HOMILIA EN EL 146 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN DE LAS HERMANITAS DE LOS ANCIANOS DESAMPARADOS Casa General de Valencia, 27 de enero de

Con esta Eucaristía solemne de esta mañana, damos gracias a Dios por el 146 aniversario de la fundación de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que la historia fija el día 27 de enero de 1873 en Barbastro, aunque poco después, el 8 de mayo de 1873 la primera comunidad se trasladó aquí a Valencia, primero en una casa cerca de la Basílica de la Virgen de los Desamparados en la Plaza de la Almoina y en noviembre de 1874 a una casa más espaciosa para poder servir a más personas, la casa de Santa Mónica, ésta en que nos encontramos ahora y desde entonces es la Casa Madre de la Congregación.

Damos gracias a Dios por su misericordia con la humanidad, una de cuyas expresiones es animar la vida y la marcha de esta Congregación que en su nombre presta ayuda y atención a personas mayores en cuatro continentes: Europa, América, África y en Asía. En Europa en España, Italia, Portugal y Alemania; en América en Méjico, Guatemala, El Salvador, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Chile, Argentina y Paraguay; en África en Mozambique, donde yo lo pedí en el año 1993 trabajando entonces allí; en Asía en Filipinas, que fue inaugurada hace ahora 9 años y donde hay dos comunidades.

Con los sacerdotes concelebrantes, en esta buena ocasión, pues, manifiesto el saludo y el afecto a las Madres del Consejo General y a todas las Hermanitas de esta Comunidad que, con generosidad, se prodigan en atender a los residentes en esta Casa Madre, así como las Hermanitas estudiantes, a las Junioras, a las Novicias y a las Postulantes. Un saludo también a todo el personal que trabaja en esta Casa, a los bienhechores y a las personas que, por su cercanía y amistad con las Hermanitas están presentes en esta celebración. Y un saludo especial a los residentes que son la razón de ser de esta casa, los destinatarios de todo lo mucho y bueno que se hace aquí, herederos de aquellos en los que pensaron los fundadores cuando hace ahora 146 años dieron los pasos necesarios para iniciar la Congregación.

Dios ha creado el mundo. Y al crear el mundo, lo ha ido destinando de lo necesario que tiene que haber en el mundo. Lo principal del mundo, la última y definitiva creación de Dios somos las personas. Y Dios viniendo al mundo a ayudarlo ha tomado la imagen de persona en Jesucristo.

Y Dios, dejándonos libertad, tiene amor y con sus palabras, con sus enseñanzas que estamos llamados a acoger, va dándonos los consejos para que el mundo esté bien y las personas seamos felices aquí en la tierra preparándonos para nuestra vida eterna en el cielo.

Dios, pues, nos tiene amor y nos pide y nos enseña a que seamos personas con amor verdadero y auténtico. En Mateo 5,48, Jesús les dice a sus discípulos que “sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto.” Eso no es tan imposible como podría parecer. Hacerse perfecto como Dios significa que estamos destinados a ser completos en nuestra llamada cristiana, reflejando el amor de Dios en el mundo. Así como Dios tiene misericordia de todos, nosotros tenemos que entregarnos completamente a la misericordia de Dios extendiendo misericordia a todos. Así en una ocasión, como nos cuenta el Evangelio de San Lucas 6,34: “Sed misericordiosos como vuestro padre es misericordioso”. Y una expresión de esto la tenemos en la Carta a los Gálatas: “Ayudaos unos a otros y así cumpliréis la Ley de Cristo” (6,2).

Dios, pues, que quiere un mundo bueno, en el que las personas que Él crea sean buenas y hagan el bien, con sus palabras nos lo va diciendo. Y cuando sus palabras son acogidas entonces se hacen esas cosas y acciones buenas que ha de haber en el mundo.

Hoy celebramos que un buen sacerdote, Saturnino López Novoa, que se formó bien en el Seminario de Sigüenza, después se trasladó a Barbastro y en 1854 fue ordenado sacerdote. Su tío Basilio fue nombrado Obispo de Huesca y él le asistió en todo hasta que su tío murió en Roma donde había asistido al Concilio Vaticano I.

