ESCRITO DEL OBISPO DE IBIZA CON MOTIVO DEL DÍA DEL AYUNO VOLUNTARIO DE MANOS UNIDAS

ESCRITO DEL OBISPO DE IBIZA CON MOTIVO DEL DÍA DEL AYUNO VOLUNTARIO DE MANOS UNIDAS

Queridos hermanos y hermanas:

Con motivo del Día del Ayuno Voluntario y del inicio de una nueva Campaña de Manos Unidas, deseo dirigirme a todos vosotros para invitaros a una reflexión profunda, personal y comunitaria. Este año, bajo el lema «Declara la guerra al hambre», se nos lanza una llamada clara y exigente que interpela nuestra conciencia cristiana: no podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas que carecen de lo necesario para vivir con dignidad.

Vivimos en un mundo marcado por grandes contradicciones. Nunca antes la humanidad había alcanzado tantos avances en los ámbitos científico, tecnológico, económico y social. Sin embargo, millones de personas continúan padeciendo hambre, pobreza extrema y exclusión. Esta realidad no puede dejarnos indiferentes. El hambre no es solo consecuencia de la falta de recursos, sino, en muchos casos, del egoísmo, de la injusticia y de la ausencia de una verdadera voluntad de compartir.

En este contexto, el ayuno voluntario adquiere un profundo significado. No se trata únicamente de una práctica personal o de una renuncia puntual, sino de un gesto solidario y profético. Ayunar es aprender a vivir con sobriedad, es abrir los ojos a la realidad de quienes no pueden elegir, es educar el corazón para reconocer que nuestros bienes están llamados a ser compartidos. Combatir el hambre comienza con el deseo sincero de hacerlo, y ese deseo debe traducirse en gestos concretos.

El lema de esta campaña nos remite también a uno de los grandes retos de nuestro tiempo: la paz. Hoy contemplamos con dolor cómo las guerras y los conflictos armados siguen asolando a numerosos pueblos, provocando muerte, destrucción, desplazamientos forzosos y un aumento dramático del hambre. Las guerras no solo se libran con armas; también se libran cuando se niegan derechos, se destruyen oportunidades y se condena a pueblos enteros a la pobreza.

Ante esta realidad, cobra especial fuerza una convicción que la Iglesia ha proclamado con claridad: el desarrollo es el nuevo nombre de la paz. No puede haber paz verdadera mientras persistan el hambre, la desigualdad y la falta de oportunidades. Promover el desarrollo integral de las personas y de los pueblos es construir caminos de paz duradera. Apostar por la educación, la salud, el acceso al agua, el trabajo digno y la justicia social es declarar la guerra a las causas profundas de los conflictos.

Manos Unidas es un signo concreto de esta esperanza. A través de su compromiso constante y de sus proyectos en los países más empobrecidos, demuestra que un mundo más justo es posible cuando hay personas dispuestas a implicarse y a compartir. Su labor nos recuerda que la solidaridad no es un gesto ocasional, sino un camino de vida.

Por todo ello, os invito a vivir este Día del Ayuno Voluntario con un corazón abierto a la conversión. Animo también a todas las comunidades cristianas a ser generosas en las colectas de este fin de semana, destinadas a sostener los proyectos de Manos Unidas, conscientes de que nuestra aportación puede transformarse en alimento, educación, salud y esperanza para muchos hermanos y hermanas.

Del mismo modo, os exhorto a participar activamente en las actividades que, a lo largo de este curso, organiza la Delegación de Manos Unidas de Ibiza. Son oportunidades valiosas de formación, sensibilización y compromiso que nos ayudan a comprender mejor la realidad del hambre en el mundo y a responder con coherencia evangélica.

Que nuestro ayuno se convierta en solidaridad; nuestra oración, en compromiso; y nuestra fe, en obras concretas de amor. Que María, Madre de los pobres y Reina de la paz, interceda por nosotros y nos ayude a ser instrumentos de justicia, fraternidad y esperanza en nuestro mundo.

Con mi bendición y afecto,

El Obispo de Ibiza