando de un modo especial en este año sacerdotal, San Agustín, San Juan de Ávila, San Juan Bosco, San Vicente de Paúl, el P. Damián de Veustedr, el héroe de Molokai canonizado el domingo pasado, hasta los sencillos, humildes y anónimos sacerdotes que desgastaron con amor su vida en una pequeña iglesia, enseñando a sus fieles a amar más a Dios y a los hermanos. En los dos mil años de historia que ya tiene la Iglesia muchos, muchísimos son los sacerdotes cuya vida ha sido un reflejo fiel de Jesucristo. Cuando la sociedad arremete contra los sacerdotes y los obispos, y ejemplos no nos faltan incluso no lejos de nosotros, mi pensamiento se dirige siempre al testimonio, las más de las veces silencioso, valiente y decidido de tantos y tantos sacerdotes que llenan de honor a la Iglesia y de bien a la sociedad. Y pienso en mis adentros: si no hubiera habido sacerdotes ¿el mundo sería mejor? La respuesta es evidente: el mundo no sería mejor sino claramente peor.

Sin pretender anticipar el juicio definitivo de la Iglesia, pienso que entre esos sacerdotes ejemplares se encuentra el Padre Sebastián Gili Vives, quien el 6 de febrero de 1859, tras haber dedicado lo mejor de sus energías al servicio de los necesitados, fundó la Congregación de las Hermanas Agustinas del Amparo. Hoy, 150 años después, nos hemos reunido en esta Parroquia de Santa Cruz para dar gracias a Dios por los 150 años de vida de la Congregación, para darle gracias por el don que supuso para la Iglesia y para las Agustinas del Amparo el Padre Gili Vives, y para pedirle a Dios que siga bendiciendo a esta ya benemérita Congregación. 

3.       Os saludo a todos con afecto, comenzando por las Hermanas Agustinas, que trabajan en esta Diócesis de Ibiza en las Comunidades del Colegio de la Consolación y del Colegio Virgen de las Nieves de San Jordi. Saludo también a los sacerdotes concelebrantes que hoy se unen a esta celebración con alegría y agradecimiento. Saludo a todos los profesores y personal no docente que por su cercanía y amistad con las Hermanas Agustinas han querido hoy participar en esta celebración. Y saludo de modo especial a los antiguos alumnos y a los actuales, niños y jóvenes, presente y futuro de la Iglesia y de nuestra sociedad, que reciben su formación, con vocación de ser integral, en los centros de las Agustinas. 

4.       Sebastián Gili Vives nació en 1811 en Artá, Mallorca, siendo el tercer hijo de Miguel y Antonia, unos humildes labradores profundamente cristianos que transmitieron a sus hijos la fe en Jesucristo. Una vez más, se ve en su persona que una familia cristiana es necesaria para formar hombres grandes a los ojos de Dios. Si la familia no es cristiana, si la familia no es generosa, ¡cuán difícil es que los hijos lo sean! Si los padres no viven y transmiten los valores cristianos, difícil lo tiene la escuela. Pensemos que detrás de un hombre honrado, leal y generoso, han siempre unos padres honrados, leales y generosos. Detrás de padres egoístas, cerrados e insolidarios, aparecerán probablemente hijos egoístas, cerrados e insolidarios.  

En 1829 ingresa en el Seminario y el 21 de abril de 1835 es ordenado sacerdote por mi ilustre predecesor, Mons. Basilio Antonio Carrasco, en la Capilla del Palacio Episcopal de Ibiza, donde todavía conservamos una placa que guarda memoria de este acontecimiento. En un principio le son encomendados distintos cargos pastorales hasta que en 1844 es designado Superior y Director del Hospicio de Palma de Mallorca, en el que se acogía a 250 niños huérfanos. Al ver la necesidad de calor humano y de cariño que tenían aquellos niños, piensa en fundar una congregación que se encargue de paliar estas carencias. El Padre Gili Vives, admirador y gran devoto de San Agustín, se inspira en su colosal figura para darle forma a la fundación, y así, el 6 de febrero de 1859 comienza a andar esa nueva Congregación denominada Agustinas Hermanas del Amparo, formada por cuatro jóvenes novicias. El espíritu religioso de aquellas hermanas, su abnegación, sus actos de extraordinaria caridad con que atendían y cuidaban a los huérfanos, así como su fervoroso apostolado, atrajo pronto la atención de numerosas jóvenes que, sintiendo la vocación religiosa, pidieron ser admitidas en la Congregación. 

5.       Destaca en Sebastián Gili su profundo espíritu eclesial. En los primeros pasos no hace nada sin contar con su Obispo, acatando en todo las disposiciones que del  mismo recibe. Poco a poco la Congregación de las Agustinas se va agrandando y van llegando nuevos encargos: escuelas, la Casa de la Misericordia. Consolidada la fundación, solicitadas por el Vicario Capitular –no había Obispo entonces en Ibiza- y la Junta Municipal de Beneficencia de Ibiza, el 16 de septiembre de 1868 llegaron las cuatro primeras religiosas agustinas a Ibiza, para colaborar en el Hospital Provincial de esta ciudad. Sus nombres eran Sor Clara Mulet, Sor Plácida Sbert, Sor Getrudis Alemany y Sor Buenaventura Servera. La labor que realizaban las hermanas en el hospital era tan apreciada por todos que pronto llegaron nuevas hermanas. Como siempre ocurre, los comienzos fueron duros y a aquellas hermanas no les faltaron contratiempos, sufrimientos y duras pruebas, pero ellas, llenas de fervor y fe, supieron superarlas y continuar llevando alivio y consuelo a los afligidos, cooperando así a su salvación, fin primario de toda acción apostólica.

