HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN RAFAEL ARCANGEL Parroquia de Sant Rafael de Sa Creu 24 de octubre de 2016

Un año más tenemos la suerte y la alegría de reunirnos en este templo para celebrar la Santa Misa con motivo de la fiesta de San Rafael, titular de este templo parroquial.

En 1785 se convirtió en parroquia, por el primer Obispo de nuestra diócesis, Mons. Manuel Abad y Lasierra. Este Obispo, al establecer las veinte primeras parroquias, quiso dedicar una a San Rafael, de modo que todas las enseñanzas que nos pueden venir de este Santo Arcángel nos sirvieran para los que vivimos aquí y en todas nuestras Islas. Con estos sentimientos, pues, vamos a tratar de celebrar y aprovechar los beneficios que nos pueden venir de ello.

Un año más, pues, tenemos la suerte y la alegría de esta fiesta hace que nos reunamos ahora participando en la celebración de la Santa Misa, escuchando la Palabra de Dios, y acercarnos a Jesús a través de la sagrada comunión y admirar la figura de San Rafael.

Yo estoy contento cada año cuando vengo aquí a celebrar esta fiesta. Los primeros años acogido por ese buen sacerdote que era Don Pep Negre, después con Don Juan Riera, después con los Padres José y Ricardo del Verbo Encarnado, y ahora con Don Frank, que es el segundo sacerdote que he ordenado. Y junto a los sacerdotes de la Parroquia, me alegro de encontrarme con los obreros, con los miembros del Coro, con los fieles de la Parroquia a los que saludo con afecto y estima. Y lo mismo de las dignas autoridades

Y cada año, celebrando vuestra fiesta, yo celebro una fiesta personal; efectivamente, el día 24 de octubre de 1981, hace hoy 35 años fui ordenado sacerdote. Aquel año era sábado y Mons. Ricardo María Carles Gordó, que era entonces Obispo de Tortosa y después fue Arzobispo de Barcelona y Cardenal de la Iglesia romana, y que antes había sido párroco de mi pueblo siendo yo monaguillo, me ordenó sacerdote en la parroquia donde fui bautizado, confirmado y recibí la comunión.

Es una fiesta importante para mí, porque es la confirmación de que se cumple el plan que Dios tenía para mí y que yo, con generosidad y ayuda divina acepté. Ello me hace recordaros a cada uno que cada uno en los años de la vida en la tierra recibe un encargo por parte de Dios y con generosidad por nuestra parte y ayuda divina hemos de aceptar. Unos sois llamados a ser esposos, padres de hijos, trabajadores, profesionales, autoridades, etc. y es importante descubrir lo que quiere Dios de cada uno, cumplirlo y cumplirlo bien y de la mejor manera. Y si cada uno el encargo que recibe de Dios lo cumple, su lugar en el mundo es una cooperación para que el mundo sea bueno y que en el mundo haya todo lo que es bueno y necesario.

A uno, creado como ángel, y del que nosotros recogemos el nombre de Rafael también hizo eso: Dios le pide un encargo, lo cumple y con su cumplimiento los lugares por donde pasa son lugares que van adelante y van no de cualquier manera sino como Dios lo tiene previsto. Que esta fiesta de San Rafael, pues, nos ayude también a cada uno de nosotros a ser consciente de la vocación, de la llamada que Dios hace a cada uno y la vida aquí en la tierra sea un cumplir eso.

¿Quién es San Rafael?

Cuando uno entra en este templo enseguida ve la imagen de San Rafael. Y a mí me pasa que cada tarde, cuando entro en la Catedral a rezar y confesar lo primero que veo desde la puerta es la imagen de San Rafael que regaló un canónigo que llevaba ese nombre.

Rafael, nombre que significa “Dios ha curado”, es uno de los ángeles creados por Dios y al que Dios le encargó ser un ser que asistiera, que ayudara, que acompañará. Y así, la Biblia, en el libro de Tobías nos cuenta que acompañó a Tobías en su viaje y curó a su padre de la ceguera.

Como sabemos ocupa un lugar relevante en el Libro de Tobías, pero también es uno de los arcángeles que menciona el Apocalipsis cuando dice “Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, a los cuales se les dieron siete trompetas”.

Los ángeles celestes han sido puestos por Dios junto a los pueblos como guías. Los ángeles toman una parte muy activa en la existencia histórica del mundo: llevan a cabo la acción para que el demonio no influya en nuestra vida.

