«SE TRATA DE CRECER, DE SER Y DE AMAR»

«SE TRATA DE CRECER, DE SER Y DE AMAR»

A continuación, el artículo escrito por el obispo de Ibiza, Mons. Vicent Ribas Prats, para este mes de marzo:

La Cuaresma es una experiencia de conversión para todo el pueblo cristiano que, a ejemplo de Jesús, reflexiona sobre su propia realidad a través de la escucha atenta de la palabra de Dios y de las obras que acompañan el camino cuaresmal: la oración, el ayuno y la limosna. Así podremos comprobar y manifestar que crecemos como cristianos, que somos mejores personas y que amamos acogiendo el mandato nuevo de Jesús, el Señor.

Se trata de crecer: en la fe, en el conocimiento de Jesús, en el desarrollo de nuestras capacidades y talentos.

Se trata de ser: en la línea de la autenticidad cristiana y humana. Ser más humanos quiere decir más libres, más responsables, más justos y solidarios. Ser más cristianos quiere decir ser más conscientes y consecuentes de lo que confesamos y creemos, estar más compenetrados con los criterios y actitudes de Jesús, identificarnos más con él.

Se trata de amar: porque éste es el verdadero camino para el crecimiento y la vivencia cristiana. Somos y crecemos en la medida que amamos. Y amar significa compartir, servir, entregarse. Es un camino que nunca acabamos de recorrer.

«Conviértete y cree en el Evangelio», es la invitación que hace Jesús a través de la Iglesia en este tiempo de cuaresma.

La conversión personal y comunitaria se muestra, a la luz de los acontecimientos históricos que estamos viviendo, más necesaria que nunca.

Convertirse implica el reconocimiento de la existencia del mal y saber que cuando ese mal es realizado por una persona o por un grupo de personas recibe el nombre de pecado. Por tanto, negar la condición pecadora del ser humano y, por extensión, del pecado mismo, lleva a la negación del mal y con él, su origen y su fuerza misteriosa.

Negar el mal y negar así mismo nuestra participación consciente, libre y voluntaria en el mal mismo (esto es el pecado), sólo conducen a un único camino: a la banalización del mal.

Banalizar el mal conlleva inexorablemente a aceptar el mal como algo irremediable.

No es arriesgado afirmar que los hombres y mujeres somos víctimas de nuestro desprecio por los valores tradicionales, los morales y los religiosos, que han dado y dan sentido a la vida. Todos somos conscientes de las consecuencias que padece nuestra sociedad como resultado de este olvido intencionado de ciertos valores fundamentales. El abandono de los fundamentos éticos ha supuesto un retroceso a modelos culturales y sociales de tiempos pasados en los que, consciente o inconscientemente, se despreciaba la dignidad del ser humano. Y este desprecio comienza con el individualismo y la indiferencia y se hace lacerante en la durabilidad que tienen muchos de los acontecimientos deshumanizantes, algunos dramáticos y otros trágicos.

Preguntémonos cuánto permanece en nosotros lo bueno y lo malo que sucede en nuestro tiempo.

Por eso, muchas personas, por la escasa o nula durabilidad del sentimiento de culpa, del dolor de los pecados y del propósito de enmienda, terminan diciendo que no tienen pecados. Y cuando uno no tiene pecados ¿de qué se tiene que convertir?, y cuando no hay nada de que convertirse ¿para qué la cuaresma?

Pobre mundo, pobre sociedad, pobre Iglesia y pobres de nosotros si la soberbia, el orgullo y la insensatez nos han dejado ciegos para ver el mal y para ver nuestros pecados. Así nada es de extrañar. Aunque por cinco minutos nos sintamos afectados, luego nos quedan todavía veintitrés horas y cincuenta y cinco minutos para seguir “disfrutando” de nuestra pobre vida.

No es cristiano quien cierra los ojos ante el mal y el pecado. Nuestra fe y nuestro compromiso no permite que permanezcamos impasibles ante situaciones sociales o internacionales injustas que se oponen al amor, a la verdad y al bien.

Jesucristo con la llamada a la conversión no nos hace débiles, no nos convierte en gente miedosa y víctimas de la prepotencia de los otros, sino que más bien nos hace fuertes y capaces de luchar por la justicia y de resolver muchas cuestiones con la generosidad, más aún, con la fortaleza y el genio del amor.

Vicent Ribas Prats
Obispo de Ibiza y Formentera

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