El viernes 28 de agosto se celebra la solemnidad del obispo y doctor de la Iglesia San Agustín de Hipona, que en Ibiza es también la fiesta patronal del pueblo y la parroquia de Sant Agustí. Con este motivo, a las siete de la tarde se oficiará una misa solemne, seguida de procesión, presididas por el obispo de Ibiza, Mons Vicent Ribas.
La fecha del 28 de agosto conmemora el día de la muerte, en el año 430, de San Agustín, uno de los principales pensadores del cristianismo y patrón también de los teólogos.
La parroquia de Sant Agustí fue creada, al igual que muchas otras de la isla, con la división parroquial decretada en 1785 por el primer obispo de la diócesis, Manuel Abad y Lasierra, que le asignó un territorio situado entre las parroquias de Sant Antoni y Sant Josep. Sin embargo, la construcción de la iglesia parroquial se retrasó notablemente por las diferencias entre los propios feligreses y entre algunos de estos y los obispos de la época sobre cuál era la ubicación más adecuada para el templo; de hecho, las obras no se dieron por acabadas hasta 1819 y se hizo prescindiendo del porche que figuraba en el proyecto diseñado en 1791 por el ingeniero, Pedro Groillez de Servier.
Una gran parte de los pobladores de la zona del Vedrà dels Ribes, casi todos los de la vénda de Decà Torrent y algunos de la de Dellà Torrent, se oponían a que la iglesia se edificara donde comenzó a construirse, junto a Can Pere Rafal (donde ya se oficiaban misas y había un cementerio provisional), porque sostenían que debía estar en el centro del territorio parroquial. Sin embargo, el obispo Abad y Lasierra, se negó a modificar su emplazamiento y conminó a los feligreses de la parroquia de San Josep, que ya habían acabado su nueva iglesia con la ayuda de los vecinos del Vedrà dels Ribes, a colaborar en las obras de la iglesia de Sant Agustí, pero se negaron a atender el llamamiento del prelado, hasta el punto de que algunos feligreses de Sant Josep fueron encarcelados por ello. El segundo obispo de la diócesis, Eustaquio de Azara, tampoco quiso negociar con los vecinos disconformes y mantuvo el emplazamiento elegido por Abad y Lasierra. Hasta que llegó el tercer obispo, Clemente Llozer, que fue más receptivo a las razones de los discrepantes, comprobó sus argumentos y acabó decidiendo el lugar definitivo en el que se levantó el templo. Quedaba, no obstante, un fleco por resolver: las familias de Can Berri y Can Curt rivalizaban para ceder el solar, y la solución salomónica fue que cada una aportara la mitad del terreno y que la puerta principal de la Iglesia estuviera mirando hacia sus respectivas casas, de ahí que esté orientada hacia el Norte, algo muy poco habitual.
El canónigo e historiador Joan Marí Cardona subraya que el retraso en la construcción del templo de Sant Agustí a causa de las discrepancias, la falta de recursos y de mano de obra, permitieron que esta sencilla iglesia rural llegara hasta nuestros días como “una muestra del espíritu de pobreza de los parroquianos que la construyeron y de la mayoría de los isleños”.