El 11 de septiembre de 1894 fallecía en la Casa Madre de Palma de Mallorca el Padre Sebastián Gili Vives. El Padre Sebastián encarnó el modelo de sacerdote pastoral, activo y emprendedor, entregado a la formación religiosa y con una gran sensibilidad social, buscando siempre a Cristo oculto en los más necesitados. En su corazón de apóstol ardía el fuego del Espíritu que le impulsó a lanzarse sin miedo a las tareas más arriesgadas. Tras la muerte del fundador, las Hermanas quedaron muy apenadas por el dolor de su ausencia, pero pronto comprendieron que debían continuar la obra por él iniciada. 

6.       Poco a poco la presencia de las agustinas entre nosotros se fue consolidando. Así, en 1911 las autoridades civiles y militares, agradecidas y muy edificadas por la generosa labor que estaban llevando a cabo las Hermanas, solicitan la creación de una nueva comunidad para ayudar al clero a instruir y educar a la juventud de Ibiza. De este modo, se creo una nueva comunidad en el número 8 de la calle General Polavieja, en Dalt Vila, donde comenzaron su labor docente. Algunos años después, en 1926, debido al gran número de alumnas y a lo reducido de aquella primera escuela, se trasladaron al Barrio de la Marina. Quedándose pequeña también esta casa consideraron la posibilidad de adquirir un solar donde construir una casa Convento y un colegio, lugar en el que se encuentran en la actualidad las Hermanas en Ibiza, en el Colegio de la Consolación. En 1930, el Señor Obispo bendijo la primera piedra y dos años después se bendijo el Colegio y la Capilla, que funcionaría como Parroquia hasta el año 1951, fecha en que fue inaugurada esta Parroquia de Santa Cruz.

Entretanto, en 1922, las hermanas habían abierto un nuevo Colegio en el Barrio de Sa Penya, para la educación cristiana de las niñas pobres de aquella barriada. En 1928 las Agustinas pasaron a colaborar también en el Seminario de Ibiza, donde se instaló una comunidad para atender a los seminaristas y superiores. Solicitadas por el Señor Obispo para que estuvieran presentes en los principales pueblos de la Diócesis, a fin de que continuasen con su inestimable servicio a la formación cristiana de la juventud, en 1942 inauguraron el Colegio y la residencia de Hermanas en la Población de San José, y un año después, en 1943, se instaló una nueva comunidad en la población de San Jorge. 

Hay, pues, en la historia de la Congregación una interrelación con la historia de Ibiza, prestando un valioso servicio en tres grandes campos: la enseñanza, preocupándose por ofrecer una formación integral; la sanidad, asistiendo a los enfermos y haciendo más llevadero su dolor; y las misiones, donde el seguimiento supone el compromiso de una entrega total al anuncio del Reino de Dios lejos de sus hogares. De igual modo que dije antes que sin los sacerdotes el mundo no sería el mismo, creo no exagerar si digo que sin las Agustinas del Amparo Ibiza no sería la misma. ¡Cuánta formación en sus aulas, que no se hubiera podido alcanzar de otro modo, cuánta catequesis, cuanta colaboración en tantas obras! Además, no han faltado jóvenes ibicencas que en los años de la presencia de las Agustinas del Amparo entre nosotros han visto en su carisma y en su espíritu motivos suficientes para su vida y han profesado entre ellas. Me gustaría enumerar ahora la larga lista de ibicencas que han profesado en la Congregación hasta nuestros días. Vaya un recuerdo especial para las que en la Congregación han partido para las misiones, la última de las cuales Sor Antonia Tur Ribas. 

7.       Queridas Hermanas Agustinas: sólo dos palabras: Gracias y adelante. Al compartir vuestra acción de gracias a Dios os felicito por este feliz aniversario. Gracias por todo lo que desde la Congregación han hecho por anunciar a Jesucristo en esta querida Diócesis de Ibiza, muchas gracias. Y gracias, como no, por su testimonio. El bien que ustedes, como religiosas han hecho, hacen y harán a la Iglesia va mucho más allá de unas determinadas obras concretas. En nuestros días, cuando ante el avance del culto al cuerpo que acaba por destruir a la persona, el testimonio valiente de su castidad consagrada es expresión de un corazón que conoce la belleza y la recompensa del amor a Dios; ante la sed de dinero de nuestro mundo, su vida sobria y disponible al servicio de los necesitados nos recuerda a todos que Dios es la única riqueza que no perece; ante el individualismo y el relativismo, que llevan a la persona a convertirse en la única norma de sí misma, su vida fraterna en comunidad, capaz de organizarse y ser vivida, por ello, en obediencia, confirma qué Dios es Señor. El mensaje que sale de la Congregación de las Agustinas Hermanas del Amparo es una invitación al seguimiento responsable, firme y decidido de Jesucristo, convirtiendo el amor en el centro neurálgico de su existencia. Así, fieles al legado del Padre Sebastián Gili Vives continuad  promoviendo la paz, defended la verdad y buscad la unidad en el amor; que los necesitados encuentren en vosotras ayudas, sembrando por todas partes un clima de serenidad y alegría. Este fue el lema que rigió la existencia de este hombre providencial, en cuyo espíritu deben ustedes descubrir un patrón de vida válido para estimular su compromiso.  

Toda la comunidad cristiana de Ibiza y Formentera se alegra hoy y os felicita por su testimonio de vida, por su entrega decidida y generosa a los demás. Y con toda la fuerza que nace de su corazón creyente os dice que sigue contando con vosotras. Que la celebración de hoy, rodeadas de afecto de este querido pueblo de Ibiza, que os ama y aprecia, os ayude a realizar esta misión a la que lleváis tantos años dedicadas. Que la Santísima Virgen de la Consolación y Correa os proteja, os guíe y os ayude.

 
     

 

 

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