LA PARROQUIA Y EL PUEBLO DE SANT MIQUEL CELEBRAN SU FIESTA PATRONAL EL MARTES 29

LA PARROQUIA Y EL PUEBLO DE SANT MIQUEL CELEBRAN SU FIESTA PATRONAL EL MARTES 29

El martes 29 de septiembre se celebra la solemnidad de San Miguel Arcángel, patrón de la parroquia y el pueblo de Sant Miquel de Balansat. Con este motivo, a las 18 horas se oficiará una misa solemne, seguida de procesión, que presidirá el obispo de Ibiza, Mons. Vicent Ribas, que hace años, entre 2000 y 2008, fue administrador parroquial primero y párroco después de Sant Miquel.

La iglesia parroquial de Sant Miquel, construida en el siglo XVI, se levanta probablemente en el mismo lugar en que se hallaba la primitiva capilla de la vicaría del quartó de Balansat, dedicada al arcángel. Allí, en la cima del mismo monte, ya se celebraba desde muy antiguo la fiesta de san Miguel.

En teoría, todas las alquerías del gran quartó de Balansat dependían de esa vicaría, aunque en la práctica los pobladores de la isla fueron paulatinamente adscribiéndose a la vicaría que tuvieran más próxima o incluso a la iglesia parroquial de Santa María, en la ciudad de Ibiza, la única que tuvo la isla hasta el siglo XVIII. Así, por ejemplo, la alquería de Benirràs pertenecía territorialmente al quartó de Santa Eulària, pero pasó a depender de la vicaría de Sant Miquel; o la alquería de Corona, que pertenecía a Balansat, pasó a depender de la vicaría de Sant Antoni.

Más tarde, cuando se creó la diócesis de Ibiza (1782) y se hizo la primera división parroquial (1785), se impuso el criterio de que las nuevas iglesias parroquiales estuvieran situadas en el centro del territorio que tenían asignado, lo cual originó también cambios en las adscripciones de algunas zonas a una u otra parroquia.

Ya desde mucho antes, afirma el canónigo e historiador Joan Marí Cardona, los habitantes de las alquerías de Benirràs y Albarqueta, se habían vinculado estrechamente a la vicaría de Sant Miquel cuando, a finales del siglo XVII, se añadió al templo lo que hoy es la ‘capella pintada’ o de Benirràs, y más tarde la ‘capella de Rubió’, ya que en ambas obras se implicaron y participaron como si hubieran pertenecido a Balansat. Según Marí Cardona, los habitantes de las tres véndes de Sant Miquel -es Port, Rubió y Benirràs- habían crecido mucho y ya formaban una verdadera comunidad eclesial mucho antes incluso de que se creara la propia parroquia.