Acogiendo la Palabra de Dios siendo bueno y misericordioso hizo muchas obras buenas; la fundación de la casa para estudiantes pobres, la creación de las Conferencias de San Vicente de Paúl en Huesca como lo había hecho en Barbastro…en definitiva cumpliendo lo que Dios pide. Y tratando de ayudar a todos los que tenían necesidad, en el año 1872 cuando en los primeros días de enero, acoge en su casa a una anciana enferma, la Sra. Antonia, que  vivía abandonada a su suerte y fallecerá, envuelta en los cuidados que requería su estado, el día 7 de abril de ese mismo año en la casa de Saturnino. El Señor se sirve de la Sra. Antonia para mostrarle con más nitidez sus caminos, como nos cuenta él mismo: “En una tarde de  los días próximos al fallecimiento de la Sra. Antonia, salí de paseo solo, según costumbre, y pensando en lo ocurrido con ella, principié a discurrir del siguiente modo: Vea Ud. me decía a mí mismo, si lo que se ha hecho con esta pobre mujer  pudiera hacerse con tantos otros ancianos pobres y abandonados a sí mismos, que, careciendo de todo recurso y asistencia, llegan a morir sumidos en la mayor tristeza, ¡cuán aceptable no sería por Dios, nuestro Señor, la obra de recogerlos, cuidarlos y asistirlos!. Al poco tiempo recordaba los muchos casos que, como el de la Sra. Antonia, había presenciado en Barbastro, cuando me hallaba de cura principal, y a los pocos momentos me asaltaba la idea de lo conveniente que sería la fundación de un Instituto religioso de mujeres, que tuviera por objeto recoger a ancianos pobres y desvalidos de ambos sexos, cuidarlos y asistirlos en lo espiritual y corporal. Pero esto, me decía, es una grande empresa, y yo no podría realizarla. Sin embargo, la idea concebida en aquella tarde me fue persiguiendo cada día un poco más”.

Y así decidió impulsar la creación de un instituto para acoger a personas mayores que no necesitan. Y para eso se encontró y se sirvió de otras personas que también acogían la palabra de Dios de ser buenos, misericordiosos, de ser personas que ayudan.

Y un grupo de chicas, que también acogían las palabras de Dios, se unen a este sacerdote para tratar de hacer obras buenas de amor y servicio necesario y desde la tarde del 3 de octubre, dirigidas por Don Saturnino un grupo de chicas inician el proceso de su formación. Pocos días después 11 de octubre de 1872 llegó Teresa Jornet a Barbastro, (Huesca) acompañada de su hermana María y de la amiga de ambas, Mercedes Calzada, a unirse a las primeras aspirantes. Pocos días después, Teresa fue nombrada superiora del grupo, y don Saturnino le entrega oficialmente las constituciones, que ella recibe como un designio de Dios.

Esta Teresa Jornet tenía entonces 30 años y había llevado una vida de religiosidad completa y total. En efecto, recibió el bautismo al día siguiente a su nacimiento, la confirmación a los 6 años. Estudió magisterio y sirvió a su tío, hermano de su abuela el Padre Francisco Palau y Quer, hoy beatificado y fundador de dos Congregaciones religiosas. Ingresó un tiempo en un Monasterio de Clarisas, disfrutando así de la vida de oración; tuvo que dejarlo por motivos de salud pero ese estilo de persona que ora siempre y bien le acompañó todo el resto de su vida.

Pues a disposición de lo que Dios le pida, en una ocasión acompaña a su madre a tomar las aguas termales de Estadilla (Huesca). Al regreso, se detienen en Barbastro, en donde entra casualmente en relación con el sacerdote don Pedro Llacera; éste captó enseguida los valores excepcionales de Teresa, la maestra, que había andando tanteando caminos y así se acercaba a los 30 años de edad, sin tener aún una orientación definitiva, sin haber encontrado el camino que Dios tenía pensado para ella. Don Pedro le dio a conocer los planes de una fundación en favor de los ancianos y le invita a integrarse en aquella empresa de vida religiosa y caritativa que por entonces inspiraba la actividad de un celoso sacerdote, don Saturnino López Novoa, su gran amigo desde el tiempo en que D. Saturnino fuera párroco de Barbastro.

El 27 de enero de 1873, con la vestición del hábito de hermanitas de aquel grupo de 10 jóvenes en la iglesia del seminario de Barbastro (Huesca), quedará registrado en la historia como  la fecha de fundación de la Congregación de Hermanitas de los Ancianos Desamparados. En ese día el 27 de enero de 1873, a las 8,30 de la mañana se celebraba una Santa Misa en la capilla de Seminario de Barbastro. Presidió aquella celebración el Vicario Capitular de la diócesis. En ese marco diez mujeres, tras un retiro espiritual de tres días, vestían el hábito religioso de una nueva congregación religiosa. Al día siguiente, la que de entre todas era cabeza visible, Teresa Jornet e Ibars, que cuatro días después sería nombrada primera Superiora de la comunidad,- superiora seguiría por veinticinco años- escribe así al sacerdote Saturnino López Novoa lo siguiente: “No sé cómo decirle la gran alegría que hay en nuestros corazones al vernos ya con el santo hábito…Dios nos dio una serenidad para todo que no la esperaba. ¡Gracias a Dios y a nuestro respetable P. Fundador…!”.