Pero centrémonos en nuestro Patrono San Rafael Arcángel. Como veíamos hace un momento su nombre significa “Dios ha curado”. Pero su nombre no solo se refiere a la salud del cuerpo, sino también a la salud del alma. Su nombre, y las historias bíblicas donde es mencionado, han dado a San Rafael arcángel el papel de sanador. Representa el aspecto de Dios que ayuda al ser humano a mantener el balance de las emociones y la salud del cuerpo. San Rafael casi siempre es representado como un peregrino en una referencia a la historia bíblica de Tobías, que también apoya la idea de San Rafael arcángel como sanador.

El bastón o cayado que lleva representa la voluntad y el apoyo espiritual necesarios para recorrer el camino de la vida. También representa autoridad espiritual que desvía y transforma las influencias negativas.

Se le representa también con un pez o dos, otra referencia a la historia bíblica de Tobías. El pez simboliza la vida y regeneración espiritual.

San Rafael es el patrón de los enfermos y los hospitales por ser el ángel que trae a los seres humanos la energía sanadora de Dios. Hace al ser humano recordar que el cuerpo es un importante instrumento para el espíritu, y por eso debe cuidarse con gran amor y atención.

Los datos, pues, que tenemos de en la Biblia de San Rafael nos lo presentan como un ser que ayuda y sirve a los demás. Todo un buen ejemplo para nosotros. Y este año estamos celebrando la fiesta de San Rafael dentro del Año Jubilar de la Misericordia. Dios es misericordioso y el Papa Francisco nos ha invitado a que a lo largo de este año veamos la misericordia de Dios. Y en consecuencia, seamos también nosotros misericordiosos.

El Papa nos ha invitado a ser una iglesia misericordiosa y acogedora. Esto implica que debemos mirar a los otros, sin importar su condición, con los mismos ojos con los cuales miraba Jesús. A acoger a los otros con la misma actitud con la cual acogió por ejemplo a la mujer cananea, a acercarnos con la misma abertura con la cual se acercó a Zaqueo.

El Santo Padre además al manifestar sus sueños nos ha ido proponiendo fuertes actividades para ayudar a los demás. Y esta es una tarea no solo del obispo, los sacerdotes y las religiosas. Es una tarea de todos. Todos somos discípulos y misioneros. Todos tenemos la responsabilidad que el mensaje del evangelio de Jesús llegue al corazón del que está a nuestro lado, todos tenemos la responsabilidad de, como buenos samaritanos, sanar la heridas abierta en las personas que están en nuestro entorno.

Ante la clausura del Año Jubilar de la Misericordia nos tenemos que preguntar: ¿cómo lo hemos vivido? ¿ha influido en nuestra vida, en nuestras opciones, en nuestras actividades? ¿se nos va a notar que hemos tenido la suerte de vivir un año descubriendo la misericordia divina?

Dios es misericordioso y así cada uno de nosotros podemos descubrir las acciones de misericordia que Dios ha tenido, tiene y seguirá teniendo con nosotros. Esa consciencia de la misericordia divina nos descubre cómo Dios quiere y nos propone que caminemos todos hacia Él. Si eso lo hacemos llevamos a cabo un camino hacia la santidad, favoreciendo nuestra pertenencia a la Iglesia y, conscientes de la misericordia de Dios  ser también nosotros misericordiosos con los demás.

Si a lo largo de estos meses precedentes hemos tenido la suerte de descubrir más y mejor la misericordia de Dios, si somos conscientes de que, como dice la Biblia en Génesis 1,27, hemos sido creados a su imagen y semejanza, hemos de ser, como lo es Dios, misericordiosos. Ya nos lo recuerda Jesús en Lc 6,36: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. Me habréis oído decir muchas veces algo que estoy profundamente convencido: si el Año Jubilar de la Misericordia es vivido como corresponde y marca nuestra vida y nuestras opciones, Ibiza y Formentera serán mejor aún de lo que son, porque en estas bellas Islas reinará el amor y la ayuda mutua entre todos.

Aprovechemos, pues, la enseñanza de este Año de la Misericordia y que se cumpla entre nosotros lo que auspicia el Papa Francisco: “¡Cómo me gustaría que los próximos años estén inmersos en la misericordia, para ir al encuentro con cada persona portando la bondad y la ternura de Dios! Que a todos, creyentes y los alejados, pueda alcanzar el bálsamo de la misericordia como un signo del Reino de Dios, ya presente entre nosotros”.

Que Dios, María Santísima y San Rafael Arcángel nos acompañen en este caminar.

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