Fiesta de Santa Inés, 21 de enero de 2016.

Hoy, un año más, celebramos la fiesta de Santa Inés, titular de esta Parroquia. Una santa que debe influir para bien en la vida de nuestra diócesis. En efecto, en el año 1785 el entonces Obispo de Ibiza que fue creando nuevas parroquias, decretó la creación de está parroquia con su correspondiente templo dedicada a Santa Inés, una santa que desde hacía muchos siglos contaba con mucha devoción en esta zona. Las obras del templo que hoy nos acogen se concluyeron en 1801, y los porxos, acabados entre los años 1825-1830.

Nosotros, en este año hemos colaborado a la belleza de este templo con la inauguración del retablo que hemos bendecido y que es una contribución más a su belleza interior, que ha de ser expresión de nuestro amor al templo como lugar que nos proporciona una mayor unión con Dios, con la Virgen, con los santos y así, ser misericordiosos con todos y caritativos con los que lo necesitan.

Los santos, como me gusta decir muchas veces, son personas que han vivido de acuerdo con las enseñanzas del Evangelio, convirtiéndose así en maestros y modelos para la humanidad y concluida su peregrinación en esta tierra, son poderosos intercesores a favor nuestro. Vamos a recordar, pues, algunas cosas de Santa Inés para que su corta vida en la tierra influya en la nuestra, en la de cada uno, y él interceda por nosotros desde el cielo.

Conocemos algunos detalles de su vida. Era de la noble familia romana Clodia. Nació cerca del año 290. Recibió muy buena educación cristiana y se consagró a Cristo con voto de virginidad. Volviendo un día del colegio, la niña se encontró con el hijo del alcalde de Roma, el cual se enamoró de ella y le prometió grandes regalos a cambio de la promesa de matrimonio. Ella respondió: “He sido solicitada por otro Amante. Yo amo a Cristo. Seré la esposa de Aquél cuya Madre es Virgen; lo amaré y seguiré siendo casta”.

El hijo recurre a su padre, el alcalde, y la denuncia por ser cristiana. En aquellos tiempos, los cristianos se encontraban bajo la persecución de Diocleciano y se les condenaba con la muerte si se negaban a sacrificar a los dioses romanos.

Fue juzgada y sentenciada a vivir en un prostíbulo, donde milagrosamente permaneció virgen. El único hombre que intentó abusar de ella quedó ciego, pero Inés lo curó a través de sus plegarias. Más tarde fue condenada a muerte, primero en una hoguera si no renegaba de su religión; pero como no temía a las llamas la condenaron a morir degollada. Cuando iba a ser decapitada, el verdugo intentó que abjurase, a lo que ella respondió: “Injuria sería para mi Esposo que yo pretendiera agradar a otro. Me entregaré sólo a Aquél que primero me eligió. ¿Qué esperas, verdugo? Perezca este cuerpo que puede ser amado por ojos que detesto”.

Fue sepultada en la Vía Nomentana, en una tumba familiar. Pocos días después de su muerte se encontró a su mejor amiga y hermana de leche, una chica de su edad llamada Emerenciana, rezando junto a la tumba; cuando Emerenciana, triste y furiosa por la muerte de su hermana, increpó a los romanos por haber matado a Inés, fue asesinada a pedradas por la turba. Santa Emerenciana, cuya fiesta es mañana, es la Patrona de Teruel.

La vida de Santa Inés -la vida de oración, de confianza en Dios, de caridad- es una enseñanza para nosotros en nuestro siglo XXI, como lo ha sido siempre. Su martirio una enseñanza de que hemos de permanecer fieles a Dios, que es el Padre de la misericordia, en lo que Él nos pida, pase lo que pase. Primero Dios y luego lo demás.

San Inés fue cristiana porque fue educada así por su familia, como toca, y como corresponde a un cristiano escuchaba la Palabra de Dios y la ponía en práctica. Y esa enseñanza debe ser algo que debemos imitar. Cada domingo, reuniéndonos para la celebración de la Santa Misa, en cada ocasión que tenemos de leer y meditar la Palabra de Dios, sea en reunión con otras personas o sencillamente solos pero interesados, podemos ir viendo cómo organizar y disponer nuestra vida.

Hoy hemos escuchado un fragmento del Evangelio de San Mateo, 13, 44-46, en el que Jesús da unos sabios y buenos consejos que siguió Santa Inés.