Queda así constancia de que unas personas, las primeras Hermanitas, guiadas por un sacerdote y una superiora de, siendo enamoradas de Dios y de los ancianos, cumpliendo para eso la palabra de Dios, habían dado todos los pasos necesarios para concretar una estructura, una Congregación, que sirviera para dar mucha gloria a Dios y hacer mucho bien a los hermanos que, cargados del peso inevitable de los años, merecen y tienen derecho a una asistencia digna.

Con la celebración que se hizo hoy, preparada por la formación que se iba recibiendo y se continuaba, se abrió un camino, una forma de estar en el mundo, la de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, y que ese camino, esa forma de vivir lleva, si se es fiel, a la santidad. La llamada universal, la invitación a todos a ser santos, como Santo es Dios, se concreta en diversas formas. Así, en los años que vivió aquí en la tierra, Santa Teresa de Jesús Jorned tuvo muchas y buenas vocaciones y pudo abrir nuevas más casas: El 10 de mayo de 1874 abrió un segundo asilo en Zaragoza, comenzando así una larga serie de fundaciones, pues en vida de la fundadora se abrieron en total ciento tres asilos. Dejando Aragón y Valencia, pronto dieron el salto a otras regiones de España y así, en 1875 abrieron una casa en Cabra (Córdoba) y al año siguiente otra en Burgos, llegando hasta103 asilos.

Cada uno ha de santificarse en la forma de vida al cual ha sido llamado, siguiendo en él al Señor Jesús, modelo de toda santidad Y una de esas formas, los hechos que celebramos hoy lo confirman, es esta Congregación.

Es maravilloso pensar, y por eso damos hoy gracias a Dios, que en esta fecha, hace 146 años, Dios se sirvió de algunos de sus hijos, en concreto de un sacerdote, Saturnino López Novoa, y de una mujer, Teresa Jornet e Ibars, para abrir un camino que llevara a la santidad. Las Hermanitas que en estos años han ido entrando y perseverando en la Congregación han de tener esto claro: han entrado en un camino de santidad, y eso, por encima de todo, es lo que han de buscar, un camino de santidad concretado en dar gloria a Dios y servir a los hermanos.

Así pues, con este acto hoy, todos los sacerdotes, las Hermanitas, los seglares aquí reunidos damos gracias a Dios por los 146 años de la fundación de esta Congregación.

Damos gracias a Dios porque la Congregación ha sido desde sus comienzos respuesta a favor de las personas mayores que han de ser ayudadas, pero la experiencia y las historias nos dicen que no están las religiosas aisladas, sino que hacen toda la ayuda que pueden a todos. Así las Hermanitas, con las enseñanzas de los fundadores, con la vida de escuchar y cumplir la palabra de Dios, tienen sus casas para ofrecer acogida, afecto, alimento, formación y también, desfrutando de la vida y obras de Jesús, pues también que en estas cosas se pueda acoger y disfrutar de Jesús.

Celebrando, pues, hoy, este aniversario, le damos a Dios gracias por todo lo que ha sido, y también gracias por todo lo que la a ser. Agradeciendo a Dios que con su palabra y su ayuda ha hecho la historia buena de la Congregación, cuyos miembros tienen la actitud y el compromiso de responder a Dios de todo lo vivido.

Para quienes forman parte de esta Congregación, celebrar este aniversario es una oportunidad muy hermosa de volver a los orígenes y apreciar todo lo que hizo posible que este carisma sea una riqueza para la vida de la Iglesia, de las personas mayores, así como para las diócesis donde están trabajando, pues con su vida y su trabajo enriquecen la tarea y la acción evangélica y caritativa de la Iglesia encomendada por Jesús.

Celebrar este aniversario, como decía San Juan Pablo II: “mirar con agradecimiento el pasado, vivir con pasión el presente, porque es el tiempo de gracia que el Señor ha dispuesto para nosotros”

Les animo para que no pierdan la alegría de saberse consagradas. Perfumen, con la fregancia suave de su carisma, todos y cada uno de los lugares donde realizan su apostolado y su misión, especialmente entre y los ancianos. Pero más aún, no duden en ir más allá de lo ya establecido, sean intrépidas misioneras con la audacia y la creatividad de quien se siente cautivada para llevar el mensaje de salvación.

Queridas Hermanitas de los Ancianos sigan siendo mujeres de Dios, que con su vida y con su testimonio apostólico, preparen el camino para que muchos reciban en su corazón la palabra y la ayuda de Dios que quiere ser luz de las naciones. En Santa Teresa de Jesús Jorned tiene un modelo que les puede inspirar los caminos de la misión. Muchas felicidades.

 

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