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HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN RAFAEL

24/10/2009
Parroquia de San Rafael

1.      Esta parroquia de San Rafael celebra hoy la fiesta de su titular, el santo Arcángel cuya imagen preside este presbiterio con su artístico retablo y cuya protección invocan tantos cristianos en todo momento.        

San Rafael es uno de los arcángeles, junto con san Gabriel y san Miguel, cuyo nombre nos narra la Sagrada Escritura. Su nombre significa “medicina de Dios” y como nos cuenta el libro de Tobías fue enviado por Dios para curar de la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de este anciano en su largo y peligroso viaje para conseguir esposa. Por ello, este santo nuestro es invocado para alejar enfermedades y para terminar felizmente los viajes.        

Tobías, como nos cuenta en Antiguo Testamento era un hombre hecho caridad; sin embargo, tuvo que pasar varias penalidades. Y en el momento oportuno recibió la visita de Dios, por medio del Arcángel Rafael. Nos queda así claro que la respuesta a nuestra vocación cristiana, que no es otra que la del amor, ha de ser siempre generosa, teniendo presente que Dios, que es amor, no nos dejará nunca sin la ayuda necesaria, en el momento conveniente y del modo oportuno. San Rafael nos muestra esta verdad con claridad.        

San Rafael es fue invocado en Ibiza con tanta devoción. Que yo recuerde ahora, su imagen está en una capilla lateral de la Santa Iglesia Catedral, así como en la iglesia de Santo Domingo y en el altar mayor de la parroquia de San Miguel, además de esta parroquia. Ello nos hace pensar, pues, que su devoción estuvo arraigada entre nosotros y vale la pena recuperarla y sacar provecho de ella.        

Normalmente invocamos a los Santos como hombres y mujeres como nosotros, que han vivido en la tierra y aquí han cumplido a la perfección la voluntad de Dios, fuente de bien y de verdadera felicidad. En San Rafael se da una circunstancia especial: él no viene de la tierra, sino que es una criatura celestial, pero también de ese modo cumple la voluntad de Dios y su actuación es fuente de bien. Los santos, pues, sean carnales o sean celestiales, nos indican un camino que vale la pena recorrer y nos ayudan con su intercesión.

2.      La celebración de la fiesta de San Rafael, que además de una tradición puede ser un momento de gracia, me ofrece la oportunidad de reflexionar un poco sobre el papel de los santos en la Iglesia y en la vida de los hombres y los pueblos.        

Los santos han sido los modelos en los cuales la gente se fijaba para aprender a vivir; en el bautismo, a los niños se les ponía el nombre de un santo; cada grupo de trabajadores tenía un santo patrono; cada pueblo tenía, además, un santo, que en tantas ocasiones, como ocurre entre nosotros, daba nombre al mismo pueblo.        

Hoy las cosas han cambiado. Quedan las fiestas patronales, los santos protectores de los gremios y oficios… pero los modelos en los que mucha gente se fija no son los santos sino los famosos que han conseguido éxitos humanos caducos. ¡Si un asno sale cien veces en la TV sigue siendo un asno y no se convierte en caballo! Y como son caducos y falaces, baja el nivel moral de la sociedad. Y esto es peligroso, porque si los modelos en los que nos fijamos son equivocados, generarán comportamientos equivocados y desviados.

3.      Es preciso volver a fijar la atención en los santos, en aquellos modelos ejemplares que elevan al hombre y le ayudan a descubrir lo mejor que hay en él.        

Si hay familias buenas, si hay pasión por la buena educación de los hijos, lo debemos en gran parte a los santos que han amado y defendido a la familia; si en el mundo queda amor por los niños y los ancianos, si hay respeto por la vida generada en el seno materno, si hay compasión por los más débiles, por los enfermos… lo debemos a los santos, que son los verdaderos buenos educadores de la humanidad, porque son las personas que se ha  dejado educar por el único educador del hombre que es Dios.        

Giorgio La Pira, que fue alcalde de Florencia (Italia), y cuyo proceso de canonización está muy avanzado –será hermoso ver que hay políticos santos y no sólo políticos incurridos en imputaciones judiciales- exclamó un día valientemente: “A menudo oigo decir que en el mundo falta esto, que hay ha hacer aquello… ¿Sabéis dónde está la solución para arreglar el mundo? Hacen falta más santos, sí, más santos, no tengo ninguna duda”. Los santos son los que arreglarán el mundo.        

Es el mensaje que quisiera dejar en este día ante la celebración de la fiesta de San Rafael, para que su recuerdo, y el de otros tantos santos, sea estímulo para la santidad y empuje para salir de la mediocridad.

4.      La Biblia nos garantiza que los Santos son tantos, tantísimos: una multitud. Dentro de pocos días, el primero de noviembre celebraremos la fiesta de Todos los Santos. Y, si lo pensamos bien, debe ser así. Dios nos ama tanto hasta el punto de padecer por nosotros. Y el amor-dolor de Dios no puede perderse y no dar abundantes frutos de santidad. Tal vez no nos demos cuenta de la presencia de los santos, pero están ahí: esas madres llenas de amor y capaces de gestos cotidianos de heroísmo; esos hombres buenos, honestos y dispuestos a cualquier sacrificio por el bien de los demás; esos jóvenes leales, generosos e interiormente limpios; esos ancianos serenos y humildes; esos enfermos llenos de esperanza y de bondad… ¡son santos escondidos, pero santos! Un día brillará su santidad. Mientras nos baste saber que su santidad es como la sal,  que preserva el mundo de la corrupción. Y por ello demos gracias a Dios y haga encender en nosotros un gran deseo de santidad.

5.      ¿Quiénes son los santos? ¿Cuál es el camino de la santidad? Nos lo enseña el mismo Jesús cuando en Mt 5 nos responde que los santos son los pobres de espíritu, aquellos que no se han dejado seducir por el engaño de que lo que importa es tener valorando que lo importante es dar. Santos son los mansos y misericordiosos, aquellos que luchan contra el orgullo: quien vence al orgullo ama a todos y no odia a nadie. Santos son los limpios de corazón, aquellos que no tienen máscaras ni disfraces, ni dobles intenciones, sino que viven en la luminosa transparencia, siendo limpios en sus sentimientos, capaces de verdadero y auténtico amor.

 
     

 

 

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