Una misa solemne en la S. I. Catedral, a la que han asistido las autoridades insulares, representantes de las parroquias pitiusas y numerosos fieles, junto con la ofrenda floral a la Virgen, han puesto fin este miércoles a las celebraciones religiosas en honor de Santa María de las Nieves, patrona de las islas de Ibiza y Formentera.
En su homilía, Mons. Vicent Ribas ha conectado la devoción a la Virgen María y el Evangelio con la historia de nuestras islas y con la realidad actual. Ha recordado que durante muchos siglos “hombres y mujeres de nuestras islas se han reconocido como hijos e hijas de María, trayendo aquí [a la S. I. Catedral] sus alegrías y preocupaciones, sus trabajos, sus enfermedades, sus lutos y también sus esperanzas; generaciones enteras han aprendido aquí que la fe nunca se vive en soledad, que la fe es un compromiso, que la fe no nos encierra en el templo, sino que siempre nos remite a la realidad, y que es allí donde hay que dar testimonio de nuestra fe”
El obispo de Ibiza y Formentera se ha preguntado a continuación “cuál es el compromiso” al que obliga nuestra fe, y ha señalado a “las personas que viven en soledad, las que no tienen una vivienda digna, las que se sienten explotadas, las que han dejado de creer en la justicia, las que contemplan los estragos de la corrupción, las que no creen en la Iglesia, las que se sienten escandalizadas por la incoherencia de políticos, empresarios, sacerdotes o periodistas; las que ven con preocupación como la violencia y la mentira ganan terreno en nuestra sociedad, las personas que han perdido la fe…” Una relación de realidades perturbadoras “que nunca se acaba”, pero ante las cuales “la solución no es cerrar los ojos ni hacer oídos sordos, no es la indiferencia ni encerrarnos en nuestra casa, donde tal vez todo nos vaya bien”. En su homilía de la Virgen de las Nieves, el obispo ha invitado a mirar a nuestro entorno, donde siempre hay “alguien a quien dedicar tiempo, atención, afecto o cuidados; alguien a quien ayudar o socorrer; alguien que necesita nuestro apoyo o que estemos a su lado en sus justas reivindicaciones”. De este modo, “la palabra de Jesús deja de ser una idea para convertirse en una manera concreta de vivir”.

“La primera persona que Cristo nos confía -ha subrayado- no está lejos: puede que sea alguien de nuestra familia con la que hace tiempo que no hablamos, unos padres que envejecen y necesitan más compañía que consejos, o un hijo que reclama ser escuchado antes que tener respuestas, o una persona que atraviesa una situación difícil y a la que vamos posponiendo una llamada porque siempre encontramos algo más urgente que hacer”.
En este sentido, Mons. Ribas Prats ha recalcado que el Evangelio “es un mosaico de rostros concretos que se refleja en nuestra realidad cotidiana”. Y ha añadido: “Una sociedad se construye según el lugar que ocupan en ella las personas: cuando hablamos de la vivienda, del trabajo, de las dificultades que encuentran tantos jóvenes para desarrollar su proyecto de vida, de familias desestructuradas y con problemas económicos, estamos hablando de personas. Y cuando el debate público se convierte exclusivamente en datos sin rostro, entonces no estamos pensando de manera real, sino ficticia; no pensamos de una manera humana ni cristiana, sino indiferente, porque ya no tenemos ante nosotros personas, sino estadísticas”.
El obispo es consciente de que “la Iglesia no propone soluciones técnicas a todos los desafíos”, pero subraya que “ninguna persona puede ser reducida a un número, una etiqueta o un interés particular”, porque cada hombre y cada mujer tienen una dignidad que nace de haber sido creados y amados por Dios”.