¿Qué quería decir Jesús con las dos parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa? Más o menos esto. El tesoro escondido, la perla preciosa, no es otra cosa sino Jesús. Es como si Jesús con esas parábolas quisiera decir: la salvación ha llegado a vosotros por iniciativa de Dios, tomad la decisión, aferradla, no la dejéis escapar. Este es tiempo de decisión.

Ambas parábolas nos muestran que merece mucho la pena hacer un gran esfuerzo por conseguir algo muy valioso, como el Evangelio, como el amor de Cristo, como el Reino de Dios. Desde la fe podemos ver que la valoración de la posesión de Dios, que es el tesoro que nos habla Jesús, no puede tener ninguna comparación.

Pero para poseer a Dios, debemos despojarnos de todo, especialmente de lo que aprisiona nuestro corazón, de lo que nos  impide la posesión de Dios. Si vaciamos el corazón de lo que no es bueno,  éste podrá ser ocupado por Dios.

¿Seremos capaces de dejar muchas cosas para conseguir un gran tesoro? Ya hemos encontrado nuestro gran tesoro que es Jesucristo. En ese sentido, es lo que hemos de buscar y hacer que no lo perdamos.  Jesús le da sentido y dirección a nuestras vidas, en Él encontramos la paz y el consuelo que andábamos buscando. Ahora nos corresponde mantener ese tesoro, esa perla que se ha convertido en el elemento central de nuestra existencia.

No es fácil cuidar un tesoro, porque nos atacan los miedos y la inseguridad si no somos responsables y diligentes. También nos corresponde compartir ese tesoro, el cual no se puede quedar escondido.

Hay personas ya han encontrado el tesoro, pero siguen buscando como si ese tesoro no fuera suficiente, o como si no estuvieran seguros de que ése es el verdadero TESORO. El mundo de hoy está lleno de grandes distracciones, de nuevas filosofías, de nuevas maneras de creer, de otros pequeños tesoros. Es hora de reconocer y valorar lo que tenemos y gritarle al mundo que tenemos el más grande de los tesoros. Jesús, nuestro tesoro, se mantiene fiel, esperándonos aunque nos alejemos.

Ante esta palabra hoy escuchada pidamos a Dios: “Señor amado, ayúdame a no seguir buscando en otros campos o en otros mares, pues tú formas parte de mi vida. En ti he encontrado lo que siempre buscaba y deseo mantenerme fiel, cuidadoso, vigilante. Dame la capacidad de compartir mi gran tesoro con los demás. Confío en ti, Señor. Así lo hizo Santa Inés, así lo debo hacer yo”.

Y hoy es también el Día de esta Parroquia. Un día para fomentar la conciencia de nuestra pertenencia a la Iglesia, concretada en la vinculación de cada uno a su propia parroquia. Cada uno hemos sido llamados a ser miembros del Pueblo de Dios, un pueblo cuyos miembros han de estar unidos en el amor recíproco y que tiene el encargo de servir y transformar hacia el bien al mundo, con la ayuda y la luz del Evangelio.

El servicio que está llamado a dar una parroquia es decisivo e insustituible. En todo el año cada parroquia nos ofrece la celebración de la Eucaristía, el anuncio de la Palabra de Dios, la práctica de los Sacramentos, el ejercicio de la caridad. En cada parroquia se dan las catequesis de los niños que se preparan para recibir la Primera Comunión, de los jóvenes que se preparan para recibir el Sacramento de la Confirmación, la formación cristiana de las parejas que piensan contraer el Sacramento del Matrimonio en los próximos meses; los catequistas y responsables de evangelización adquieren su formación para ejercer del mejor modo posible su servicio, las actividades de las Caritas en cada parroquia promueven que el amor y la ayuda que Dios quiere dar y ofrecer llegue a través de los fieles.

La parroquia, una vez iniciada nuestra fe, la mantiene y fortalece. Formando parte de una parroquia, hemos de preguntarnos: ¿qué hacemos nosotros por la vida de la parroquia? ¿En qué colaboramos y qué aportamos?

Esta fiesta, pues debe provocar en cada uno una reflexión de la pertenencia a la propia parroquia, reconocer con gratitud lo que hemos recibido de Dios y usarlo y ofrecerlo al servicio de la comunidad parroquial. Por ello es una buena ocasión de preguntarnos: ¿en qué puedo servir y ayudar?

Que la celebración, pues, hoy, un año más de la fiesta de esta Parroquia nos ayude a todos a aprender más de Santa Inés, a quererlo más y a ser miembros vivos de la Parroquia

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