La homilía ha concluido con unas referencias del prelado a algunos “signos que invitan a la esperanza” en Ibiza y Formentera: “Vemos jóvenes que vuelven a hacerse preguntas sobre la fe, personas que buscan el silencio en medio de una vida acelerada, hombres y mujeres que vuelven a las celebraciones religiosas, a las procesiones y a nuestras parroquias”. Y también con una invitación a construir la comunidad diocesana desde la unidad: “Parroquias, comunidades, vida consagrada, movimientos, cofradías y tantas sensibilidades distintas enriquecen nuestra Iglesia diocesana. Ninguna de ellas está llamada a caminar por separado. La comunión no suprime la diversidad, sino que la hace fecunda cuando todos ponemos nuestros dones al servicio de la única misión que Cristo ha confiado a su Iglesia”.
Esta misma llamada a la unidad en la diversidad, ha dicho el obispo, «sirve no sólo para la Iglesia, sino también para la sociedad civil y todas sus instituciones”.
Los oficios religiosos en honor de Santa María han comenzado en la S. I. Catedral a las 7:30 de la mañana, con la misa de la Aurora; más tarde, a las 10:30 se ha celebrado otra misa solemne, tras la cual se ha realizado una presentación de niños a la Virgen.




Varios momentos de la presentación de niños a la Virgen de las Nieves

Un momento de la Misa de la Aurora celebrada este miércoles
La celebración estos días de agosto de las ‘Festes de la Terra’ para conmemorar la conquista de Ibiza y la devoción a la Virgen de las Nieves es una tradición que perdura desde hace casi ocho siglos. En septiembre de 1235, apenas un mes después de la conquista de Ibiza del 8 de agosto de 1235, que incorporó las Pitiusas a la corona de Aragón, los lugartenientes de los señores feudales Guillem de Montgrí, arzobispo de Tarragona; Pere de Portugal, conde de Urgell, y Nunó Sanç, conde del Rosselló, a quienes el rey Jaume I había encomendado la conquista, cumplieron el primero de los compromisos que habían adquirido previamente e instituyeron la parroquia de Santa María, adscrita a la diócesis de Tarragona y cuyo ámbito territorial abarcaba todas las islas de Ibiza y Formentera.
Según explica el canónigo e historiador Joan Marí Cardona, por las primeras referencias documentales a “la Mare de Déu d’Agost”, parece que inicialmente la fiesta patronal de la nueva parroquia se celebraba el 15 de agosto; sin embargo, paulatinamente se fue extendiendo la costumbre de celebrar la fiesta el 5 de agosto, por ser la advocación mariana más próxima a la fecha de la conquista. Este día era el de la dedicación de la basílica romana de Santa María la Mayor, a la que se conoce también como Santa María y la Virgen de las Nieves, porque su construcción está ligada al hecho milagroso de que nevara en Roma en un caluroso día del mes de agosto.
Con los años, la denominación de Santa Maria de Ibiza fue cambiando a Santa María la Mayor, que ya se menciona en documentos de 1720, aunque más recientemente se impuso el nombre de Santa María de las Nieves.

El primer templo de la parroquia de Santa María pudo ser una mezquita habilitada como iglesia, como intuyen los clérigos e historiadores Isidor Macabich y Joan Marí Cardona, aunque no existe ninguna evidencia de que fuera así ni lo han confirmado tampoco las excavaciones arqueológicas. En todo caso, hasta los primeros años del siglo XIV no comenzó a construirse la nueva iglesia parroquial. El edificio inicial, de estilo gótico, coincidía con el ábside actual de la catedral. En el siglo XV, ya contaba con cinco capillas y se construyeron la nave y la ‘capella fonda’.
Pero en el siglo XVI, seguramente a raíz de los movimientos de tierras para construir las nuevas murallas de Ibiza, los muros de carga y la bóveda del templo se agrietaron y comenzó un deterioro paulatino de la edificación, hasta tal punto que a finales del siglo XVII, el estado de la nave principal del templo era deplorable y su situación arquitectónica tan comprometida que requería una importante reparación que, al final, acabó siendo una reconstrucción total, que cambió también sus formas exteriores. La obra fue ejecutada a lo largo del siglo XVIII bajo la dirección del conocido maestro de obras Pere Ferro; comenzó en 1712 y debía durar dos años y medio, pero en realidad se prolongó mucho más y no se acabó hasta 1728.
La iglesia parroquial de Santa María se convirtió en catedral en 1782, cuando el Papa Pío VI creó la diócesis de Ibiza, dependiente del arzobispado de Tarragona. Su aspecto de entonces era prácticamente el mismo que ha llegado hasta nuestros días.
